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Editorial

El año electoral llegó. Tenemos otra vez la herramienta necesaria para cambiar o mantener el transcurso de nuestro país, el voto. Antes de esa acción, la reflexión y una mirada crítica a los medios de comunicación que difunden y arman las campañas políticas es indispensable.

Cuando una noticia no gusta a empresarios y políticos, la consecuencia recae en el periodista, o en el director responsable. Y el error está en el silencio. En el silencio del periodista y en el silencio del receptor. Este error puede ser corregido y está librado a la suerte de ciertas decisiones solidarias en materia de ética. Como ciudadanos de este mundo, la ética se vincula a la percepción que se tiene del otro, a la solidaridad con el otro. Esa solidaridad se alcanza con el ejercicio del deber del público. Nosotros, los ciudadanos debemos aprender a recibir la información de manera activa y crítica, de lo contrario la dependencia es inevitable. Jesús María Restrepo cree que la actitud del ciudadano es pasiva y que le confiere a los medios, credibilidad. Según este teórico de la comunicación, el público carece de instrumentos para distinguir y el alfabetismo tradicional impide el desarrollo social. Para el colombiano Restrepo, el alfabetismo en medios se hace urgente para alcanzar una participación activa del ciudadano.

Pero no solo depende del alfabetismo en medios, en gran medida depende de la memoria y de la no coincidencia entre los verbos decir y hacer. La ingenuidad no nos librará y los discursos no sólo sirven para expresar ideas, son acción en sí mismos. Si esa acción no concuerda con lo dicho, de qué nos sirve. Reclamamos día a día participación, representatividad, y cuando tenemos el poder en nuestras manos, qué hacemos. Al ver, oír o leer un discurso enmarcado en una campaña electoral, deberíamos hacernos al menos dos preguntas, ¿creemos en lo que se dice o en lo que se hace?; ¿creemos en la información como mercancía o en la información como bien público?. Si coincide lo dicho con lo hecho y más aún las acciones nos sirven, por lo menos votaremos con conciencia. En lo que respecta a la información, éticamente hablando, siempre es un bien público. El medio de comunicación que no lo vea de esta forma, tiene un rumbo equivocado.

De Ramón Coyant

Querido amigo:

Hace poco volvimos con mi Sra. de España, donde estuvimos 4 meses visitando a nuestra hija Dora la que hace tres años y medio esta radicada en Barcelona, con su esposo y sus dos hijos: Ariana 5 añitos , y Nicolás de tres, este ultimo ¡catalán!. Viven en Llinars del Valle a 40 kilómetros de Barcelona. Es una ciudad muy hermosa, rodeada de montañas que cuando llegamos en agosto, estaban en todo el esplendor del verano, luego las vimos irse tiñendo con los colores del otoño y por último cuando nos vinimos, el 8 de diciembre ya las cumbres más altas (1800 m. más o menos) tenían las primeras nieves de un invierno que nos cuentan, es muy riguroso este año.

Llinars tiene la hermosura de los pueblos españoles que por un lado conservan antiquísimas ermitas (visitamos una construida en el año 1000., casas enormes de piedra, veredas muy angostas (se pagaban los impuestos según el ancho de las veredas) y por otro edificios de 6 y 7 pisos, súper modernos, preciosas casas-quintas con piscinas y toda la comodidad de la vida moderna.

Habría mucho para contar con respecto al "pueblo", vida y costumbres, pero lo que me movió a escribirte, es que llevando los nenes al colegio, termo y mate bajo el brazo, (como todo buen uruguayo), con mi esposa vimos estacionado un muy lindo auto, moderno, color rojo y tenía en su parabrisas trasero un stiker que decía: " ¡¡¡Arriba Tacuarembó!!!" Te imaginarás nuestra sorpresa, emoción, alegría, a tantos miles de kilómetros encontrarnos esa frase, por supuesto esperamos junto al coche hasta que llegó una señora amable que se sonrió y nos dijo que su esposo era el fanático tacuaremboense... es Guzmán, del barrio Artigas, hace 13 años que vive en España, se casó con una española y nos dijo que viene casi todos los años a Tacuarembó, por supuesto que nos encontramos varias veces para matear y conversar, recordando lugares y personajes del terruño querido. Esta es la anécdota que quería contarte del "pueblo"...
Recibe un fuerte abrazo.
Ramón Coyant (el buey para los amigos)

N. de R. El firmante fue ciclista y gran cantor de tangos, cuyo seudónimo era Roberto Muró.