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De "Anécdotas Galenas (3) y más"    libro de CLEVER VILAR SEGURA "Cachi"

Viniendo de La Hilera…


Florentino y el Toto Latorre, en el bar.

 

E

l relato que sigue nos lo contó el Toto Latorre, por lo que éste es el único responsable del mismo.

   Se refiere también a Florentino, asiduo concurrente al Boliche del Toto. Disfrutaba de su vinito, que por razones obvias el Toto había racionado al mínimo: la medida servida a ese "cliente" era la de las antiguas copas de caña, mucho más pequeñas de las que en que normalmente se sirve el vino. Florentino había bautizado la tal medida con el apelativo de "embudito", término que indudablemente aludía a dos cosas: su tamaño reducido y la forma del recipiente.

   Llega un día al boliche, algo agitado y dirigiéndose al Toto, le solicita:

   -Me da un embudito de vino...

   El Toto procede a complacer el pedido pero al notar la fatiga, le pregunta:

   -¿Qué te pasa que venís tan fatigado?

   -Es que me vine a pata desde la hilera...

   Para los que no son de Tacuarembó, aclaramos que existe un pueblito distante unos cuantos kilómetros de la ciudad que se llama "La Hilera".

   El Toto entendió que Florentino se refería al mismo, por lo que responde:

   -No seas embustero, ¡qué vas a venir caminando desde La Hilera, si con tu facha no podés caminar más que un par de cuadras!...

   Nuestro personaje insiste que está diciendo la verdad, respondiéndole siempre el Toto que no puede ser verdad. Para terminar con la discusión manifiesta:

   -A ver, ¿a qué hora saliste del pueblo "La Hilera"?

   Es entonces que Florentino le aclara:

   -Yo no estoy hablando de ningún pueblo, yo vengo de la hilera de cobrar...

   Es que nuestro personaje se había estado refiriendo a la fila o cola de cobrar su pensión, que para él era lo mismo que "hilera".

Flautista económico

A

nduvo por allí otro personaje típico de nuestros pagos que deambulaba por las calles de Tacuarembó, regalando sus interpretaciones en flauta (armónica de boca o de jaulín). Nos referimos a Florentino que a juzgar por lo ocurrido en el relato que sigue obtenía muy buenos registro con la misma.

   Nos relató un amigo que en una oportunidad una persona, al parecer conocedor de los secretos de la música, luego de escuchar una interpretación de nuestro personaje se le acerca a los efectos de conocer algo más de su arte. Deseaba conocer los comienzos del artista y sobre todo si las interpretaciones las realizaba "de oído" o por música.

   Pregunta entonces:

   -Si no lo molesta, me podría informar ¿por qué toca usted? ¿Por música? ¿Por cifra?

   La contestación no se hace esperar, de acuerdo a lo entendido por nuestro personaje para el cual tales tecnicismos no existían.

   -No. ¡¡Yo toco por vino y mortadela nomás!!!


Cambio de taxi

"Cuenta la leyenda americana,
que la Negra Victoriana
con el Pico se casó;
con una carretilla de naranjas
y vendiendo algún helado
toda la vida vivió..."

T

al lo que –creo que textual– decía Odalís Sosa (el Negro Odalís o Profesor "Tachuela"), sobre una pareja de personajes muy conocidos en Tacuarembó: El Pico y la Victoriana. Casi no hay nada que agregar a lo que escribe el genial "Negro" para conocerlos: pareja inseparable; carretilla con naranjas o carrito con helados... caminaban las calles de Tacuarembó y su periferia pregonando su mercancía.

   Hay muchas anécdotas de esta pareja, algunas se nos antojan que han sido inventadas y otras no son reproducibles. Uno de los placeres de estos personajes era la ingestión de alcohol, no siempre, y de acuerdo a sus posibilidades económicas, con límites de seguridad. En la oportunidad –mensual– en que ambos cobraban su pensión a la vejez, saciaban la sed que no habían podido saciar en el resto del mes.

   Pero existía otro placer del que disfrutaba Victoriana en esas oportunidades, y de aquí surge la anécdota.

   En esa época, existía en Tacuarembó un taxímetro que contaba con todos los adelantos para la misma y era coche de elección para aquellos que acostumbraban a viajar en ese medio. Su propietario era un señor de apellido Giorgetta. Y vamos al segundo antojo de Victoriana: luego de cobrar, de disfrutar de su licor, gustaba –y lo cumplía– ser trasladada en el taxi de Giorgetta hasta su domicilio, en compañía de su esposo, el Pico. Esto ocurría casi mensualmente; un día el Pico, considerando que aquel era un gasto innecesario, dejó su carretilla de mano, cerca del lugar en que acostumbraban a beber con su señora y cuando observó que la misma estaba bastante "adobada", la alzó en la carretilla y procedió a su traslado.

   Las cosas iban bastante bien, ya que el estado de Victoriana no permitía mucho discernimiento, pero en el recorrido la carretilla debía cruzar el paso nivel; el movimiento producido al cruzar la vía hizo que la "pasajera" disfrutara de un momento de lucidez y procede a interrogar a su esposo:

   -En qué tu me levas Pico?

   Lejos de achicarse y contando con la complejidad del estado de Victoriana, el Pico contesta:

   -¡En qué va ser!... En el taxi de Yoryeta...