|
Página 11 |
Fútbol juvenil, seña de esperanza "Esos locos
bajitos que se incorporan
laro Ud. dirá que existe una realidad triste y dramática que golpea en ciernes a la sociedad actual y a la que se viene, y la razón lo asiste a plenitud. Ante este casi necio contorno social podemos fortalecer valores sustanciales y construir barreras sólidas que se transformen en pilares sustanciales de una comunidad más justa. Se puede. La referencia puntual de esta reflexión es el nuevo proceso que se está desarrollando en la Asociación de Fútbol de Tacuarembó (AFT). Se comenzó con la tarea en las categorías conocidas con el término de "menores", en este caso concreto la de 15 años y posteriormente la categoría de 17 años, con motivo de su participación en los torneos nacionales organizados por OFI. Ilusiones, sueños, curiosidades, expectativas, interrogantes, dudas, vulnerabilidad, constituyen básicamente la formación de estos "niños grandes", porque creo que aún son eso, puntualmente en estas edades. Cuanta responsabilidad significa conducir a estos jovencitos, ya que, ante tanta capacidad asimilativa aumenta el riesgo de equivocarse en la prédica de conceptos saludables. La comunidad socio-deportiva dominante que sacraliza mediáticamente al mediocre fútbol uruguayo, cargado de señales indignantes y cuyos resultados deportivos han sido un producto vergonzoso y hasta humillante para los miles de pasionarios que seguimos incondicionalmente "hablando de nuestro fútbol". Construyendo una realidad como una especie de "pensamiento único" (*), cuya definición conceptual encaja perfectamente en esta realidad. "Cada vez más en las democracias actuales, los ciudadanos libres se sienten como atrapados, impregnados por una especie de viscosa doctrina que insensiblemente envuelve todo razonamiento rebelde, lo inhibe, lo perturba, lo paraliza y acaba ahogándolo. Esta doctrina es el pensamiento único…" (**). Apliquemos estos criterios al fútbol para entender más la realidad. Recibir la señal como la verdad total, la que prevalece por acción impuesta y no propia, ese el mensaje decepcionado que subliminal-mente comienza a consolidarse en la cultura futbolística uruguaya. "Ya sabemos que esto es así, no importa, está todo arreglado… está bien", conclusión popular, determinante y tristemente envolvente en la masa poblacional. Todo ello para inexorablemente, contribuir al beneficio económico de unos pocos explotadores de la pasión genuina de los uruguayos y el esfuerzo de unos cuantos deportistas. Con la vieja doctrina como nervio motor, "el fin justifica los medios". En este contexto hay que revalorizar, creo, los aspectos sustanciales que siempre han estado en la tradición del fútbol oriental, la picardía lúdica, la gambeta, el altamente festejado "cañito", bueno todo lo que Ud. sabe y ha dado tanta delectación al aficionado. Pero por sobre todas las cosas (disculpas por la obviedad) habrá que fortalecer lo que el fútbol ha predicado casi permanentemente, la solidaridad, el compañerismo, el fortalecimiento grupal, el sentido de pertenencia hacia una causa (o una camiseta), la competencia honesta que dignifique los triunfos, ese debería ser el camino que no por conocido sea menos preponderante. Es muy conocido y más preponderante. En estos "niños grandes" está la posibilidad de creer honestamente en el fútbol, se puede, llevará tiempo sin dudas. Cuando estos conceptos cundan prevalecerán por sí mismos ante cualquier adversidad atentatoria, el goce pleno de disfrutar de competencias honestas será más dominante que los insulsos estímulos que abundan en nuestra sociedad. (*) Concepto de Ignacio
Ramonet, Director de L’ Monde Diplomatique. |
|
|