Contratapa

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Hoy me desperté...

   Hoy me desperté sudoroso, el pecho fatigado.

   Hipnos alocado y confundido apeló a una hiades furiosa que no sólo me asustó sino que pareció como si una hidra hambrienta se arrojara sobre mí. Recuerdo que desperté angustiado e invocando continuamente a hiegieya para que me librara de todo mal.

   Era la mañana y por la ventana me asomé como a diario tratando de comprender sin éxito a este mundo mal globalizado, a esta suerte de hibristicas sin razón ni tino.

   El hiemal esta próximo y nos queda por comida nada mas que esta especie de higate rancio, mas parecido a hienda de camello que a rancho de cuartel olvidado.

   Es la mañana y como todos los días los impunes hieracitas salen de paseo, ufanos y orondos. Y no es ésta una alucinada hicarodías, es sólo quizás un mal fruto de la desesperanza.

   No puedo evitar sentirme acorralado por los hissis de siempre, enervado por el hiter reinante, sin fe, sin el consuelo de hicobios, alejado de hiparquia y sabedor asimismo de que me espera una danaide vengativa que no le temblará el pulso a la hora de ejecutarme.

   Mi destino escrito está.

   Nada lo puede torcer.

   Mi vida no es más que toda una nimiedad perdida, sin hipa que me amamante, sin hiera que me llore, y sin higogayo que me ampare.

   Poco he sido, poco soy y nada yo seré.

   Acompañando mi magro ataúd solo un débil y triste hialemo se oirá en una tarde de noviembre que languidece sin remedio.-

hiades- diosa de la lluvia
hialemo- canto fúnebre
hibristicas- fiesta de disfraces
hidra- monstruo de 7 cabezas
hiemal- solsticio de invierno
hienda- estiercol
hieracitas- herejes
higate- potaje de higos con tocino
higieya- diosa de la salud
higogayo- dios de guerreros y justos
hiissi- genio del mal
hicarodias- composición burlesca
hicobios- dioses de la contemplación
himeneo- dios del matrimonio
hingoh- primeros herejes
hipa- nodriza de baco
hiparquia- filósofa griega
hiperipa- desgraciada por Júpiter
hipemnestra- danaide que le perdonó la vida al marido
hipnos- dios del sueño
hiria- lloró la muerte de su hijo
hiter- acción del calor y la humedad

Ricardo Silva Serón
rasavieja56@msn.com

A Gerarda, Gladys, Perpetua, Juana, Jacinta, Doña Milka, Yiya, Alberinda, Janina, Ramonita, Adriana, Iracema y también...a María Vivas. A todas aquellas que de un lado y otro del río, tironeaban de los hilos. A Sonia y a Luis.

Buscando a Eduviges III

"La trampa del rocío"

Ana Rodríguez

 

E

stoy sentada aquí, Eduviges, en Kalunga mi casa junto al fuego. Ya hice las tareas de la tierra y del agua: trabajé con las plantas y lavé la ropa en la cañada. El viento está soplando en este mensaje pero sigo escribiendo, y no me voy a levantar hasta que contestes. Te he estado buscando hace tanto tiempo… tanto tiempo. Tu nieto Omar, ¡por fin! Me mostró tu retrato. Así que era cierto, no más…

   Hubiera querido conocer tus arrugas. Nunca estoy conforme. ¿Qué estás haciendo a través de mí? Lo he ayudado a recordar nombres, fórmulas, gestos. También sueña. ¿Por qué le impediste soñar durante tanto tiempo? Una camiseta dada vuelta, una tijera debajo de la cama, unas palabras… sin explicarle por qué soñaba caer, caer, caer... círculos… ¿mandalas? Figuras geométricas. Un niño soñando figuras geométricas. Deshicimos eso. Y ahora él buscará tu tumba. La ha visto, la ha dibujado, ha comprendido que no te enterraron en Tambores sino en Tacuarembó. No querían que te velara. No, no comprendieron. No se imaginaban que tú le explicabas las formas del mundo, sobre el más arriba y el más abajo, "así, así, así" como capas de una cebolla. Le explicabas sobre todos esos mundos que existen, y los hilos que los atraviesan: le enseñaste a enredar sus dedos en ellos.

   ¿Por qué no le enseñaste a aterrizar? Hemos destejido todo eso y te estamos recordando. Buscaremos el lugar desde el cual nos enviaste el último mensaje.

   ¿Por qué yo tengo que estar en todo esto? Estoy sentada aquí, en Kalunga mi casa, junto al fuego, y no me voy a levantar hasta que hables. El viento hace rechinar los postigos, las ramas rascan el techo de chapa y hay bastante leña apilada.

   Lo hacías buscar el dedalito que habías escondido, lo hacías estar quieto, durante horas, mirando un punto fijo.

   "En mí tal vez ella no ejerció la influencia que quería ejercer. Pero ni hablar que la proximidad de ella me marcó… Los abuelos siempre son especiales… Pero mi abuela era distinta. Porque los abuelos, sólo miman y son permisivos y… y mi abuela no. No era así. Mi abuela me restringía un montón de cosas. Dulces, caramelos, galletitas, se disgustaba cuando me iban a dar esas cosas. Me protegía sí , a veces de mis padres, cuando yo hacía alguna pillería iba para el lado de ella; sentía esa dulzura también pero permanentemente ella me estaba dando informaciones o cosas que… yo sé que no se le da a los niños… Ella me hacía participar mismo de la vida. Me hacía "Ver" la vida. Y cuando yo te digo la Vida, una palabra muy, cómo te voy a decir… con un significado muy cerrado. En el pensamiento contemporáneo, o moderno, o de este momento, la vida es otra cosa. Es el pan, el oficio, salir adelante. No, la abuela nunca me habló de eso. Ella me hacía ver la vida de una planta. La vida de una piedra. La vida en el aire. La vida en la gota del rocío… Me llamaba, a veces, en una de nuestras casas cuando vivíamos en el fondo del barrio Progreso, había como un cañaveral. Debía de ser fin de invierno, o principio de primavera; se formaban unas telarañas gigantescas entre las tacuaras, y en esa mañana de rocío, queda como una gota, brillando en la telaraña. Y ella me llamaba para hablarme de la gota de rocío. Y para hacerme ver los colores, y me hacía sentir, hablándome, yo me sentía parte de la gota de rocío. Me hacía sentir la frescura de la gota presagiando o anunciando el fin de esa temporada. Me hacía ver cómo mutaba, cómo se preparaba la tacuara en su forma, en sus hojas, para el cambio de estación. Me mostraba también la vida que allí se generaba, de nidos, de picaflores, de sus huevitos. Mi abuela era… era especial…" (*)

   Acá está lleno de humo, Eduviges. Es de noche, sopla el viento, sopla… pero Casa, es Hogar. He estado prestándote atención. ¿Qué has dicho? Está bien. Te quemaré unas hierbas, y seguiré escribiendo…

Valle Edén, mayo de 2004
aruera@adinet.com.uy

(*) Recuerdos de la infancia de Omar Gómez