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De las historias y leyendas del Pago...
e cuenta que a principios de la década del treinta en las afueras de la ciudad de Tacuarembó, más precisamente donde hoy termina la calle 25 de Mayo al sur, vivía un eximio guitarrista llamado Washington de la Fuente. Habitualmente salía de gira a tocar con otros compañeros, casi siempre lo hacían actuando en pulperías y pueblos de campaña. Se dice que en una oportunidad, esperando que diera paso el arroyo Jabonería, no pudo tomar el tren en Valle Edén, que lo traería de regreso. Así fue que pidió posada en un casco de estancia que estaba frente a la estación. El dueño de casa le presentó a dos muchachos argentinos que estaban de visita. Uno de ellos llamado Carlos quedó muy interesado al ver que eran músicos. Después de la cena se formó una reunión con todos los presentes, donde Washington se puso a tocar la guitarra, Carlos el forastero argentino quedó sumamente sorprendido por las excelentes condiciones de este guitarrista oriental, y según cuentan cantó hasta la madrugada acompañado de este gran músico criollo. Así nació la amistad entre estos dos tacuaremboenses. Carlos Gardel, que había venido a Valle Edén a restablecerse de una intervención quirúrgica, y Washington de la Fuente, el gran guitarrista. Washington regresó al barrio para volver a los pocos días a Valle Edén para viajar a Buenos Aires con Gardel, que este lo había convencido que viniera con él. Lo hicieron acompañados por un muchachito de cerca de los pagos de Tambores, corredor de caballos y muy amigo de Gardel, llamado Irineo Leguisamo. "El Washington", como le decían era hijo único y muy "madrero". Doña Valentina su madre era ya muy mayor y así fue que al tiempo regresó para cuidar a su "viejita" como le decía él. "El Washington" siguió teniendo comunicación con Gardel, y grande fue el impacto que le causó a él y todo el barrio la tragedia de Medellín. Muchas fueron las leyendas sobre la suerte corrida por Gardel. Pero lo cierto que al tiempo de la supuesta muerte de Carlitos, "el Washington" y doña Valentina recibieron en su casa a un hombre todo quemado e inválido de una pierna que se desplazaba con muletas. El vecindario decía que era Gardel, que estaba vivo y se escondía en la casa de su amigo. Un día este misterioso personaje muy apresurado casi como huyendo, pidió permiso para pasar por el fondo de la casa de los Leites, que tenía comunicación con la calle 18 de Julio. Mi tía Leda, que fue a ver que sucedía, contaba y juraba que la señora que había llegado a lo de "el Washington" era la mismísima Libertad Lamarque. Nunca más se vio al hombre inválido en el barrio. Y hasta hoy se cuentan leyendas de "el Washington", la amistad con Gardel y aquel misterioso amigo, que hasta dicen que cantaba igualito a Carlos Gardel...
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