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OBITUARIO 
El adiós a un mar de amistad
 

E

nvuelto en una bandera de nieblas y neblinas, se fue navegando lentamente surcando un manso mar conocido y familiar, don Zufriategui Acosta a quien llamábamos El Hijo.
En una mañana de mayo y con una bruma envuelta de música regional donde las guitarras, acordeones y algún bandoneón, teñían la brisa haciéndola más diáfana, se fue lentamente entrándose hacia un destino de mar sin fronteras, llevándose nuestras manos, nuestros ojos y nuestros abrazos...

Dos o tres gaviotas grises revolotearon el aire como pañuelos diciéndole adiós, hasta siempre...
El Hijo era de toda la barra.
Su mano extendida de finos dedos de pianista, era una prolongación de su alma y corazón. Desde el fondo de su barba espesa, nos regalaba el calor de la mejor sonrisa. Y sus ojos reían antes que sus labios y su palabra de tono suave, nos decía que la vida era un canto, que no debíamos cantarla solos, cantarla siempre en coro...

Pero El Hijo no se fue, porque cuando entramos en el galpón de Suárez o el boliche del Toto, allí lo encontramos parado con los brazos extendidos en un eterno abrazo, con su sonrisa triunfal y su voz rebozante de amor y un tono de verdadera amistad.
¡Qué bueno, fue haberlo tratado, conocido, amado...!

Guito y Tota
Mayo / 2004

Zufriategui Acosta (El Hijo) falleció en el barrio Montevideo, el viernes 14 de mayo a la edad de 50 años por causa de una enfermedad terminal. Jugador de la IASA tacuaremboense en su juventud, retirado de la marina, como pescador de alta mar había conocido océanos y continentes. Parroquiano de vino en el bar del Toto y el almacén del Cacho. Por su siembra de vida en sus últimos días, además de sus familiares lo acompañaban vecinos y amigos.

A mi amigo Pío...

M

entiría y te mentiría Pío si no expresara que estoy triste, pensativo y con dolor, que es difícil, convivir con estos sentimientos.

   Pero quiero tener contigo una charla, de un modo diferente, para compartirla con los amigos, con Miriam y tus hijos, para recordar y que conozcan aspectos, facetas, vivencias poco conocidos de ti. Generalmente, comprendemos y valoramos algo, cuando ya no lo tenemos.

   Te acuerdas que nos conocimos, luego de la creciente del 59. Salíamos del liceo juntos, estábamos en la misma clase, primer año. Te pregunté "¿Para dónde vas? – Pa´ allá" me contestaste y comenzamos a caminar; al llegar a 25 de Agosto y República Argentina (hoy Dr. Ivo), en la esquina del bar, tu dijiste "vivo ahí" y yo "allá". Eramos vecinos. Fue el comienzo de una larga y sincera, leal amistad. Compartimos los cuatro años del liceo. Por lo tanto cargado de sueños, anécdotas, picardías y frustraciones. Los picnics de fin de año, las clases de gimnasia, los primeros asados, el nacimiento de nuevos latidos del corazón. Tu siempre delgado, con la mirada aguda, inteligente, con una sonrisa burlona y muy callado. Pero siempre el mismo. Luego en 1963 el ingreso al Instituto Normal, con 15, 16 y el gran cambio. ¡Qué hermosos cuatro años! Podríamos escribir un libro. Formamos un cuarteto, para nosotros único, el "Loro" Samusenko, el "Capincho" Pérez, tu y yo. Recuerdas las clases de ritmo, manualidades, agronomía, higiene, puericultura, la práctica docente y tantas otras. Cuando comenzamos la obra del nuevo edificio, el trabajar con los presos, la traída de arena, pedregullo. Los bailes que hicimos en tantos lugares y tan diferentes: escuelas, Banco República y Caja Obrera antes de construirse los nuevos edificios. Hay cientos de situaciones muy especiales en los bailes de las escuelas de los barrios Torres, Pereira Fontes, Ferrocarril, etc. Cuando estudiábamos en casa, las "copas" del viejo, las tortillas de "verdolaga" de mamá, tú decías que nunca habías comido, pero siempre repetías. O los famosos jugos de leche, huevos y bananas, que el "Capincho" tenía medido la cantidad de vasos para cada uno, pero siempre conseguía uno más. Las charlas sobre la carrera, ilusiones y sueños para el futuro, con un fuerte contenido artiguista y vareliano. En el 66 la obtención del título. Y a seguir adelante. Continuamos en el Instituto Magisterial Superior, tú la especialización en Ciencias Sociales y yo en Ciencias. Año 67 ¡Qué año! La pensión 33, en la calle Mercedes entre Vázquez y Tacuarembó, trabajabas en una escuela en Canelones, las clases de noche. Días de mucha actividad, lucha, de apretar los dientes y seguir. Las noches en la vinería Teluria. Sorpresa y susto cuando dimos el examen de Botánica, Lagomarsino el profesor, te preguntaron la Taxomanía de Linneo, se la dijiste de "pe a pa", salvaste con sote, no lo podías creer, quedaste mudo y solamente reías.

