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A 69 de la muerte del ídolo:
El fallo de una jueza argentina confirma que es francés

L

a Justicia cierra la polémica sobre el origen de Carlos Gardel. La sentencia rechazó el pedido de que se realizara a sus restos un análisis de ADN. Esto lo había pedido una asociación gardeliana argentina para poner fin a la teoría de que el "Zorzal" es uruguayo.

   Por ahora, no será un examen de ADN el que certifique de una buena vez si Carlos Gardel era hijo de Berta Gardes y nació en Toulouse, Francia. Para la Justicia argentina eso ni siquiera está en discusión. De esta manera, el Centro de Estudios Gardelianos de Buenos Aires, que había pedido el estudio, obtuvo una victoria "a lo Pirro", como expresó su presidente, Enrique Espina Rawson. La Justicia no accedió a que se realice un estudio de histocompatibilidad genética entre "el Zorzal" y su madre, pero sí aceptó los argumentos con los cuales fue fundamentado su origen francés. "En ambos juicios sucesorios (en Argentina y Uruguay) se ha resuelto que la única heredera fue la madre del reconocido cantante argentino (Gardel tuvo nacionalidad argentina), la señora Berta Gardes", dice la sentencia firmada el 26 de abril pasado por Fabiana Schafrikde, jueza en lo Contencioso Administrativo y Tributario de Buenos Aires. "¿Acaso debe hacerse eco de versiones cuando la cuestión supuestamente atacada ya ha sido resuelta en sede judicial? Entiendo que la respuesta es negativa", dice la jueza, para rematar, categóricamente: "No hay controversia judicial".

   En agosto de 2003 los gardelianos porteños habían pedido una acción de amparo por una supuesta omisión del Gobierno en defensa del patrimonio. "Se halla en juego el patrimonio cultural e histórico cuando se pone en duda su origen genético cultural e histórico", decía el escrito presentado por Espina Rawson. En 1920, Gardel se presentó ante las autoridades uruguayas para declarar que había nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887, hijo de Carlos y María, "uruguayos fallecidos". No presentó documentos, sino dos testigos, uno de ellos su "compadre" José Razzano. No hay partida de nacimiento. Este es el dato básico que sostiene la otra versión, esa que afirma que el Charles Romuald Gardes de Toulouse no es el Morocho del Abasto. El cantante habría sido hijo del militar Carlos Escayola y la adolescente María Leila Oliva, su cuñada, con quien se terminó casando. Según esta interpretación, supuestamente para evitar escándalos, habrían entregado al niño a Berta Gardes, "empleada" en un cabaret. El Estado uruguayo avala esta hipótesis. Una ley de 1996 declara al 24 de junio como el Día de Gardel, y Tacuarembó como sede de los actos "por ser el lugar de nacimiento" de Carlitos.

   Pero en el testamento que hace en 1933, Gardel dice que su nombre es Charles Romuald Gardes y que nació en Toulouse el 11 de diciembre de 1890. A pedido del Centro de Estudios Gardeliano, el perito Raúl Osvaldo Torre certificó el año pasado la autenticidad de ese documento. "Luego de la trágica muerte de Gardel y cuando se inicia el juicio sucesorio, la Justicia argentina pide a la municipalidad de Toulouse una constancia de ese nacimiento y la consigue. Lo mismo constata la justicia uruguaya, algo que olvidan quienes fabulan que nació en Tacuarembó", dice el abogado gardeliano Carlos Perrotta. "Si es así, ¿por qué no se presentan los descendientes de Escayola, que aún están a tiempo para cobrar derechos de autor?"

   ¿Por qué ocultaba que era francés? "Podría haber tenido problemas con el ejército francés", conjetura Espina Rawson. Y saca las "Memorias" de Leguisamo, donde el gran jinete uruguayo cuenta: "A veces yo solía decirle: 'Decime, Romualdo', aludiendo a su segundo nombre. Entonces me contestaba: 'Oí Mono... ¿Me querés reventar? También me querés deschavar por ese lado..."

