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El Uruguay productivo

Los protagonistas

José Veiga
 

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ivaguemos un poco. Podemos concebir al país productivo como una gran orquesta. Los músicos con un mismo instrumento se agrupan por cuerdas o conjuntos y cada uno de ellos tiene el convencimiento de que su actuación es primordial. En un área de la orquesta están los industriales, los propietarios de la tierra, los comerciantes y los prestadores de servicios. En otra parte se ubican las empresas del Estado y en otra más los obreros y empleados. Al frente, el Estado, pretende dirigir o por lo menos orientar la orquesta, cosa que consigue con éxito diverso.

   Que toquen en forma armónica y consigan un resultado aceptable depende del ánimo con que se presenten los ejecutantes, de la capacidad que demuestren y de la habilidad del director para que los ejecutantes toquen en armonía.

   Otra cosa muy importante es la música elegida. La elección pocas veces depende del director o de los oyentes. Casi siempre está impuesta por una voluntad exterior a la que a veces llamamos región y otras, mundo globalizado o mercados.

   Como la orquesta no ha tocado muy bien o por lo menos no lo ha hecho continuadamente bien, los músicos y el director se han echado recíprocamente las culpas.

Un baño de humildad. Para mejorar los resultados y para hacer una evaluación justa, lo primero es darse un baño de humildad. Lo nuestro es una orquesta, pero no es una sinfónica del primer mundo. Somos desde el punto de vista económico, lo que antes se llamaba “país en vías de desarrollo” y hoy se llama “emergente”. Tenemos, salvo las Guayanas, la población más pequeña y la menor superficie territorial de América Latina. Bolivia que es el país que nos sigue en población tiene tres veces más habitantes que nosotros.

   Es por ello que nuestro mercado interno no despierta tentaciones de dominio. Por otra parte estar en medio de los dos países más grandes de Sudamérica, tiene sus ventajas y desventajas. Éstas últimas se han hecho bastante más pesadas en los tiempos recientes a pesar de los vaticinios de hermandad y los cariños prometidos.

   Resumiendo: no tenemos riquezas naturales que no sean fácilmente reproducibles en otro lado; somos un país agrícola-pastoril, con un crecimiento demográfico muy bajo, sin problemas de integración indígena, una cultura de raíz europea, una educación que fue una de las mejores de América del Sur y hoy está venida a menos y desde el punto de vista social con una clase media preponderante (en franco deterioro) que permitió un gobierno democrático estable y una distribución de la riqueza bastante equitativa.

   Tenemos un mercado interno escaso y empobrecido y ello nos da la idea de que nada que suceda en él tendrá una importancia relevante en el plano internacional.

   Si el país dejara de funcionar, aparte de los uruguayos, a los únicos que les podría importar seriamente sería al Fondo Monetario Internacional, al Banco Interamericano de Desarrollo y al Banco Mundial porque les quedaría el clavo de lo más importante que tiene el país desde el punto de vista internacional; su deuda.

Analicemos a los protagonistas del Uruguay productivo

Generalidades. Empezaremos por los empresarios.

   Como no es bueno utilizar palabras sin saber lo que quieren decir, transcribo lo que encontré en mi diccionario como definición de empresa: “es la unidad económica de tipo capitalista, caracterizada por una organización de diversos elementos (capital, trabajo y técnica) bajo la dirección de un empresario, que puede ser una persona física o jurídica (sociedad) y cuya finalidad es la realización de una actividad industrial o comercial, o la prestación de un servicio con ánimo de lucro”. A través de la definición ya intuimos una diferencia, además de la determinada por su destino (industrial, comercial o de servicios) y es su tamaño.

   Entre una empresa unipersonal y las trasnacionales existen muchas diferencias. Ellas están dadas por las distintas dosis de capital, trabajo y tecnología que utilizan cada una. Pero hay un rasgo común, la organización de dichos elementos se hace en busca de una utilidad.

   Para que exista empresa debemos garantizar dos cosas: que el empresario pueda efectivamente organizar los elementos que aplica en su empresa y que se admita la propiedad privada porque ésta unidad económica solo es factible en el mundo capitalista.

