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Cultura y cambio de Gobierno
llá por mitad del siglo pasado comenzó a gestarse, sobre la base de una clase media culta y montevideana, una percepción de país, un movimiento político cultural, al que Rodríguez Monegal denominaría Generación del 45, y que indudablemente habría llegado al poder en las décadas del setenta o a más tardar ochenta, de no haber sido porque la dictadura detuvo el curso normal de los acontecimientos. Hoy, luego de medio siglo, ha conquistado la hegemonía política, pese a que el debate cultural ya lo tenía gano desde hace mucho tiempo, mitad porque los partidos tradicionales, irresponsablemente, decidieron abandonar ése frente de batalla. Hace solo algunos días, en el Teatro El Galpón (uno de los lugares favoritos del movimiento aludido), se presentó el nada ambicioso proyecto de gobierno para el sector de la cultura. Se habló de la creación de una Asamblea Permanente de la Cultura, lo que es poco prometer, aunque - hay que reconocer-, algo que mucho agrada a nuestros cultos uruguayos, muchos de los cuales se imaginan el paraíso bajo la forma de una asamblea. En la ocasión alguien dijo al actual Presidente de la República electo, arrogándose representatividad, que la Cultura siempre ha sido de su sector, de ésa sinuosa entelequia que denominamos izquierda. Y en rigor de verdad, aquella afirmación era cierta. Todo el mundo sabe que en éste país, para ser artista o intelectual hay que ser de izquierda, o más específicamente del Frente Amplio. Si no, fíjense los patéticos intentos de los partidos tradicionales para armar un espectáculo artístico que los festeje. ¿Por qué?, ¿acaso porque las causas e ideas de blancos y colorados no son dignas de ser cantadas? No, son ideas tan dignas y respetables como cualesquiera otras. Estoy seguro de eso. De todos modos, me animo a pronosticar que, pese a que se prometió poco para los trabajadores de la cultura, ellos no serán olvidados en el nuevo gobierno, como no lo fueron en el gobierno departamental de Montevideo. El clientelismo asume otras formas, a veces no es necesario tomar nuevos funcionarios, basta con arreglar concursos, auspiciar proyectos, otorgar premios inmerecidos, etc. Pero el problema mayor es que esta estéril y homogénea cultura que hemos venido padeciendo, será ahora además, oficialista. Mi esperanza es que, aquella actitud casi calificable de mesianismo, o milenarismo, que ha caracterizado a nuestra cándida intelectualidad, se renueve en una visión más madura del mundo y de la vida; mi esperanza es que el juego dialéctico de las ideas traiga el germen de un nuevo paradigma; que los históricos partidos ingresen en un proceso de revisión de sus estrategias, sus ideas, y sus historias, de modo de constituir una verdadera y positiva oposición, que asegure para éste siglo una sana alternancia en los poderes. Me temo que si la estrategia de blancos y colorados no cambia, si pretenden ganar las elecciones con comilonas, acarreos de gente, promesas de acomodos, si no hacen de sus administraciones departamentales ejemplos de gestión eficiente, pero principalmente si siguen burlándose de la cultura, asistiremos a una priización, una eternización del Frente Amplio en el Gobierno Nacional. Y el temor se debe, no a simpatías o antipatías políticas, sino a que en cuestiones de poder, y en realidad creo que en todas las cuestiones, no convienen síntesis, sino sucesivas tesis y antítesis que se coimpliquen, se validen e invaliden, se nutran, de un modo constante, sin llegar jamás a un último término. Precisamente, la chatura señalada, se ha debido a una antítesis que tardó mucho en hacerse tesis. Publicado
en Revista NI
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