Gabriel Giubellino
(Publicado en Clarín – Argentina (24.6.2004)

Gardelia

DE LA HISTORIA AL MITO

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s probable que todas esas disquisiciones que hemos venido soportando entorno al lugar de nacimiento de Carlos Gardel, hayan tenido una importancia: instaurar el mito de que nació en Tacuarembó. Una vez constituido el mismo, la verdad histórica pierde sentido. Ello sucede, en primer lugar porque no estamos dispuestos a renunciar a la creencia. Imagínense que alguien viniere a enrostrarnos una legítima partida de nacimiento francesa del cantor. ¿Acaso eso cambiaría en algo las cosas? Seguramente no.

   Lamentablemente esos son los procedimientos que utilizamos con los extranjeros, con nulos resultados obviamente. Nuestra ineficacia se debe a que estamos combatiendo con armas del siglo traspasado. Tenemos todos los documentos y testimonios habidos y por haber que prueban su nacimiento en estas tierras. Como si fuera poco queremos hacer un análisis de ADN, en la creencia de que eso pondría fin a la discusión. Pero no. ¡¿A quién vamos a convencer con verdades históricas, científicas?! Seguramente persuaden mejor los secretos, la novelesca historia de su nacimiento, que toda esa abundante y aburrida bibliografía sobre su origen, que sirve pero no basta. Debemos dar el salto que hay entre saber y pretender vender la mera circunstancia de su accidental nacimiento, a sentir y convencer de que algo misterioso e inexplicable lo liga a estas tierras. Pero esto implica cambios muy importantes, de política y producción cultural, de visión empresarial, de paisajística, pero principalmente de mentalidad.

   Las circunstancias que rodean el nacimiento de nuestro héroe (su concepción, abandono, y posterior recogimiento) lo hacen digno de figurar en el libro de Otto Rank (*). También su muerte tiene lo suyo. Como una deidad solar muere en la más oscura noche, y a consecuencia de ello, nuestra fiesta de San Juan siempre estará ligada a Gardel. Todo en él está rodeado de brillo y eternidad. Brilla su rostro, sus blancos dientes, su pelo, su sonrisa. Brilla su voz, que además es eterna (por aquello de que cada vez canta mejor) Es la encarnación de la eterna juventud. Y como si algo faltara, lo percibimos rioplatense y hollywoodiano, apolítico, casi sin cuadro (o al menos hincha no fanático), urbano, suburbano y rural, mujeriego ganador, y sin embargo casto como Superman. En fin, es el héroe perfecto, y en esa dignidad debemos considerarlo.

DEL HOMENAJE A LA PROMOCIÓN

   Quien se acercare desde Montevideo a nuestra ciudad, se encontrará a su paso con un enorme cartel-caricatura de Gardel, un hotel que lleva su nombre, un monumento espantoso, y la terminal homó-nima. Da la sensación de que todo en esta ciudad se llama Carlos Gardel. Puede que haya algo de cierto en esto, que confundamos la promoción con el homenaje, heredera de una cultura burocrática y esta-tista. Pero en nuestra defensa diré que no quisimos que se le cambiara el nombre a nuestro departamento por el de Carlos Gardel como había propuesto un Ministro, y en el nomenclátor la calle Carlos Gardel es una vía muy menor de un barrio de nuestra ciudad.

   El Museo en lo que se conoce como la casa de Gardel en la localidad de Valle Edén, está muy bien, y junto a un entorno que cada vez va adquiriendo más atractivo (camping, al que quizá habría que agregarle algunas piletas, si hubieran termales mejor) es algo bien encaminado. Respecto de los festivales ("Semana Gardeliana" en el entorno del 24 de Junio, y "Vení a cantarle a Gardel" cerca del 11 de Diciembre) no han despegado aún, y hay mucho que trabajar al respecto. No puede encararse el producto cultural Gardel, soslayando el hecho de que el histórico Teatro Escayola sea el escenario de una imprenta. Evidentemente el mismo debe llegar a ser del dominio público, y restaurárselo, por la vinculación con Gardel, y porque además hace falta una sala teatral con capacidad en nuestra ciudad.

