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Dijo el Pato

"

En casa, me refiero genéricamente, es decir en las casas de la familia, había una tácita prohibición de hablar de Gardel. Esta era aún más visible en las mujeres las cuales se negaban hasta a escucharlo. Cuando por algún motivo surgía su tema ya fuera que alguien hubiera estado con él o que por alguna vía llegara una noticia o comentario, se bajaba la voz confiriendo a la conversación un tono de clandestinidad que todavía se conserva. No vayas a creer: no te pienses que yo mismo haya hablado estas cosas fuera de la familia y aún así, dentro de los pocos que nos permitimos abordar este asunto. Sin ir muy lejos ni en el tiempo ni en el espacio, mi sobrino, el que vive en Tacuarembó un día, de esto no hace muchos años, prendió la radio a la hora que empezaba una clásica audición de "El Mago" diciendo que "iba a escuchar al tío" a lo cual sus hermanas reaccionaron apagando el receptor. Ni qué decir de ir a ver personalmente sus actuaciones"

   "Hay algunas cosas que no te puedo decir que las recuerdo pero que alcanza con un mínimo detonante para que refloten, que empiecen a aparecer en algún rinconcito de la memoria imágenes de las cuales ya había perdido toda conciencia. Como te pasa por ejemplo cuando abrís un libro que ya leíste y entre sus páginas te encontrás arena que más que arena son restos de unas vacaciones que fueron buenas o malas, calificación ésta que por algún mecanismo de la mente que desconozco lo trasladas al juicio que te merece el libro. A mí me sucede que de repente una música, un olor o un sabor lo asimilo a un recuerdo y al volver a percibir aquella sensación me funciona una especie de gatillo y me surgen imágenes que unidas a aquella me resultan agradables o desagradables. Esta misma plática contigo... Si me apurás no puedo decirte desde cuando sé que somos hermanos. También por ahí andan recuerdos como chispazos de una venida suya cuando yo tendría siete u ocho años. En esa ocasión anduvo por aquí y por Tambores pues allí residía un amigo suyo, José Traverso al que llamaban Cielito, el cual cuando fue liberado después de una condena por homicidio en la Argentina pasó a vivir con una prima segunda nuestra de nombre Amanda. Dos cosas que se decía por entonces era que el propio Gardel recién había salido de Ushuaia también como liberado de aquel penal y que esa vez había cantado no solamente en Tambores donde se le conocía como "el Zorzalito" sino también en Tacuarembó. El propio fundador y director del Museo del Indio, don Washington Escobar con quien puedes hablar pues se trata de una excelente persona que además de tener una prodigiosa memoria, dice haberlo oído por esos años en el bar de un tal Correa".

De "Tacuarembó esquina Carlos Gardel" - Iris Sclavo (1993)


QUIERO EVOCAR...


Ofrenda lírica a la ciudad de Tacuarembó

A la vista te admiro remozada y moderna
yo que anduve tus calles de balasto y barro;
y paseando por ellas mis nostalgias desgarro
y en memorias me avivo por mi tierra paterna.

Lo perenne en las horas de tu gracia fraterna
me emancipa de toda la impureza que agarro;
no lastiman mis plantas lo mordaz del guijarro
porque el sol de tu días mis afectos alterna.

De las aguas del río que te baña la frente
capto indemne la esencia de un pasado viviente
que me ubica en un tiempo de gozoso añorar...

Tacuarembó... Mi sangre de querencia nativa
a tu seno retorna mi flor sensitiva
¡de enraizados quereres su homenaje a cantar!

Poema escrito en 1963 por Luis Rodríguez Legrand
(Nació en Tacuarembó el 13 de diciembre de 1896)

El civismo

 

A

A la gente no le era extraño el quehacer político; el Partido Nacional tenía una gran mayoría sobre el Partido Colorado, como si el eco de la hecatombe de Masoller se quedara en la vieja octava para revivir en cada una de las elecciones su singular apego a la divisa blanca. Pero era curioso, ni esas grandes mayorías, menoscababa a la autoridad; ni esta, se sentía más por el hecho de serlo. Y ahí si que se daba aquello de que "nadie es más que nadie" respete a me hago respetar.

   Solo el Partido Nacional hacía grandes manifestaciones, la gente aparecía en grandes columnas con sus jefes al frente, de distintos lados; pudiéndose ver: a don Anacleto Bica, Chico Castro, Antonio Caillaba, Carolino Alvez y al Cnel. Fructuoso Macedo; siguiendo, los subjefes, como Prudencio Macedo, Loreto Casariego y el comandante Duvimioso Britos. Las populosas asambleas contaron con la presencia de los más destacados políticos de la capital, como Luis Alberto de Herrera, Basilio Muñoz; de Tacuarembó César Z. Palomeque, Pablo Ríos, Alberto Moroy; de Melo Guillermo Moratorio Palomeque, Solano Noblía y de la propia zona el Dr. Leopoldo Bruera. Recuerdo al moreno Orfilio Pereyra contar emocionado que el Dr. Washington Beltrán, encima de la capota de un auto, en Las Toscas, señalando al cementerio decía: "allí están nuestros abuelos y nuestros padres y allí vamos a ir uno a uno; todos nosotros" acaso, estaría diciendo que somos hechos de tiempo y hacer el bien es nuestro deber indiscutible.

   Mientras, que el Partido Colorado no hacía asambleas, ni sus figuras de la capital concurrían; solo don Luis Batlle Berres estuvo en El Modelo y don Tomás Berreta pasó por Las Toscas y Aguiar; salvo raras excepciones, pudo haberlas, que escapen a mi memoria.

   Los jueces de paz eran Luis Beltrán Barbot, Rafael Daniel Millot, José Nieto Laborde, Oscar Benavides, Vicente Borgarelli, Cirilo Coitiño, Pantaleón Moreira y Félix Miralles; nos detenemos con la nómina en 1946. Los comisarios que tenemos datos son los Silveira, Silverio, Pedro (Perico) y Hermenegildo; Eduardo Bentancourt, Vicente Borgarelli. En 1938 se divide en dos la sección, siendo el primer comisario de la nueva 8ª (porque quedó reducida) don Geraldo Lotito. Otra autoridad, juez de distrito, era don Martín Alvez, que montado en una baya hacía sus recorridas, popularmente "el teniente alcalde"

Extraído de "Caraguatá en Recuerdos" de Leopoldo Romero