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Enseñanza y neoliberalismo
El neoliberalismo debe pensarse tanto
como un discurso como una práctica social. Las
consecuencias de la hegemonía del neoliberalismo en nuestra
cultura, y en particular en el sistema político y en la
gerencia del Estado, comienzan a volverse tangibles en un
sistema educativo cuya crisis es una con la del sistema
social en su conjunto.*
EL MERCADO DE LA
ENSEÑANZA
oncebida la enseñanza como un mercado,
los recursos se reubican en torno a los sectores de mayor
rentabilidad del capital invertido. Esto marca una tendencia
que empezamos a conocer los uruguayos, pero que los
argentinos conocen desde la era Menem: la conformación de
un abismo entre los colegios de alto nivel y las escuelas
públicas. Ese abismo se alimenta de una decreciente
remuneración de los docentes del sector público, y de una
limitación de los recursos disponibles para el
funcionamiento escolar. En todo caso, el Estado está
dispuesto a desembolsar más dinero en las escuelas de
tiempo completo, pero con una finalidad de control o
contención social, es decir, para evitar que la
fragmentación de la comunidad ponga en riesgo al statu quo.
La fragmentación del "mercado educativo" se
aprecia en el esfuerzo de los padres de clase media para
desembolsar el dinero que sea necesario con tal de dar a sus
hijos la posibilidad de acceder a un nivel educativo que les
permita integrarse favorablemente en el circuito profesional
en un futuro próximo.
Por otro lado, conviene
reflexionar acerca de los resultados disímiles que se puede
estimar comenzarán a arrojar las reformas educativas en
curso desde los años ‘90. No es descabellado pensar que
la tendencia sea negativa para los sectores socioeconómicos
más necesitados, desde el momento en que toda la evidencia
apunta a que los nuevos planes reales llevan en sí un
descenso del nivel de contenidos.
Algunos investigadores
europeos (tenga el lector presente que en Europa comienzan a
aplicarse reformas educativas similares a las
"nuestras" ya en los años ’70), sostienen que
la aplicación de los nuevos modelos didácticos, inspirados
en el viejo escolanovismo (piénsese en sus características
sobresalientes: paidocentrismo, psicologismo, actividad),
implica un resultado diferencial según se realice con
niños que tengan un capital cultural correspondiente a las
familias con alto o bajo nivel educativo. Así, Julia Varela
y Fernando Álvarez (1992:35) afirman que unas propuestas
basadas en la casi exclusiva actividad del niño, y en las
cuales el rol docente aparece seriamente limitado (enunciar
la palabra "instrucción", no obstante estar
centralmente presente en la obra de Vigotsky, se ha vuelto
una acción profesionalmente suicida para los docentes), son
aptas sobre todo para niños que poseen un capital cultural
alto, y que, siguiendo la categorización de Bernstein
(1996:49), provienen de familias que manejan códigos
sociolingüísticos elaborados y poseen una estructura de
roles flexible. Sin embargo, las mismas propuestas, si no
son matizadas con una acentuación del peso de los
contenidos conceptuales (porque, como diría Saviani, la
vara está curvada hacia el otro lado…), tienen un
resultado negativo en aquellos niños que provienen de
familias que manejan códigos sociolingüísticos
restringidos y estructuras de roles rígidas. No se hace
otra cosa que aumentar la brecha cultural entre las clases
sociales, en la medida que se trata en forma igual a
situaciones diferentes. Los autores recién mencionados,
afirman que la expansión de tales modalidades de enseñanza
obedece al ascenso de un sector de la burguesía que no se
caracteriza por la propiedad de los medios de producción
(por ello yo preferiría denominarlos
"paraburguesía") sino por la maestría en el
manejo de los medios simbólicos más avanzados. Este sector
emergente se vuelve clave en una época en que los medios de
comunicación y transferencia de información son el eje de
la acumulación de capital, y por lo tanto el sector de
actividad más pujante.
LA NUEVA DIVISIÓN
DEL TRABAJO EN LA ENSEÑANZA
Algunos términos y conceptos
del discurso hegemónico en la enseñanza uruguaya, nos dan
las pistas para entender hacia dónde apunta realmente la
reestructuración del rol docente, la formación de los
nuevos docentes y consiguientemente la educación de niños
y adolescentes a partir de las reformas iniciadas por G.
