Página 8

Páginas - 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 

QUIERO EVOCAR...

Sandumbe

(candombe)

Con sangre barrosa de las cunetas y las cañadas

formas el torrente que va bombeando

tu corazón...

A vos te quiero cantar

arroyito petizón

valiente arteria que vas

buscando el Tacuarembó

Con las primaveras florecen ecos en tus orillas

son los candomberos manos del pueblo

lonja y color...

Repique sentimental, noches de vino y tambor

que navegando se van

por el cauce del Sandú...

(recitado)

Un canto te debía arroyito Sandú

que al igual que tus aguas cruzara nuestras calles...

para los que no conocen tus valores

aprendan a quererte...

Y que no calle la voz de aquel que entone

con la misma esperanza, una canción para vos...

A vos te quiero cantar

arroyito petizón

valiente arteria que vas

buscando el Tacuarembó.

Repique sentimental, noches de vino y tambor

que navegando se van

por el cauce del Sandú...

Letra y música: Heber Esquivo

República Socialista Soviética de Curtina

Iris "Tito" Sclavo (*)

 

Revista Graffiti – Octubre 1996

T

ítulo con gancho, si es que los hay, sobre todo para quien conozca Curtina aunque sea de oídas, el de este libro de Daniel Bentancourt (1946-1996) y que publicara Editorial Proyección recientemente. Su autor, fallecido hace pocos meses, tiene en su haber otras dos novelas (Todas las muchachas del mundo y Como al diablo le gusta) así como numerosos cuentos entre los cuales el que ganara el premio de la Feria Internacional del Libro realizada en Montevideo en 1987. Perteneció, en los albores de la década del setenta al Grupo Universo el cual integraban también Guillermo Chaparro, Hugo Bervejillo, Hugo Guiovanetti y Tarik Carson.

   En el preámbulo de la novela el autor se presenta como inducido por el relato de uno de sus compañeros del Grupo acerca de una aparente revolución comunista que allá por el treinta habría tomado por doce horas a esa localidad. Ese dato lo decide a comenzar su investigación y así van desfilando nombres de informantes, gente conocida y respetable de Tacuarembó (Dardo Ramos, los Benavides, Solano Ríos, Alfredo Gravina, Hermesplinio Barboza) y de Curtina (Héctor Numa Moraes) por los cuales llega a ubicar a uno de los integrantes de aquella célula comunista a quien entrevista y el que desde ese momento pasa a ser el "narrador" de la historia. Ese es el primer gran acierto de Betancourt que consigue mantener durante muchos capítulos la indefinición del relato entre la realidad y la imaginación, reafirmando aquello de Rulfo de que "la literatura es la única mentira que dice la verdad". Ese 7 de noviembre de 1931 correspondía al XIV aniversario de la Revolución Rusa coincidiendo con un gran baile en el Club Armonía. En el boliche que normalmente funcionaba como sede clandestina de la célula surge la idea de adherirse al aniversario emborrachando al Comisario (con él también se envinarán los tres agentes) y una vez logrado este objetivo se van convenciendo de que "están dadas las condiciones" por lo cual deciden concretar sus sueños, su utopía. Con humor, con dolor pero también con hondas reflexiones, se desliza la narración cuya lectura comienza a atrapar. "Como si la mera realidad del recuerdo vivo, no tanto de lo que fue conseguido, sino de lo cerca que estuvimos de conseguir la posibilidad concreta de su realización y apenas el juego de pensar cómo le espantaríamos el sueño a los dueños del poder en el país entero, hubiera sido suficiente" dice Buenaventura dos Santos, líder del levantamiento. O el mismo, años después cuando recuerda los hechos de esa noche. "Es extraño. Uno se pasa la vida entera queriendo algo, soñando con eso y preguntándose cuando sucederá. Pero llegado el momento, muchas veces ese sueño parece estar limitado de realidad por todos lados".

   Se trata de una novela de sueños, de utopías, de entusiasmo y desilusiones, de acciones que adquieren una nueva dimensión al ser cotejadas con el tiempo. Dice en un pasaje RJC, el narrador alter ego de Bentancourt: "Aunque no lo supiera todavía, lo que tenía frente a mí era la misión de inventar el futuro con la materia básica y esencial del pasado". Pero es también una novela de derrotas, de esas inevitables derrotas que conducen al triunfo. "Fue eso que evitó que uno mirara para atrás en estos últimos 57 años y viera solamente los restos de un fracaso. Lo que tal vez me salvó de convertirme meramente en un cínico, del pesar y la desesperanza, de la triste pesadumbre de no haberlo conseguido. Porque nuestra historia no fue simplemente la historia de una derrota; fue también la derrota de la historia que no estaba preparada para nosotros o, si se prefiere para hombres todavía mejores y mejor preparados que nosotros, hombres con cuyo esfuerzo sí que podría forjarse el hierro de los tiempos nuevos".

   En síntesis, una novela que tiene la virtud de hacernos revisar (una vez más) en lo más íntimo, a los hombres de varias generaciones de este siglo más allá de fronteras, sin obligarnos a abandonar la sonrisa. Una novela que sería merecedora de una prolija edición sobre todo en lo que respecta a corrección.

(*) El comentario de Sclavo se refiere a la novela "República Socialista Soviética de Curtina (RSSC)" de Daniel Bentancourt (Editorial Proyección,1996). El texto se basa en un hecho real acontecido hace casi 73 años en dicha localidad.


Don Bentos, "el loco"...

Luis A. Inthamoussu

 

L

legaba por entre los campos, temprano en la tarde, y lo anunciaba un griterío de teros que hacían "picadas" sobre aquella figura mezcla de espantapájaros, linyera y viejo de la bolsa, que con su andar balanceado y cansino, casi arrastrando los grandes pies, descubriendo el "secreto" de sus nidos, encendía la alarma.-

   Era don Bentos, "habitué" de las estancias vecinas de la zona de Piedra Sola y el Queguay y deambulaba su vida, como una sombra por los campos; se vestía con las ropas y alpargatas que le daban y una locura lo acompañaba desde el día que al llegar a la estancia de Barreneche se encontró un silencio de muerte velando los cadáveres del patrón y un peón, asesinados con el móvil del robo.- Desde ese día los misterios insondables de su mente, lo acompañaban buscando la luz del sol, durmiendo en los galpones, siempre dentro de un carro de pértigo o una carreta, como evitando peligros, pronto en su demencia a escapar al primer ruido extraño.

   Le recuerdo su barba hirsuta y aquella sonrisa entre tierna y huraña, que le ponía un signo de tenue luz, a su cara amarillenta; así era para nosotros los niños, para los mayores, silencioso y taciturno y cuando "lidiábamos" con ovejas en los corrales, el se arrimaba a ayudar blandiendo sus largos brazos cansados para "echar" lanares al brete.- Si llegaba al establecimiento a pedir "posada" algún desconocido, Don Bentos juntaba su "atadito" de andrajos, anunciaba su retirada agradeciendo la hospitalidad y se marchaba por donde había llegado, ¡es que los "extraños" lo ponían en guardia,! recordándole que nunca se supo quien o quienes cometieron el crimen de Barreneche.

   Al próximo destino de una estancia cercana llegaba murmurando: "Está todo cambiao, no son los mismos, los mataron a todos..."

lait@montevideo.com.uy
Abril 2004