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Duele Alemania
todos quienes nos “autodenominamos” futboleros, ya sea por ser integrantes de esa legión como meros partidarios o humildes protagonistas, nos ha invadido esta especie de frustración que ha provocado la eliminación de la selección uruguaya. La negativa de participar en el próximo Mundial de Alemania. Si, es cierto que mucho se ha hablado y escrito a partir de esta circunstancia que tocó en suerte (?) al fútbol uruguayo, pero tengo la oportunidad de expresar públicamente que a pesar de pesares me (nos) duele igual. La mayoría busca respuesta en encontrar “culpables”, dirigentes, empresarios, jugadores, cuerpo técnico, periodistas, revendedores (¡qué vergüenza!) y hasta creo comentaron que los “alcanza pelotas” tienen algo de culpa. Que la situación económica, que la escasa densidad de población no amerita la participación uruguaya en Alemania, que esto otro, que aquello otro. Tal vez todo eso es verdad, es la infamante verdad. Puede ser. Igual creo que hay responsabilidades que parten de un sistema extremadamente subdesarrollado que se instaló en nuestro fútbol, dirigencial y deportivamente escrito. Pero… igual yo quiero ir al Mundial. ¿Ud. no? A pesar de pesares. Aunque el mercantilismo casi salvaje de un fútbol obligó a sustituir la técnica nutrida de sana picardía que dibuja una finta elegante y cautiva al espectador, que atina al aplauso expresivo, sincero, necesario, como galardón intrínseco; por una, algo así, como desmedida prevalencia del rendimiento físico casi extremo de un individuo, con un roce de ferocidad a veces irracional. Esto lo aceptamos y lo observamos inerte y hasta contemplativos. Conclusión o lo aceptamos o lo miramos de afuera y desde muy lejos. Es por ello que entiendo que esto de las responsabilidades es un puzzle de complejas piezas, que todas ellas convergen en la mediocridad triste de un fútbol actual casi inexistente. Duele, sí que duele. Hablar y/o ver un mundial sin Uruguay, duele. Duele por la historia, por la cultura del fútbol impresa indeleble en la idiosincrasia muy nuestra. Duele aún sospechando (casi con certeza) los manejos espurios, corrompidos desde el cimiento de un sistema perverso, que ronda y revolotea libremente en este fútbol oriental. Duele más la herida en nuestra propia forma de ser y sentir que el resultado obtenido, a consecuencia de manejos turbios. Podemos discrepar (y mucho) con los aspectos conceptuales de los entrenadores de turno que culminaron en un proceso con mayor preponderancia religiosa que deportiva. Aunque como enunciamos al principio a pesar de estos pesares, los resultados finales son la dolorosa consecuencia de un sistema genuflexo ante un poder dominante y mercantilista. Si esta finalización del proceso sirve para entender esta realidad y adaptarla a las posibilidades de los estoicos deportistas orientales, podremos alentar la esperanza en próximas eliminatorias, si existen nuevamente. Tengamos en cuenta que de todo aquello negativo debemos rescatar lo bueno. Hoy muchos comunicadores sostienen la necesidad de una intervención gubernamental, y bueno hoy al menos se escucha, quien sabe… tal vez… No se si el camino es ese, pero algo hay que hacer, al menos es discutible. Estas voces no se expresaron cuando se “privatizó” al fútbol, salvo los que quedaron afuera. No quiere dejar de expresar el dolor ante una casi muerte segura de un componente del colectivo social uruguayo tan genuino como el fútbol. Ese que nos da la alternativa de discutir, en casa, en el asado, en el bar, en el “laburo”, ahí donde la esencia de los uruguayos se libera plenamente. Es por ello que duele. Bastante. |
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