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Encuentros
digitales
«Encuentros
digitales» es una sección de la página web del diario
español El Mundo (www.elmundo.es).
En ella, lo lectores pueden realizarle preguntas a un
invitado; el 21 de enero el protagonista fue el escritor
uruguayo Tomás de Mattos, que respondió a las
interrogantes sobre su novela "La puerta de la
misericordia".
El uruguayo Tomás de
Mattos ha convertido a Jesucristo en protagonista de su
novela. En efecto, una idea así hace que sea fácil hacerse
a la idea de lo ambicioso de esta novela. El Nobel José
Saramago ya se atrevió con algo parecido en ‘El evangelio
según Jesucristo’, pero esta vez es un cristiano quien se
ha decidido a ficcionar la vida de Dios.
EL
DIÁLOGO
Poner a Kafka y a
Dostoievski en la misma ensalada semiótica está muy de
moda. Sin embargo, dentro de este contexto suyo, con la
palabra ‘misericordia’ jugando un papel determinante,
parecería ser una hazaña poco menos que de los tiempos de
la Reconquista. ¿Por qué eligió a estos dos autores?
¿Qué le aportan a su visión de la misericordia cristiana?
—No lo hice siguiendo los
impulsos de una moda, más de un crítico ha señalado el
sesgo ‘anacrónico’ de mi obra. Creo que he obedecido a
una pulsión de afinidad. En los dos autores citados, la
búsqueda obsesiva de un sentido de vida, el rechazo de la
heteronomía como orientación del comportamiento me parece
notoria. En el caso de Dostoievski su convocatoria fue
insoslayable porque él estaba escribiendo, al tiempo de su
muerte una novela sobre Jesús, cumpliendo un proyecto que
ya alentaba al tiempo de escribir ‘El Idiota’. Los
papeles que dejó fueron objeto de un estupendo e
imprescindible análisis por Nicolás Berdaiev, hacia 1922,
y que fuera publicado en castellano con el título de ‘El
espíritu de Dostoievski’ (Lohlé) o ‘El credo de
Dostoievski’. La perífrasis de Kafka también me resultó
insoslayable por la terrible sugestión de su parábola ‘Ante
la Ley’ incluida en ‘El Proceso’. El pasaje kafkiano
funciona como un clamor de acceso directo -sin el escollo de
intermediarios- a la plenitud que Jesús ya satisfacía,
según el anuncio de Jeremías (31, 31). En el caso de
Dostoievki la respuesta sería mucho más extensa, solo
podría aludir a la exaltación de la vida ‘a la
intemperie’, como ‘valle de forja de los corazones’
donde el gozo y el sufrimiento se alternan como la
exposición al calor y al frío templan el acero, el
necesario ocultamiento de Dios para permitir la adhesión
libre al bien, el carácter inconcluso de la Creación, el
rol de partícipe que se le ha asignado a cada humano en el
desenvolvimiento de la Creación respecto a la construcción
de su propia persona y de su entorno más prójimo.
El relato bíblico es la
novela más leída de todos los tiempos. ¿No le parece
demasiado ambicioso competir con él?
—Las novelas se escriben
a sí mismas, se imponen al autor; de otro modo no serían
concluidas. El siglo XX le concedió a Jesús una muy
significativa atención en todas las artes narrativas.
Paradojalmente, no tuvo autores creyentes, por lo que sólo
se abordó la dimensión humana de Jesús. Yo necesitaba
leer unas novelas que, procurando atravesar esa dimensión,
de por sí fascinante, explorase también algunos velos -los
más externos- de su divinidad. Por eso me aboqué a
escribirla. Y como en parte me satisfizo y atrajo a mis
editores, la publicamos. La imprudencia es, pues,
compartida.
¿Ha tenido alguna
reprimenda por parte de la Iglesia católica?
—No. A nivel de su base
(me estoy refiriendo a la uruguaya) colegios, comunidades
religiosas, agrupaciones de jóvenes, de catequistas,
parroquias, etcétera, he recibido un muy cálido apoyo. A
nivel de cúpula (Conferencia Episcopal Uruguaya) una
complacencia silenciosa.