   Nos encontramos al poco tiempo en la Escuela Nº 2. No fue fácil, maestros jóvenes con 24, 25 años en la Nº 2, pero no aflojamos. La vez que te denunciaron que en una fecha patria no habías cantado el Himno Nacional y que tu actitud no era la correcta. ¡Qué increíble! La gota que colmó el vaso: cuando nos piden el "Certificado de Fe Democrática". Veníamos en tu "fusca" verde del cuartel, de mañana, por la ruta 5 y al llegar al Frigorífico Tacuarembó, el tornado. Se detuvo el auto. Me dijiste "gordo esto no da para más". Por supuesto no nos dieron el certificado.

   Vamos a detenernos acá Pío. Dejamos de compartir juntos la túnica, pero no los principios, valores, ideales, sueños que nos eran comunes. Estoy seguro que en estos momentos, estarás sonriendo y pensando: "te embromé Gordo". Pero compañero NO, en algún momento, no sé cuando, pero tenlo por seguro que será así, volveremos a charlar para recordar "el tiempo" compartido y reflexionar sobre el "tiempo" no compartido.

   Compañero, un abrazo.

"Cerito" Escayola

José Pío Rodríguez Cardozo, falleció el 12 de mayo de 2004. Maestro, docente, empresario, político, entre otras actividades. Al momento de su fallecimiento ocupaba una banca de edil en la Junta Departamental de Tacuarembó en representación de la lista 400 del Partido Nacional.

Lalo Idiarte
 

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Campechano, con una gran bonhomía, y por sobre todas la cosas con gran sentido común", definieron al "Lalo" Idiarte sus compañeros de trabajo, que por más de cuatro décadas lo conocieron en el Hospital de Tacuarembó. Distintos clubes deportivos lo tuvieron como colaborador en su tarea de enfermero y en más de una cancha de fútbol se lo vió correr con su valija de medicamentos hacia el jugador lesionado, también le gustaba la pesca y el automovilismo. "Solidario, de buen carácter, buen amigo, sencillo y de trato afable", son expresiones que describen a un hombre integrado a los quehaceres de una sociedad que conserva todavía rasgos aldeanos. Con 25 años había ingresado como Auxiliar de Servicio y actualmente ocupaba el cargo de Encargado de la Administración del Hospital Regional.

Hilario Idiarte Ferreira, falleció a la edad de 67 años el 18 de mayo de 2004.

Torito: murguista, humilde y sencillo

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omo todos los artistas de pueblo, el "Torito" González hizo su retirada sin aplausos. Animador de carnavales tacuaremboense, es decir animador de gente humilde, la que surge "del suburbio" y pisa el hormigón. Murgas, comparsas, grupo cómicos y en cuanto tablado popular, estaba su figura, siempre estirando su mano solidaria para algún beneficio. "Cuantos de nosotros cantamos muchos de sus temas, que muchas veces eran sencillos, pero con un sentimiento limpio, que llegaba al corazón de todos" escribió Antonio Gancio en Batoví.

   Como súbdito de Momo su obligación era hacer reír, misión que cumplía para contagiar contagiándose de su gente. Cuando otros sin pintarse la cara multiplican sufrimiento, el "Torito" a carapintada sembraba alegría. En su deteriorado físico, la diabetes y la limitación económica hicieron su faena.

   En otoño sin batería y sin coro, "se fue un murguista" al decir de Gancio "así humilde y sencillo te fuiste, y así sencillo y humilde quedaste en el corazón de todo aquel que supo apreciar tu amistad y aceptarte como eras".

Heber Gabriel González falleció el 17 de mayo pasado. Una evocación murguera recordará su voz y su estampa en cada febrero cuando sus compañeros suelten un lagrimón.