Rama. Nos referimos entre otros a los conceptos de
"calidad", "eficiencia" y
"proyectos de centro". Los tres comparten un mismo
origen: proceden de los discursos contemporáneos sobre
desarrollo empresarial, y emergen precisamente en los años
’90, cuando nuestra enseñanza comienza a dar un giro
hacia la adaptación a la nueva realidad económica y, lo
que es más importante, su sustrato valorativo
posmodernista. Los primeros dos, resignifican la
institución educativa en tanto empresa, que trabaja en el
contexto de un mercado social y que, a partir de la
capacitación de sus trabajadores (los maestros) y la
acción de estos sobre la materia prima (los niños) debe
generar un producto (las competencias). El tercero de ellos,
evoca los "círculos de calidad" de la empresa
toyotista. Como lo describe Jurjo Torres (1996:25), la
organización escolar ha sufrido modificaciones, a lo largo
de su historia, que la reconfiguran de acuerdo a las
tendencias que asume el sistema productivo. Así, en el
siglo XX, la organización escolar asumirá inicialmente un
currículum con disciplinas fuertemente diferenciadas, y el
estudiante avanzará progresivamente en el sentido de la
especialización de su aprendizaje, de la misma manera que
el trabajador de una industria fordista o taylorista se
especializa precisa y únicamente en un aspecto del proceso
productivo; a partir de la segunda mitad del siglo XX, la
"revolución" toyotista abrirá el camino para una
reestructuración de la organización empresarial,
flexibilizándose la capacitación del trabajador de manera
que pueda ocuparse alternativamente de diferentes tareas, y,
he aquí la más interesante innovación, adscribiéndole
una mayor cuota de responsabilidad por el producto obtenido,
a partir de su participación en los "círculos de
calidad". La analogía entre los círculos de calidad y
los proyectos de centro es evidente, y nos muestra cómo la
escuela responde a la nueva organización laboral, o dicho
en forma más estricta, cómo las clases dominantes y los
intelectuales que para ellas trabajan reorganizan el sistema
educativo para obtener el "capital humano" que
necesitan para producir dentro de las relaciones de clase
actuales. Mientras que los trabajadores de las empresas más
pujantes de la era contemporánea son obligados a
comprometerse con los fines de la empresa (compromiso
práctico y afectivo…) a partir de su participación en
reuniones donde aportan su conocimiento y experiencia para
mejorar permanentemente la producción de mercancías, los
maestros y docentes participan en la elaboración de
proyectos de centro, que apuntan a la especificidad del
contexto en el cual se sitúa el establecimiento escolar.
Algún ingenuo o ingenua podría creer que se trata de una
tendencia democratizadora del sistema. Nada más lejos de
ello. Del mismo modo que el trabajador puede influir sobre
el ritmo de producción, el docente puede agregar
modificaciones locales a planes y programas que son
preparados en otro lado, por otras personas, y en relación
con los cuales se le permite una única respuesta: la
aceptación. Del mismo modo que el trabajador influye en
cómo producir, pero no qué, cuánto, para qué y para
quienes producir, el docente influye en cómo enseñar, pero
no qué, cuánto, para qué y a quienes enseñar. Las
preguntas fundamentales ya están respondidas por la elite
de técnicos generosamente remunerados por el CODICEN. Y las
ATD son, por decirlo amablemente, una mera instancia formal,
sin posibilidad de incidencia real sobre los planes
educativos.
Las nuevas tendencias en
formación docente confirman esta nueva división del
trabajo social en la enseñanza. El elemento básico, más
allá de los discursos, es la despedagogización de la
formación docente. El estudiante de formación docente, es
constreñido al aprendizaje acrítico de una serie de
técnicas de enseñanza que debe aplicar en la práctica
presente y futura, y al mismo tiempo se contrae su horizonte
cultural, en la medida que la pedagogía pierde terreno.
