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La sencillita, en el carnaval de 1999, cuando fueron primer premio. La historia sigue vigente...

La Sencillita

Heber Esquivo

 

L

a calle Dr. Abdo, a media cuadra de la vía férrea, está cortada por un Tablado: "El Chatón infiel", cuyo público fiel y compacto se extiende hasta la otra media cuadra y llega con sus estribaciones hasta las fronteras del Sandú. Y, se nota agitación en el galpón-sede del Club Cerrito pues en la dinámica inquebrantable que enorgullece y distingue su programación se ha producido un bache, por no concurrencia de un importante y esperado conjunto. Pero, la vacilación no cabe ante aquella expectante multitud: Entonces siete combatientes de la "Barra" del Cerrito irrumpen audaz y atlética-mente sobre el escenario de "El Chatón Infiel"enfundando sus torsos con la Verde camiseta, como "nacidos de un soplo de esperanza". ¡Y cantan! Y vuelan vibrando los aplausos. Porque cantan a puro corazón abierto y estremecido, los temas románticos, tangueros o folklóricos, favoritos del Pueblo en esa década del 50. Vocalizan al unísono fraternal, armonizando los distintos timbres, las canciones incubadas en las tradicionales serenatas, que la Barra del Cerrito prodigaba infaliblemente los 24 y 31 de cada fin de año sobre las ventanas abiertas en la alta noche para estrechar con el canto los afectos profundos, inolvidables, con los hermanos de las oscuras barriadas.

Retirada

Cuando los tiempos cambien
otra vez la primavera vendrá
y aún tras el crudo invierno
una flor siempre nacerá.

La rosa roja elegante
y humilde el malvón también
cerco pobre de madreselvas
o en una lata un clavel.

Ahí la glicina con su tristeza
llora en el patio llanto sin fin
jardín de barrio lleno de dalias
gladiolos, calas o algún jazmín.

Con esa fe nos vamos cantando
con la esperanza de pronto estar
otra vez juntos en el tablado
con compañeros que volverán...

   "Ésta letra fue escrita en la cárcel, en el Regimiento Nº 5, en la calle Ituzaingó de Tacuarembó, en el año 1972, y salió de la misma en las visitas: —Mi padre me repetía una estrofa, yo la memorizaba y cuando llegaba a mi casa la escribía, y así la murga la cantó en el año 1973 o 1974 (no recuerdo muy bien en cual)".

   Como comentario especial: la esperanza y la primavera y las flores, apostando al futuro, aún en momentos de horror y feroz dictadura... como los que vivíamos en ese momento, y sobre todo en ese lugar; el Regimiento Nº 5 donde la tortura y la incertidumbre eran lo frecuente..."

"Lula" ESQUIVO

   Al escuchar hoy esas canciones a la luz del Tablado, los vecinos que observan sentados en las veredas de la calle Abdo se ponen de pie para celebrarlas y corearlas.

   También, por primera vez cara a cara con la gente emiten las letras nacidas espontánea, anónimamente, a nivel del camión amigo que conduce al cuadro y la "pesada" de la hinchada a los cortejos futbolísticos, como la clásica: "Nosotros que nacimos de un soplo de esperanza y somos mensajeros de la felicidad... ...y aunque no ganemos el campeonato... ¡en nuestra Sede nos vamos a divertir!". Aquí la emoción honda se apodera del gentío. Porque hay algo misterioso, mágico, en la forma de cantar de esas gargantas, en esa entrega total y solidaria del corazón en cada nota: ¡Es la MAGIA MURGUERA! Porque hace casi dos décadas, en este mismo lugar del Barrio "La Palma", en las noches de febrero, de entre el tupido tacuaral que avasallaba esta esquina, brotaba flotando al viento para acariciar líricamente el sueño de los vecinos la tercia pionera del "Negro" Orosildo Umpiérrez, junto al coro del "Cachencho", el "Tierno" Leites, el "Cachete" Chaves, el "Negro" Cardozo, el "Elegante" La Para, Luis Ariel (Burgos) Chaves...

   Y los gurises de la camiseta verde que hoy vibran en "El Chatón Infiel" están recibiendo en sus pechos la herencia de ese sagrado fluido mágico de la Murga inmortal. Pues, en esta noche histórica rompe la clandestinidad de las Serenatas la tercia celestial del "Chamamé" para impregnar el alma del Pueblo amado con su trascendental belleza; aquí resonó públicamente el bajo profundo del Juan y el Carlos Samusenko, la melodía del "Cabeza" Leites, el verbo encendido de algún eterno militante popular, y, quizá el redoblante aún no superado del "Puro" Olivera... ¡Atención señoras y señores! Estamos asistiendo al alumbramiento de "LA SENCILLITA". Porque desde aquí ya no paró más. Atravesó alegre, erguida, rebelde y digna los períodos más hermosos, difíciles, críticos y tenebrosos de la segunda mitad del siglo veinte. Fue "Bermudas Rurales", "Barra Congelada", "Des-medidos", etc., hasta que, durante la dictadura, la valerosa juventud que la mantuvo militante-mente viva encontró la identidad de su existencia: "La Sencillita".

   Que simboliza la humildad callada y heroica del verdadero luchador. Y, sencillitamente, como vocera de este maravilloso Pueblo, ni el poder, ni la fuerza, ni la injusticia, ni la prepotencia, ni la cárcel, ni sus mártires, pudieron acallar su voz. Y sencillitamente, con sus albañiles de la canción fue asentando ladrillo sobre ladrillo para esa Biblioteca y esa Policlínica que hoy sirven a la comunidad. Y, sencillitamente desde Fidel (Cheche) Esquivo hasta Eduardo Arteaga con sus voces resonando en el Teatro de Verano de Montevideo, y, desde el "Chula" Rosas hasta Roy Alvez, pasando por el Tito Cuadro, el "Coquito", el "Cabeza" Cuadro, Yamandú Rodríguez y tantos más, proyectó el arte popular genuino por todo el país. Y, sencillitamente fue formando cada día personas fraternas y solidarias. Y, como en toda su sencillita vida cumplirá en todos sus términos la tarea esencial de su existencia: Rescatar jóvenes a través de la música y el canto para el mundo NUEVO, HUMANO, de Paz y de Alegría que inevitablemente construiremos entre TODOS.