   Una vez hecha la opción de cual es el mundo en que nos moveremos es importante no enturbiar las cosas y utilizar un idioma que no es aplicable a los fines que la mayoría desea obtener.

   No parece serio andar interesando a futuros inversores si después se les va considerar “enemigos” y a privarlos del libre uso de sus bienes.

   Que los movimientos ideológicos o sindicales luchen por un cambio revolucionario en que la propiedad privada esté abolida puede explicarse.

   Pero que un gobierno democráticamente elegido presente confusiones acerca del alcance de derechos establecidos constitucionalmente, crea fracturas en la mayoría que lo llevó al poder y sobre todo desorienta a potenciales inversores.

   En el Uruguay, si nos incluimos en un mundo globalizado, no hay grandes empresas. En comparación, lo nuestro es la mediana y la pequeña empresa. Aún reduciéndonos en la comparación a los vecinos inmediatos, nuestras empresas más grandes no resisten comparación.

   Dado que la realidad nos dice que la mayoría de las empresas son medianas, (las grandes o son empresas públicas o son trasnacionales) se deduce que las utilizaciones de capital, de tecnología y de mano de obra hechas por las empresas privadas son relativas. Desde el punto de vista del capital, el empresario recurre a las instituciones de crédito, tanto para obtener capital de giro como para fondos de inversión, siendo más renuente a utilizar y arriesgar fondos propios.

   Ello erosiona su competitividad, porque si hay una característica nacional es que los créditos son caros.

   Como el mercado interno es pequeño y fácilmente se satura, la exportación es una solución que permite sortear con mayor facilidad el recorte de los costos financieros.

   En cuanto a la tecnología, salvo en el área del software en que el Uruguay ha conseguido algunos éxitos, no tiene en el país, en general, ninguna expresión que la distinga en la región y más bien está bastante más atrás que la que disponen países del área.

   Esta combinación de capital caro y tecnología escasa crea pocas oportunidades de expansión y se traduce a su vez en una alta tasa de desempleo. A pesar de que de todos los elementos que utiliza la empresa éste ha sido por largo tiempo el más barato, la falta de puestos de trabajo ha sido endémica en el país.

   A pesar del escaso crecimiento demográfico y de la alta tasa de emigración de gente joven, el Uruguay tiene una tasa de desempleo que es la más alta de la región y enfrenta un problema que en breve será mayor que el desempleo y es el de sostener económicamente a una población envejecida.

   Nuestros empresarios y sobre todo los ejecutivos de las trasnacionales son en general más capaces e ilustrados de lo que amerita un nivel de mercado como el nuestro. Muchos ejecutivos hacen práctica en el Uruguay y a veces en base a un desempeño meritorio son transferidos a puestos en otros destinos que se consideran más importantes. Quizá no tengan la misma suerte y méritos los directores de las empresas públicas, que en definitiva son las más importantes del Uruguay.

   Una de las características de nuestros ejecutivos es que tienen un muy alto poder de compra a través de sus salarios. En un ranking que comprende 10 países latinoamericanos los ejecutivos chilenos ocuparon el primer lugar, el segundo fue compartido por Ecuador y Uruguay y luego por orden Perú, Colombia, México, Brasil y Argentina. El tema no queda reducido a esto porque la empresa que hizo el estudio (Mercer Human Resource) revela que el poder de compra de la alta gerencia en América Latina es mayor que el promedio en Europa, Australia, Japón y Estados Unidos, teniendo en cuenta los ingredientes que intervienen en el concepto “poder de compra” que son deducciones fiscales, seguridad social y costo de vida local.

   Por esto quizá haya motivo para exigirles resultados a nuestros ejecutivos y menos dureza en algunas negociaciones con el personal porque en el reparto de la torta se les llenó el plato.

   Esto ya está muy largo y nadie lo va a leer...prometo, a pesar de ello, hacer una próxima nota escribiendo lo que entiendo que se les debe pedir a los empresarios, a los obreros y empleados, a los propietarios de la tierra, a los bancos y al Estado para aproximarnos a un Uruguay Productivo.