Esta pérdida de terreno se da por dos mecanismos, uno
directo: la disminución de horas de estudio relacionadas
(desaparición de materias como Currículum, Historia de la
Educación, IPC…), el otro indirecto: sobrecarga de
trabajos en otras áreas e inmersión institucional del
estudiante, que hacen imposible que estos dispongan de un
tiempo para la reflexión, la crítica y el intercambio de
experiencias con los compañeros. Más allá del discurso
aproximativo-apropiativo, la formación docente se realiza
en torno de una estrategia claramente normativista, buscando
la construcción de alumnos reproductores y obsecuentes. Que
se entienda: esto no ocurre sólo en Uruguay. De hecho en
todo el mundo, los Estados trazan una clara línea
demarcatoria entre "universidades" e
"institutos", concentrando en las instituciones
del último tipo, aquellas carreras que, como la formación
docente, son potencialmente riesgosas para la hegemonía de
las clases dominantes, y organizándolas de modo que se
limite en la medida de lo posible y lo necesario su
potencial crítico.
Esta profundización del
distanciamiento entre las instancias que realizan el trabajo
intelectual en enseñanza, y con esto queremos decir,
quienes evalúan las grandes tendencias y deciden las
grandes líneas del trabajo educativo nacional, y las
instancias que realizan el trabajo "manual" (las
comillas quieren decir que el docente realiza un trabajo
intelectual pero cercenado de sus aspectos potencialmente
críticos) no hace sino profundizar a su vez la devaluación
social de la función docente. La tendencia de la evolución
del status docente en los últimos cincuenta años no es
precisamente envidiable: de intelectual bien remunerado, a
profesional de status ambiguo, y actualmente a técnico de
bajo nivel que recibe un salario de hambre.
LA CONSTRUCCIÓN DE
UNA ALTERNATIVA
La posibilidad de
elaboración de una alternativa viable en materia de
enseñanza pasa por una resignificación de la democracia.
La democracia no puede seguir concibiéndose como un
procedimiento rutinario de elección periódica de
funcionarios que han de decidir por nosotros, sino que debe
pensarse como una forma de vida. Esto quiere decir, entre
otras cosas, que no es compatible un sistema verdaderamente
democrático con unas instituciones educativas
dictatoriales, en las cuales la experiencia, la opinión y
el voto de docentes y estudiantes no son tenidos en cuenta,
o en todo caso, son concebidos como terreno para el
análisis sociopsicológico de las "resistencias al
cambio" (léase: resistencias a la voluntad del
gobierno de turno). A la dictadura del mercado, tenemos que
oponerle toda la fuerza de la democracia participativa, y la
cultura de libertad que ella genera.
Lo anterior no significa, sin
embargo, que sean suficientes las modificaciones formales o
de procedimiento al interior de las organizaciones sociales
que puedan tener interés en participar de la gestión
activa del sistema de enseñanza: es necesaria también la
acumulación de una verdadera "masa crítica" en
materia de enseñanza. Generar espacios de investigación y
utilizar los espacios ya existentes (estoy pensando por
ejemplo en proyectos a nivel de institutos de formación
docente y en la Universidad, y también a nivel de
sindicatos y organizaciones de docentes y estudiantes).
Quizá el principal escollo a nivel intelectual sea
desconstruir el discurso hegemónico en materia de
enseñanza. El mismo posee un eficaz mecanismo protector, en
la medida que rescata viejas reivindicaciones de la
educación popular, diestramente intercaladas por técnicos
que provienen de sectores políticos de oposición, y que
por lo tanto manejan de buen modo los discursos
anti-establishment, logrando neutralizarlos en alguna
medida. Todo esto para decir que es imperativo poner un alto
grado de inteligencia para criticar las tendencias actuales
y elaborar unas propuestas alternativas, cuidando al mismo
tiempo la coherencia interna de estas últimas y los
avatares de la recepción que puedan tener en la ciudadanía
en general –eficazmente manipulada desde los mass media.