¿Es usted cristiano?
—Sí, procuro serlo. Y no
he encontrado otra forma mejor, que la de ser católico;
pero siento y trato como hermanas a las principales iglesias
de la Reforma.
Me he acercado a su
novela y, la verdad, me ha dado un poco de miedo. Es muy
imponente. Anímeme a leerla, por favor, el tema me interesa
y me apetece un empujón del autor que puede ser definitivo.
—Lo único que puedo
decirle es que cuando la escribí yo tuve muchos miedos,
entre ellos, el de su extensión. Procuré preservar su
amenidad a través de la brevedad de los capítulos (que,
por supuesto, funcionan como unidades narrativas en sí
mismas) que la convierten en una inevitablemente larga
escalera pero con escalones cómodos y no poco rellanos. En
Uruguay, país mucho más secularizado que España, fue
éxito de ventas (recibió de la Cámara del Libro la
distinción del ‘libro de oro’) y contó con un
importante respaldo crítico. Me atrevería a decir que no
es un ‘ladrillo’, aunque lo parezca.
¿Este Jesucristo es
católico o protestante?
—El Jesús-personaje de
esta novela está construido siguiendo muy de cerca a los
evangelios –fuente de todas sus iglesias– y teniendo en
cuenta exégesis y análisis teológicos tanto católicos
como protestantes (también se auscultó las
interpretaciones judías –sobre todo, Buber para el
Antiguo Testamento– y agnósticas o ateas). Repito que
siempre he procurado ser católico.
Dígame las tres
características principales de Jesús.
—Jesús, enteramente Dios
y enteramente hombre, fue un adalid de la interioridad, de
la praxis cotidiana de la solidaridad (sin permitirse
ninguna exclusión discrimi-natoria) y de la oración
(entendida como un diálogo, tanto intrasubje-tivo como
intersubjetivo, con las pulsiones que provienen de Dios).
¿Porque piensa que hay
que crear una figura como la de Jesucristo todopoderosa con
la voluntad de premiar o castigar? ¿Se doblega mejor así a
la gente creando un temor sobrenatural? ¿Yo pienso que sí
y Ud.?
—Pienso no tan distinto
que usted y siento igual y visceral rechazo a la
religiosidad sostenida por el terror o la codicia de
recompensas. La imagen de Jesús, que procura suscitar la
novela, no es, precisamente, la del Dios Todopoderoso, sino
la del Creador que se anonadó a Sí mismo para asumir –por
entero– nuestra finitud.
¿Cuánto tiempo le
llevó escribir una novela tan voluminosa? ¿Qué fuentes
manejó? ¿Qué papel juega la ficción en su novela,
vinculado esto con la verdad histórica?
—Prefigurar la novela, es
decir, escoger el punto de vista, el personaje-narrador, la
trama (cómo articular los hechos), el tono afectivo, la
selección de pasajes, etcétera, me llevó mucho tiempo:
casi treinta años. Resueltos los problemas, o aceptadas sus
posibles soluciones, la escritura no superó los dos años.
Es, por supuesto, una novela por lo que, tomando como
columna vertebral a los evangelios, primordialmente los
canónicos (y entre ellos, sobre todo, Juan), las fuentes
fueron muchos libros de cristología (vuelvo a mencionar a
Berdaiev y debo señalar a J. L. Segundo, Urs von Balthasar,
Ricciotti) y varias novelas con las que se dialoga.
LA
DESPEDIDA
Muchas gracias por haber
participado en este diálogo. Me despido con la necesidad de
conocer las reacciones de los lectores españoles, una vez
leída la novela, y quisiera acceder a sus críticas y
coincidencias, por lo que ya mismo le preguntaré a "El
Mundo" si sería posible organizar una nueva instancia
de contacto. Cordialmente, me despido de ustedes, Tomás.
El escritor
tacuaremboense Tomás de Mattos Hernández (57)
presentó su libro La Puerta de la Misericordia en Madrid.
La obra acaba de ser editada en España por Editorial
Alfaguara.
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