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de consulados y embajadas

"el sol acepta pasar por pequeñas ventanas" F. Eeden

En estos días se ha hablado con cierta polémica en algunos programas de radio –y por lo menos en uno de TV– sobre el nombramiento, entre otros, del nuevo embajador uruguayo en México. Al respecto me gustaría relatar un par de hechos que me han pasado en los consulados y embajadas uruguayas en diferentes países.

Juan Manuel Luque

al "Pepe" Korzeniak

 

L

as ventanas estaban abiertas, todavía  hacía calor en el abril australiano. –"No, ahora imposible, el cónsul está ocupado", me dijo la lindísima secretaria del consulado uruguayo donde había ido a pedir un nuevo pasaporte ya que había llenado el que tenía. –"¿Muy ocupado?", le pregunté dando una mirada alrededor de la vacía oficina del coqueto  apartamento del centro de Sydney, donde la puerta de la  particular del cónsul estaba entrecerrada. –"Muy ocupado" asintió abriendo un poco más sus ojos para darle más aseveración a su comentario.  Justo cuando decía  esto, una brisa entreabre la puerta de la oficina contigua y veo a un tipo comiendo unos croissants y leyendo el diario tranquilo. Molesta conmigo (¡!) la secretaria va y cierra la puerta. Era el cónsul, ¡ocupadísimo!

   En la década de los 80 Centroamérica era algo caótico, uno de los tableros centrales de varios campos de batalla ideológicos, con componentes muy complicados que van mucho más allá de este relato. El asunto es que entre guerrillas, escuadrones paramilitares, ejércitos paranoicos y otras piezas movidas como en un ajedrez gigante, era difícil viajar. Tenía que ir a la embajada uruguaya en Tegucigalpa puesto que me habían robado la cédula, dinero y algunas otras cosas en un bus en el centro. "¿Quién es?" Me preguntan desde el intercomunicador del edificio de la embajada. Me identifico como uruguayo. "¿Y qué desea?". Le digo que desearía entrar para explicar algo, a lo que me responden: "No, no puede entrar, explique desde ahí". ¡¡Y no me dejaron entrar en mi propio consulado!!

   Hacía poco Uruguay había abierto una embajada en China Popular. Era en una zona apartada de Pekín, en un edificio nuevo y vacío. Andaba en una encrucijada, un par de cálculos mal hechos, y la invalidez de un ticket de tren que había sacado para volver a Europa en el transiberiano y en el que me había confiado; me habían dejado sin plata. En la oficina nueva y espaciosa había solo una secretaria y el embajador, un político de barbita y apellido ilustre. Le expliqué la situación y me escuchó atentamente pensando en otra cosa todo el tiempo. Me dijo que no me podía ayudar en nada, pues si se ponían a ayudar a todos los que fueran a la embajada, se iban a fundir. Le pregunté, haciendo lo imposible para no poner nada de ironía a la voz, si llegaban muchos uruguayos a la recientemente inaugurada embajada en la –en aquellos tiempos– hermética China. Se paró y me invitó a irme.

   Bangkok; una amiga vietnamita venía conmigo al Uruguay; pero para tomar el avión necesitaba un papel especial certificando el certificado (¡!) emitido por la dirección de migraciones que ya había conseguido en Uruguay ya que no era posible conseguirle una visa allá. (No tenemos representación en Vietnam, solo un  consulado en Tailandia). La oficina de la cónsul era en un barrio lleno de casas de venta de ropa y calzados deportivos;  dentro de una firma comercial, que se ajustaba a la dirección que tenía del consulado, una tailandesa achinada nos atiende. Le preguntó por la cónsul uruguaya: "Soy yo" me dice en inglés, ya que no hablaba español....

