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Señas particulares... Huellas... Rastros en la piel... Primero los más audaces... Hoy vemos tatuajes y piercing en muchos de los cuerpos uruguayos (tacuaremboenses incluidos) amenazando con transformarse en una moda que aflora mayormente en verano, más allá de clases sociales, edades y sexos.
ara muchos el fenómeno es nuevo, "eso que se hacen los chiquilines ahora", pero son prácticas milenarias. El origen de la palabra "tattoo" es desconocido; se cree que deriva de la palabra del polinesio "tautau" onomamatopeya del sonido rítmico de los martillos al percutir sobre las agujas que utilizaban los tahitianos para dibujar figuras sobre la piel. En la antigua Grecia y Roma los utilizaban para marcar prisioneros, en Japón a asesinos. El término fue introducido en Europa en el siglo XVIII por el capitán James Cook y fueron sus marineros quienes iniciaron la tradición de hombres de oficios tatuados. En América del Norte tuvieron aceptación en masa durante la Guerra Civil (1680), siendo luego por mucho tiempo, los tatuados personajes de feria. Su llegada a nuestras tierras se produjo mucho tiempo después. El piercing era practicado en la antigüedad por tribus africanas y amazónicas. También cuentan las "leyendas" que cada vez que un pirata cruzaba un océano se agregaba un aro. Para la sicóloga María Cristina Pedronzo, los tatuajes en nuestros días responden en principio a una moda (sobretodo entre las nuevas generaciones) y como tal tiene un importante impacto social que puede crear controversia, pero se debe diferenciar lo que es un tatuaje por modismo -propiamente dicho– a lo que son otros tipos de tatuajes, como por ejemplo, tatuarse todo el cuerpo. "¿Qué es lo que esas personas necesitan marcar? Sin duda una identidad, un rol, una búsqueda de un espacio en el mundo, una forma inmediata de diferenciarse y hacerse notar. Hay diseños, dibujos, ideas que expresan lo que hay en el interior de las personas, ¿qué es lo que necesitan tapar? Hay quienes se tatúan nombres de seres queridos, ¿qué sucede con los afectos en esos casos? Se pueden presentar extremos patológicos. Aquellos que utilizan su piel para tales prácticas manifiestan un desafío y también algo de exhibicionismo". Tuvieron un simbolismo según la época: en los 60 tatuarse se convirtió en una especie de signo de rebeldía, con los 70 y los l80 se difundió entre las clases económicas más altas originándose una cultura alternativa y extravagante. A la dermatóloga Beatriz Echenagusía le preocupa la prevención; que lo locales y tatuadores ofrezcan garantías, en cuanto a sanidad e higiene para evitar infecciones sanguíneas, para lo cual los materiales deben ser 100% descartables y deben existir métodos de esterilización adecuados de la piel e instrumentos a utilizar. En Tacuarembó no ha habido casos de contagios. Para evitar posibles alergias o infecciones (traumatismos de la piel) las tintas deben ser de buena calidad (pigmentos vegetales antialérgicos) y las agujas descartables, de lo contrario se pueden presentar ciertas complicaciones como verrugas planas, ampollas, algún tipo de soriasis y granulomatosas crónicas. Pero realizados en una manera responsable, con los cuidados adecuados no presentan dificultades, resisten los bronceados permaneciendo intactos, e incluso no considera la idea de que "si tienes un tatuaje no puedes donar sangre", considerándolo más un "mito urbano". Importa destacar que si te arrepientes, solo con láser te lo puedes quitar y es un tratamiento costoso, o con cirugía de injerto de piel. En Tacuarembó no hay muchas personas que se dediquen a este oficio porque en realidad acá no brinda ganancia. Quien piensa tatuarse lo hace en Montevideo o Rivera donde hay mayor oferta y el costo es más barato. En nuestra ciudad funciona un local en barrio Montevideo, uno que estaba en Galería La Fe ya no funciona y un tatuador particular se fue a Rivera. En el país existe la Asociación Uruguaya de Tatuadores donde se registran los profesionales en la materia. El tatuaje. Arte para algunos. Negocio para otros. También es cierto que aparecen pronunciamientos en contra estas prácticas. El gobierno hace poco prohibió por decreto a menores de edad hacerse tatuajes y perforaciones, fijando reglas de control sobre los locales donde se realizan. Los que se tatúen o perforen la piel quedarán registrados en una planilla al igual que los tatuadores, estableciéndose como "zonas prohibidas" la cara, cuello, antebrazos y genitales. Es válido vigilar la higiene y sanidad de instrumentos y locales, pero limitar lugares en el cuerpo, prohibir zonas, pero la pregunta es ¿con qué fin? y se realmente da para tanto. A pesar que muchos lo consideran de mal gusto, la práctica crece día a día entre los jóvenes, rompiendo barreras de clase, etc. Formaron parte de ritos tribales, religiosos, mágicos, tejiendo a su alrededor una trama de profundidad, misterio y cábalas, y resulta hoy difícil que una norma pueda restringirlos "El tatuaje se deteriora con vos... en tu piel... y es ahí donde radica su esencia." |
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UNA REALIZACIÓN DE JÓVENES, CON JÓVENES, PERO PARA TODOS "La Salida" "Los jóvenes no somos un número te contamos que cosas nos suceden, y que futuro queremos".