En el plano teórico, es
imperativo re-pedagogizar el hecho educativo. Esto implica,
por ejemplo, superar el psicologismo imperante en las aulas
de formación docente. La psicología es una herramienta muy
importante para la tarea docente, pero, como cualquier otra
ciencia, puede funcionar como dispositivo de encubrimiento
cuando es sobrevaluada o cuando se torna una perspectiva
única y excluyente para comprender los fenómenos
educativos. El aprendizaje no se da exclusivamente por la
interrelación de un sistema psíquico que posee
determinadas estructuras lógicas, conocimientos previos y
predisposiciones para la incorporación de conocimientos
nuevos. Una teoría verdaderamente explicativa del
aprendizaje, debe relacionar por lo menos cuatro sistemas:
el sistema orgánico (pensemos en los niveles de
desnutrición que aquejan a nuestra infancia), el sistema
psíquico, el sistema social y el sistema cultural. Sólo a
partir de la consideración efectiva de todas estas
dimensiones, -esto es, consideración que tenga efectos
sobre las acciones docentes reales-, podemos empezar a
entender por qué se dan los déficit de aprendizajes
básicos entre muchos niños de nuestro país. Una
consecuencia inmediata de este viraje teórico, es librar de
culpa a los docentes y al sistema educativo, ponderando con
más justicia su incidencia en el aprendizaje. Así, por
ejemplo, puede desnudarse la aberración de responsabilizar
al sistema educativo y a sus educadores de la supuesta
"decadencia moral" y "pérdida de
valores" que los políticos y ministros conservadores
ven en "la juventud" de nuestro país. Pues los
comportamientos socialmente destructivos no se originan en
el hecho de que "los maestros enseñan mal" o
poco, sino en modificaciones estructurales regresivas (en el
sistema productivo y el sistema cultural) que generan en las
generaciones jóvenes frustración, depresión y un alto
grado de angustia ante la inminencia del desempleo y la
falta de esperanza en el futuro. Los bajos rendimientos
escolares y la aparición (magnificada por la prensa
amarillista) de conductas asociales son en todo caso un
efecto más de la reestructuración regresiva del sistema
capitalista y de una cultura posmodernista basada en la
inmediatez y en los aspectos más superficiales y banales de
la experiencia humana. Culpar de ello al sistema educativo
es tratar como causa a una consecuencia, o, como diría
Gramsci (1986:76), incurrir en una interesada y maliciosa
"inversión idealista".
Docentes, estudiantes de
formación docente, padres, alumnos de todos los niveles,
sindicatos, organizaciones sociales y actores individuales
interesados en el mejoramiento de la enseñanza tenemos una
tarea difícil por delante. A esta altura, está muy claro
que la elaboración de una alternativa en materia de
enseñanza pasa también por la elaboración de una
alternativa social más amplia, que pueda torcer el rumbo
neo-darwinista que ha asumido nuestra historia, para
encauzarla en un sentido de democracia, participación,
igualdad y paz.
Enfrentar al neoliberalismo y
a sus efectos devastadores en la sociedad implica emprender
acciones en varios niveles: político, gremial,
institucional, interpersonal e individual. Quisiera
finalmente compartir con la lectora o el lector de este
trabajo una reflexión acerca de los últimos dos niveles
mencionados, quizá porque pueden parecen los menos obvios
en tanto potencial de transformación social. Uno de los
efectos del neoliberalismo es el deterioro de las relaciones
interpersonales, y el resquebrajamiento de la sociedad en
tanto comunidad de seres humanos que se unen en torno a un
fin común: la reproducción de la vida. Es por ello que,
antes que nada, debemos ser críticos con nosotros mismos, y
descubrir que los poderes que nos someten y limitan nuestras
posibilidades existenciales, hacen carne con nosotros, es
decir, nos moldean, nos transforman, nos predisponen para su
perpetuación. Esto se manifiesta en la generación de
conductas egoístas y excesivamente competitivas,
particularmente en el sector docente, donde los puestos de
trabajo comienzan a convertirse en bienes escasos. No
olvidemos entonces que los microcambios pueden anteceder a
los macrocambios, y que nuestra reflexión y trabajo sobre
nosotros mismos son imprescindibles para poder resistir a
unos poderes que operan más por seducción que por
imposición, y transformar a esa energía en una fuerza
positiva, en una actitud de auto-respeto y respeto por el
otro, en una actitud de acercamiento hacia nuestros
compañeros, para elaborar juntos una alternativa viable al
estado actual de cosas en la enseñanza y en el contexto
más amplio de la sociedad. Romper con las distancias y el
aislamiento profesional y humano, generando una cultura de
la solidaridad y la cooperación, pues reconstruir la
esperanza implica reconstruir los lazos sociales de donde
esta ha de emerger. La amistad, decía Platón, ayuda a
controlar el poder.
*(Fragmento del trabajo
Enseñanza y Neoliberalismo del Sociólogo Andrés Nuñez
Leites. El artículo completo se encuentra en: www.gratisweb.com/sociolog/ense.html)
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