   Cuando Susanne, mi señora, decidió venir a vivir a Uruguay desde Suiza, la Dirección  de Migraciones uruguaya nos comenzó a pedir una interminable serie de certificaciones, documentos y papelitos. Es algo maquiavélico y perfeccionado para trancar a cualquier extranjero que ose decidir venir a vivir acá. Entre lo solicitado habían un par de documentos que había que pedir en Suiza, y sellarlos en nuestro consulado en Berna. Ya mi llegada había puesto de malhumor al señor cónsul. Pero yo necesitaba el sellito, entonces lo consentía… Es curioso como en la mayoría de las oficinas del estado los empleados se creen con el derecho divino de hacernos los desplantes que se les ocurra; y eso no cambia en nada por el hecho de ser una oficina en el exterior. Hay una suerte de inexorable "energumenización"inherente al status de trabajador del Estado que trasciende fronteras. Me dice: "¿Por qué vino sin avisar?; tiene que pedir una cita antes de venir". (¡!!!!!) "Por qué,¿ tiene mucho trabajo?" le pregunté. "Eso no tiene nada que ver" me contestó ofuscado. El consulado estaba absolutamente vacío y el tipo lo único que tenía que hacer era sellarme un papel, por lo que iba a pagar 150 dólares, y quería que pidiera cita!!

   Necesitaba una carta de presentación emitida por la embajada uruguaya en Sudáfrica para conseguir una visa a Botswana.  Hablo con la cónsul de aquel entonces en Pretoria y le explico la situación. En aquellos tiempos de appartheid el gobierno sudafricano había inventado unas republiquetas negras dentro de su país, reconocidas únicamente por ellos; Venda, Transkei, Bophutaswana y otras. Confundiendo mi destino con esta última república títere la cónsul me dice que es imposible mi pedido ya que Uruguay no reconoce a Bophutaswana, le digo que no deseo ir ahí, sino a Botswana. "Ah, no sé, no importa, no reconocemos a ninguna de ellas."¡La tipa no tenía ni idea de lo que era Botswana, justo "arriba" de Sudáfrica, que gracias a la industria del diamante era uno de los países más ricos, prósperos  y organizados de todo el continente!

   Nido de trepadores, garroneros y arribistas, en la jerga interna el servicio exterior uruguayo es conocido como el "Butantán" entre ellos mismos,  mote que exime de mayores comentarios. 
La mayoría sin  visión geopolítica, sin preparación diplomática o comercial, y para peor con esa actitud de parecer molestos, acaso amenazados, cuando un connacional va a perturbar  su autoinstituida madriguera. No parecen saber que una de las razones de su estancia en el extranjero somos lo uruguayos que viajamos. En mis viajes conocí, entre cónsules y embajadores, a 140 diplomáticos uruguayos, y de ellos solamente 3 parecían saber lo que hacían; Néstor Canessa, Marta Pizzanelly y Hugo Cayrus. El resto eran una cuidada e increíble selección de ineptos que no parecían tener idea de cual es su función en el lugar do estaban y algunos siquiera una idea clara de dónde estaban.

   Conozco personalmente al Dr. José Ignacio Korzeniak, me honra su amistad,  y estoy seguro que es una de las personas más capaces para el cargo, no solo por el hecho de ser abogado, o tener innúmeros contactos por haber vivido en México durante muchos años (está casado con una mexicana), sino por que es una persona que jamás pretendería estar ocupado, atendería un compatriota por los comunicadores de los edificios, o lo dejaría al pairo y sin ayuda, o actuaría molesto por la presencia de uno; y, desgraciadamente, con el solo hecho de que hable español, y conozca los países limítrofes, ya estará por encima de una gran cantidad de diplomáticos que mantenemos y nos mal-representan por ahí.

   Si al final es tan simple lo que parece tan difícil; tener probidad y capacidad, y hacer por merecer los puestos que nos cuestan tanto a todos. Habría que conocer más antes de hablar, mas desgraciadamente en Uruguay eso no es requisito indispensable para hacerlo públicamente, –ni para ocupar puestos de trascendencia–. Podemos estar seguros que tendremos un brillante  representante en México, a pesar de lo que ladren muchos desde su oscura y recelosa ignorancia. Doy fe de lo que digo.

jmluque@adinet.com.uy

*Los hechos relatados sucedieron respectivamente en: IV/92,  VIII/ 89, II/ 90, XI/ 2000, VII/ 2002, XI/ 91.