ace pocos días se presentó el audiovisual "La Salida" un documental que habla de los jóvenes de Tacuarembó, su presente y su futuro. Editada en formato Hi 8, con una duración de 25 minutos, y producido por Cecilia Marrero y Ana Rodríguez, la película denota un contraste entre un ambiente urbano y otro rural del departamento de Tacuarembó específicamente. Rescata a través del reportaje, opiniones de aquellos jóvenes que están al borde de una decisión ya sea de emigración para continuar sus estudios o de conseguir un empleo para radicarse donde quieren o pueden estar. Por otra parte, narra la vida de tres personas de diferentes contextos y edades que ven limitadas sus posibilidades laborales y de estudio. La falta de perspectivas de futuro, genera depresión en algunos casos. Otros, se abren camino solos y logran sus objetivos. El objetivo del proyecto documental –según sus autoras– es brindar "una visión de conjunto, de sensibilidades que convergen y divergen, que no están siendo analizadas en ningún ámbito (social, político, psicológico, económico, sanitario, estatal, privado, etc.). Pretendemos generar material audiovisual para abrir espacios de reflexión/acción como grupos de discusión, talleres, etc. Incentivar la autocrítica, haciendo hincapié en sensibilizar a la población y despertando el interés de las instituciones que nos dejan al margen. Consideramos urgente cambiar nuestras propias condiciones de vida y éste audiovisual y la investigación que la sustenta es la forma que elegimos para hacerlo".
Además, las realizadoras pretenden "hacer llegar a los ámbitos académicos concentrados en la capital una realidad sobre la que no se está penetrando, ni contemplando: el desplazamiento que deben afrontar los jóvenes de acá como el desarraigo y otras dificultades que hacen a la particularidad del tema estudiado". La historia de tres personajes es la línea narrativa. Un clip de opiniones de jóvenes de diferentes puntos del departamento genera el contrataste esperado. Ruben, 29 años luego de estar en Montevideo, vuelve a Tacuarembó escapando de la violencia capitalina, prefiere la tranquilidad del interior. Depende económicamente de su madre. Espera conseguir trabajo en una empresa de la ciudad, pero también ganar del arte. Sentado frente a su casa y con mate en la mano, nos cuenta sobre su vida artística, una señora pasa y lo tilda de vago, porque no ayuda a su madre en los mandados. Más tarde, Ruben ensaya integrando la batería de una murga local y negocia una actuación en una fiesta privada. En un estudio de grabación, acompaña a quien hace los arreglos del primer disco del grupo juvenil "Casiunamurga" integrado por cinco jóvenes de Tacuarembó. Darío, 11 años. Vive con sus padres en "Cerro El Mortero", Valle Edén. Este año termina la escuela y cuenta lo que espera hacer en el futuro. Darío regresa de la escuela por un camino difícil de transitar, a veces el arroyo no da paso y debe faltar a clases. Ayuda en las tareas del campo a su padre y a su abuelo. Arrea animales, ordeña vacas. Transita muchos kilómetros para pedir permiso al encargado de una comparsa de esquiladores para vender quesos. Nancy vive en Tambores, tiene 15 años. Vive con sus padres. Participa en una radio que se pretende comunitaria, en la que trabajan jóvenes. Se arregla para ir al baile del liceo, sus amigos la esperan y conversan sobre sus gustos y su contextualización de lo rural. Nancy habla de la muerte (un compañero de clase se suicidó).También indica que quiere seguir estudiando, (en Tambores solamente tiene hasta 4º año del liceo). También fueron entrevistados: Atilio (viven en Tacuarembó, tiene 25 años, regresó de Montevideo donde estudiaba Economía); alumnos de segundo, tercer y cuarto año del Liceo de Tambores; Marisol (vive con su abuela en Caraguatá); Mathias (es de Caraguatá, residía en el Hogar estudiantil de Tacuarembó); Estela y Marta (de Laureles); Patricia y Mary (de Piedra Sola); Juan Pablo (de Piedra Sola); Federico (de Valle Edén); Marcos, Joel, Fernando y Eduardo (de Tambores); Dahiana y Nadia (de Piedra Sola); entre otros. Los entrevistados hablan de la contexto de vida y migración, de política, de los adultos, de adolescentes embarazadas, de sus deseos, etc. |
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