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Serenata a Catalina
Barcelona
Existen familias grandes,
de esas que se reúnen padres, hermanos, sobrinos, nietos,
primos, nueras, yernos y amigos. En esta oportunidad
publicamos la serenata que Santiago Marrero (Guito) le
brindó a su madre Catalina Barcelona Marrero con motivo de
la celebración de su cumpleaños.
Existen muchas personas
que cantan durante la vida; pero también existes aquellos QUE
LA VIDA les canta. Este es tu caso Catalina Barcelona de
Marrero (para muchos, Doña Cata).
Una mezcla de sangre
española e italiana, fluyó por tus venas de azulada
transparencia, exhalando por tus poros desde niña, ese
gusto por el trabajo, por la gente, por la música y el
canto, canciones de cuna de esas queridas tierras lejanas
fueron las primeras que aprendiste, cantaste, bailaste…
En la aurora de tu vida,
cuando los jóvenes años pintaban de tenues colores tu
rostro y tus grandes ojos negros apenas si divisaban el
esbozo de un sendero, cautivaste el corazón de un mozo toda
ternura y promesa de cariño, que en el cierre de la armada
de su lazo pialó tu destino, que unido al de él,
rumbiaron a construir un rancho en la orilla de un camino,
sobre una ladera desde donde podían divisar el paisaje del
bañado y el monte del Arroyo Cuñapirú. En Tres Cerros
hubo un rancho más. Un nuevo hogar donde comenzaba un
destino de trabajo y amor, de amor y trabajo. Las manos
hacendosas de tu Calixto y su fertilidad espiritual, te
llenó el patio de árboles, pájaros y gurises. Él
te llevaba en su alma mientras campereaba por el
campo; tú, lo guardabas como en un rezo de agradecimiento
en el altar de la dulce pobreza que constituía tu hogar,
lleno de sencillos pero gustosos arreglos. La guitarra de tu
Calixto sonaba en el patio en esas noches de verano, o en
invierno junto al gran fogón de la cocina, y las noches se
iluminaban con una milonga o un bello estilo. Colocaste una
moña azul y una túnica blanca uno a uno…y fueron siete
hijos que montados en la petiza mora, fueron desfilando
hacia la Escuelita del Rincón.
Al otro día muy
tempranito salías con tu Calixto rumbo a la chacra, allí
cerca del monte, y tras los bueyes y el arado, en el surco
que como vientre abierto, dejabas caer amorosamente la
semilla fertilizada por tus manos. Los inviernos se
entibiaban con el maíz y el zapallo; los veranos eran más
frescos con la sandía y el melón. En los mediodía de
enero, los esperaba en el medio de la chacra el gran tala de
fresca sombra y muchos pájaros, para un breve descanso
reparador. Otro día prendías la petiza mora al carro de
pértigo y con un montón de gurises y un gran atado de ropa
partías rumbo al Arroyo Cuñapirú, que te esperaba fresco,
cantarino, salpicado de mojarras allá en el arenoso
arroyito…
La necesidad de la hora
y el tiempo, por un mejor futuro para tus hijos, hizo que
tuvieran que partir dejando atrás a aquel querido pago de
Tres Cerros, rumbiando hacia Paso del Borracho. Los
inviernos rigurosos te vieron en una lechería, chapoteando
barro, meta ordeñar y ordeñar…
El tiempo comenzó a
marcar sus caminos en tu rostro en insinuantes arrugas; pero
a tu sonrisa, a tu gracioso chancletear y a tu canto no le
hizo mella. Nos enseñaste a amar, a querer a la gente, a
rezar todas las noches por la vida y el trabajo… Junto a
tu Calixto, nos mostraste un camino y nos demostraste que la
única riqueza que debemos acumular es la del alma, del
espíritu, que la única riqueza es la familia, la gente que
siempre amorosamente nos rodea.
Catalina Barcelona
de Marrero,
con esta serenata queremos cantarte a una sola voz, así
como te gusta, en familia y entre amigos diciéndote con
gran cariño, que cumplas estos 93 años muy feliz.
(25
de diciembre de 2001)
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