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Una de sus tantas hazañas

Sandalio Charamoni

F

inalizado el Campeonato Departamental de Fútbol del año 1926, la Liga había designado la Comisión de Selección para que nombrara el plantel del que saldría el combinado local con vistas a próximos compromisos con equipos de localidades de dentro y fuera del país. Luego de varias sesiones quedó constituido el conjunto titular con sus respectivos suplentes. En ese equipo titular formaba, como pieza fundamental, el formidable delantero Sandalio Charamoni.

   El plantel fue sometido a un riguroso entrenamiento y en una de esas sesiones de práctica, se lesionó nada menos que el crédito del equipo: Sandalio Charamoni. Había sufrido una luxación del tobillo derecho el que aparecía muy hinchado, lesión muy dolorosa, que le impedía caminar.

   En el primer encuentro, no podría precisar si fue contra el club Racing capitalino, o contra el combinado de Cerro Largo, nuestro conjunto tuvo que bajar al campo sin su celebrado delantero Charamoni, el que presenciaba desde las tribunas el desarrollo del partido. Nuestro equipo produjo, en el primer tiempo, una muy magra perfomance, en especial su línea delantera que careció en absoluto de profundidad y trabazón en su accionar. Ese primer tiempo terminó con el resultado de: visitante 3, Tacuarembó 0. Ya en los vestuarios, con la desazón que provocaba ese esfuerzo fallido, mientras se barajaban fórmulas para mejorar esa pésima actuación, apareció Charamoni, caminando con enorme dificultad y se apersonó al Presidente de la Liga, que era a su vez Presidente de la Comisión de Selección, rogándole que lo incluyera en el equipo, que él podría jugar. Fue examinado por el médico del conjunto, el que comprobó que de ninguna manera, podía intervenir en el encuentro.

   Pero Charamoni tanto insistió, tanto rogó, aduciendo que bien masajeado y bien vendado lograría aguantar esos 45 minutos que faltaban, que al fin se accedió al deseo del notable delantero tacuaremboense. Fue así que Charamoni ingresó al campo, ese segundo tiempo, ocupando su plaza habitual de insider izquierdo. Se inició la segunda etapa y desde el vamos, el conjunto local, era otro muy distinto al de la primera, al influjo de su maravilloso accionar, del empuje y de la contundencia de aquel gran jugador, que enfermo y todo era un ejemplo de vergüenza y capacidad deportiva. Y terminó el partido 3 a 3. Los tres tantos del conjunto de Tacuarembó los había convertido Sandalio Charamoni, en tres magníficas jugadas, que hicieron vibrar de entusiasmo al numeroso público que presenciaba el cotejo.

   Así era Sandalio Charamoni. Modesto, sencillo, leal, pero genial y grande como futbolista, a quien la afición deportiva de Tacuarembó, le debe un grandioso homenaje por todo lo que él realizó por nuestro balompié.

(Extraído de “Voces de mi terruño”
José A. López Cabas – 1982)

Dardo López


Tabaré González y Dardo López con la camiseta del Club Ferrocarril.
Estadio "18 de Julio" (1965?)

Fue además de ídolo, mito.
Diferencia tal vez, entre el atleta y el caudillo.

E

l rigor de la vida, fue su escultor personal. El Barrio López, la Laguna de las Lavanderas, el Parque 25 de Agosto y la pelota de trapo, fueron testigos y protagonistas de su andar de pantalón corto... de su preparación y marcha hacia el fútbol mayor. Humilde, sencillo, (faceta común a los líderes), estatura regular, rostro adusto, sonrisa amplia, fortaleza física inusual, revestían una aptitud interior de eterno ganador. Varón por vitalidad convicción, asumió presta y gallardamente la conducción espiritual de los defensores de los gloriosos colores departamentales y con su voluntad invulnerable se lograron los mayores éxitos deportivos.

   Se perfiló pronto con rasgos muy personales. Su humildad, su silencio, incluso su timidez, fuera del campo de juego, tornábanse dentro exhuberancia física, potencia, temperamento, músculo, sacrificio, voluntad, presencia, contagiada a sus compañeros, componían la mayor virtud del equipo (piernas fuertes empujadas por un gran corazón). La generosidad de esfuerzo y la guapeza que demostrara en infinidad de torneos, su fe de atleta y su convicción ganadora, lo hicieron líder, orientador, ídolo, cacique y caudillo, papel que desempeñara con prestancia y éxito brillante.

   Hoy su ausencia se torna insustituible; el recuerdo reclama un fenómeno igual... pero en mucho tiempo fue y será único, y el testimonio de los más destacados rivales es prueba de que marcó una época (para nuestro fútbol inolvidable).

   Si en el más allá hay fútbol, “Pilincho”, andarás descalzo y de pantalón corto detrás de Charamoni, de Escobal, Valentín Moreira, Moroy, el “Rama Ferreira”, “El Gotera”, Rivero y otros, buscando una camiseta, cualquier número, pero Roja y Blanca, y la gloria que aquí fue junto a la humildad tu compañera, tomará tu brazo para eternizar tu nobleza.

(Extraído de una publicación de la Asociación de Fútbol de Tacuarembó, año 1975, diagramada e impresa por Imprenta Rego con fotografías de Luis Alberto Morales.)