   En ciudades como ésta hay mucha sectorización y sectarización, seguramente hija de la falta de cultura. Hay quienes trabajan y toman el tema con cierta seriedad, y los demás dicen: no tenemos nada que ver con eso, hable con fulano, o ciclano, que les gusta. Como si la política turístico – cultural fuera una cuestión de gustos. Cada ciudadano debe ser un promotor turístico y un agente cultural. Gardel está ahí, como las vacas y los árboles, y no podemos desentendernos del tema. Tampoco debemos hacer de esto una cuestión generacional. Está difundida la idea de que Gardel es un icono de los viejos, y que a las nuevas generaciones no les llega. En principio eso es bastante falaz. Además, cualquier joven que quiera vivir en una ciudad próspera y moderna, si bien tiene derecho a que no le guste Gardel como tiene derecho a que no le guste cualquier otro artista, debe saber que no estamos hablando de gustos, sino de que un día un micro lleno de turistas japoneses con cámaras colgadas al cuello nos pregunten por qué ruta se llega a Valle Edén.

(*)Se refiere a la obra "El mito del nacimiento del héroe"
Cley Espinosa (Revista NI, junio de 2004, que se difunde por e-mail)
cleyesp@hotmail.com


Desde Venezuela revelan nuevo documento

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arlos Gardel tuvo una cédula de identidad venezolana. Sin embargo, esto no significa una nueva nacionalidad atribuida al "Zorzal Criollo", sino que el documento le fue entregado a Gardel cuando en el consulado venezolano en Puerto Rico pidió permiso para actuar allí durante la gira que culminó con su trágico accidente mortal.

   El tacuaremboense Santiago Pereira (53), propietario de la señal de televisión para abonados Tele Gardel, llegó el martes de Caracas donde visitó al también "gardeliano" Juan E. Moreno Gómez, ex embajador de Venezuela en Uruguay. "Me recibió en su casa y me dijo que tenía una sorpresa para mí. Me trajo el original de este documento expedido cuando él venía de Nueva York, para poder cantar en el Caribe, a días de su muerte", dijo Pereira.

   La cédula dice que Gardel es de nacionalidad "adquirida" argentina pero "originaria" uruguaya. Especifica que nació en Tacuarembó. Hoy Pereira le donará una copia del documento a la Fundación Carlos Gardel, para el Museo Valle Edén. "El solo hecho de que Gardel haya colocado en toda su documentación personal que nació en Tacuarembó ya es mucho. En Caracas estaban extrañados porque han oído hablar de nuestro pueblo. No podían creer que era oriundo de un pueblo de 48.000 habitantes, que en épocas de Gardel tenía 10.000".

(El País – 24/junio/2004)


El "gardelismo" uruguayo

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Hacia diciembre de 1941, mi compañero de estudios dejó pasar la fecha de su último examen. Habíamos estudiado filosofía durante un mes, levantándonos a la cinco de la mañana, pero el día fijado, él no apareció por Preparatorios, se quedó en su casa tomando mate y escuchando discos.

   Cuando le pregunté qué le había pasado, me dijo: `No pude. Quise ir y todo pero no pude. Gardel estaba cantando como nunca’.

   Creo que hay algo en este hecho. Tal vez, porque coincidió con mi examen de filosofía, o tal vez porque yo estaba predispuesto por muchos ejemplos de divagaciones ilustres, lo cierto es que la imagen de mi amigo despreciando el mundo mientras toma mate y escucha a Gardel, me pareció la estampa de un gran momento nacional. Más que el desembarco de los Treinta y Tres Orientales, con bandera y todo, más que la muerte del General Flores al lado del carruaje, o la batalla de Las Piedras llevada a cabo por Blanes.

   Juan Carlos Morniroli dejando de dar examen, chupando la bombilla y poniendo atención contra la radio, se me quedó grabado para siempre como uno de los episodios históricos de esta república. Alrededor de estas cosas –empecé a pensar- está nuestra nacionalidad, la primera sombra de nuestra nacionalidad, como se dice la primer sombra de la barba, cuando empieza a crecer el bozo sobre el labio de un muchacho"

(Anécdota de Carlos Maggi, publicada en 1980 por la Intendencia de Montevideo)