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Emigrar para
estudiar
Cuando emigramos para
estudiar, nuestra vida cambia. A través de COMTA, la
Licenciada en Psicología María Cristina Pedronzo,
nos da pautas de cómo la familia y los jóvenes pueden
asumir esos cambios.
"En principio a esta
altura del año los chicos están viviendo diferentes cosas.
Están los que tienen todo resuelto para irse y están
aquellos que todavía tienen previas y esperan salvarlas
para encaminarse en el futuro. Indudablemente en la etapa en
la que están deciden mayoritariamente salir del medio.
Todos tienen la ilusión de irse a estudiar a otro lado, lo
que pasa es que a veces la realidad golpea mucho más a esa
ilusión, la fantasía de ‘qué lindo me voy solo,
papá y mamá no me van a controlar’, hay muchas cosas
que hacen la ilusión mucho más linda. En realidad, eso
pasa por la capacidad de cada persona en asumir los cambios.
Pasamos de un jardín a la escuela, de la escuela al liceo,
del liceo a un preparatorio y en un preparatorio tenemos
otras posibilidades ya sea dentro del departamento o fuera.
Lo bueno sería que esas personas ya hayan tenido un
pequeño despegue estando en su propia familia.
Indudablemente los cambios, las costumbres, los horarios, el
movimiento mayor de la ciudad, y también tenemos que
hacernos cargo de nuestra vestimenta, alimentación y salud.
La capacidad de repartir equitativamente los tiempos a veces
falla. Hay otras personas que tienen mas incorporado lo que
tiene que ver con hacerse cargo de uno mismo, y se le hace
más fácil. Esto es un micro-duelo de ambos lados, por un
lado de un chico que se hace un montón de ilusiones, y de
una familia que queda. Esa familia cumple un rol muy
importante, porque están aquellas mamás que siguen siendo
sumamente dependientes, mandándoles absolutamente todo
resuelto, sin que sus hijos tengan la capacidad de decidir,
le mandan la alimentación, cómo prepararla, cuánto tiene
que poner, y están otros que ayudan pero que tienen otro
tipo de dependencia, es muy diferente enviar una caja de
alimentos secos y después el estudiante decide que
preparar, que enviarle todo resuelto. Por otro lado, al
principio, enviar alimentos preparados, o la ropa lavada,
ahorra tiempo, pero es importante ir independizándose.
Algunos padres se vuelven
más controladores cuando sus hijos están estudiando en
otros departamentos…
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Todos tienen la ilusión de irse a estudiar a otro lado, lo
que pasa es que a veces la realidad golpea mucho más a esa
ilusión.
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—Son temores. En el liceo
parece que se desentienden de sus hijos, pero están ahí, a
través del comentario de una profesora, de un vecino, que
me llevan a conocer lo que pasa acá. En Montevideo muchas
veces tienen la posibilidad de perder contacto, porque no es
posible ir a Facultad a buscar a un profesor para saber como
le va a nuestro hijo en los estudios. Ahí entonces, tienes
que depositar la confianza y creer en ese otro que está
dando el mensaje de cómo le va y cómo va manejando los
éxitos y los fracasos. Para el padre que está acá
también se hace costa arriba, porque también está lo que
recibimos a través de los noticieros, y por eso se va con
mucho temor.
Indudablemente, el rol de
la familia es más de apoyo, más de motivación, más de
estimulación, y más de que es posible perder y ganar y que
es posible llegar.
Cuando vamos por primera
vez, es aconsejable ir con amigos, viajar seguido a
Tacuarembó...
—Depende de cada caso,
muchas veces pasa que cuando venimos seguido a Tacuarembó,
nunca terminamos de despegarnos y se nos hace cada vez más
doloroso. También tenemos que evaluar qué es lo que nos
sienta mejor: quedarnos o irnos, si es que cada vez que
vengo me perjudica. En lo que respecta a ir o no
acompañados, depende también de la situación; a veces la
relación entre hermanos no es lo suficientemente buena y
está contra la corriente en la convivencia y lo mismo pasa
con amigos, tíos, etc. Son cosas que se van viviendo en el
momento. Hay gente que se va sola, y marcha bien. Todo
depende de cómo fue su vida, su adolescencia, de cómo se
prepara para lo que se viene.
¿Cómo manejamos la
convivencia?
—En principio, no es
fácil conocer a las 8, 10, 15 personas con las cuales tengo
que compartir, si bien no se comparten todas las cosas, se
comparten determinados espacios. No es fácil adaptarnos en
tiempos, en gustos, en preferencias y en rechazos y algo que
me parece bueno es poder observar y tener tolerancia para
con el otro. Acá es como una negociación de muchas partes,
cada uno de los estudiantes que se reúne en un apartamento,
pensión o residencia, viene con una historia diferente, si
de repente tu tienes una manera de tender la cama y yo otra,
una forma de arreglar el baño, al otro le gusta colgar la
ropa en el baño, son cosas que se van sumando. La
tolerancia y la comunicación entre quienes conviven son
fundamentales para negociar un nuevo formato de vida.
¿Cómo se conjuga el
tiempo de estudio con el de recreación?
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El rol de
la familia es más de apoyo, más de motivación, más de
estimulación.
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—En la vida como en todas
las cosas nosotros tenemos prioridades. Sobretodo vemos qué
es lo que necesitamos, si estamos a cuatro o cinco días de
un examen y nos falta gran parte para incorporar, me pongo a
pensar si vale la pena que me vaya a la playa a pasar la
tarde. Me parece que me estoy jugando cosas más grandes,
cuáles son esas cosas más grandes, la frustración, por
ejemplo. Y ahí tenemos que elegir, la elección pasa por la
responsabilidad, por la madurez y por la capacidad de saber
qué quiero, cómo lo quiero y cuándo lo quiero.
Hay también gente que va a
estudiar una carrera de 5 años y le lleva 8 ó 10, habrá
que medir luego que fue lo más rentable para esa persona.
Porque también laboralmente cuando tu te vas a presentar
con 35 años a buscar un trabajo por primera vez en tu
profesión, algo que lo podrías haber hecho antes... algo
nos está diciendo. Existen otros casos, cuando una persona
es casada y tiene hijos, tiene que fraccionar su vida de tal
manera de poder hacer todo, y es muy distinto a cuando te
dedicas exclusivamente a estudiar.
¿Qué sucede cuando las
expectativas no se hacen realidad?
—Hay diferentes cosas,
una es por qué me voy yo a Montevideo, o a Rivera a hacer
el CERP, por ejemplo; voy porque yo quiero, porque yo tengo
ganas de ser y hacer tal cosa en el futuro, o porque quiero
disparar de la situación en la que estoy.
Muchas veces hay una huída
de casa, porque además todos mis compañeros se van, todos
los de mi generación se va, entonces yo también quiero ser
uno de esos todos. Por otro lado, cada uno de los chicos que
vaya a otro lado a estudiar, es necesario que tenga
claramente definido qué hacer, porque así se encuentran
con menos frustraciones y más éxitos. Si sabes de antemano
que te gusta tal carrera o curso, habrán materias que
tienes que esperar en tiempo para poder disfrutar más de la
realidad de la profesión, del oficio, pero es cuestión de
paciencia.
Otra cosa es cuando vamos a
probar suerte, a veces porque todos mis amigos se van, yo me
mimetizo, me engancho, me fusiono con ellos y hago lo mismo,
y pierdo de vista mis características personales. Si hago
algo que va en contra de mi capacidad, ese algo se me va a
hacer más costoso que aquello que me fascina y me ilusiona
a seguir investigando y estudiando.
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