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El Uruguay productivo y el endeudamiento ¿Ud. oyó hablar del Uruguay productivo? ¿Entendió a lo que se referían cuando hablaban del Uruguay productivo? Yo no.
e escuchado hablar de eso a políticos, a representantes sindicales, he leído artículos en distintos medios de prensa y escuchado disertaciones y visto audiovisuales que trataban del tema y siempre me pareció que bajo ese manto de Uruguay productivo se escondían distintas motivaciones e intereses, algunas veces antagónicas, y que nadie veía muy claro, o por lo menos no había unanimidad, en lo que había que hacer para conseguir ese objetivo. He ido al diccionario a buscar la definición de productivo y he encontrado que productivo es el que tiene la virtud de rendir utilidad, de originar bienes o servicios, de fabricar y elaborar. Si bien puede haber opiniones distintas, porque todo cambia, lo más parecido que yo conozco a que el Uruguay productivo sea una realidad es que el producto bruto interno, el famoso PBI, aumente en forma aceptable y continuada. Si echamos una rápida mirada hacia el pasado no podemos estar muy orgullosos. Nos hemos convertido en un país de emigrantes cuando en orígenes fuimos un país de inmigrantes. Y ello teniendo en cuenta que tenemos la más baja tasa de crecimiento demográfico en América Latina. Quiere decir que no hemos podido crecer en los últimos 50 años a un ritmo que nos permita dar ocupación a esa población emigrante que lógicamente, es joven y normalmente capacitada o por lo menos audaz e innovadora, lo que no es poco. ¿Puede producir más el Uruguay? ¿Por qué no lo hizo o no lo hace? Aquí esta la gran cuestión y las distintas respuestas que se dieron a estas preguntas podría ser un trabajo de investigación periodística muy ilustrativo para la gran masa de los uruguayos, entre los que me incluyo, que vería más claro las razones de la falta de crecimiento del país. ¿Las razones son internas o externas? Podemos cargas las culpas a estas últimas, y decir que la globali-zación y el proteccionismo de sus producciones que realizan los países ricos es lo que impide nuestro crecimiento y hagamos lo que hagamos seguiremos como hasta ahora. Esto convierte al problema en una fatalidad y nos deja sin solución porque esa conducta de los otros no va a cambiar. Pero algo nos dice al oído que esa posición no es tan fatal porque en las mismas condiciones otros países emergentes se desarrollan y que Nueva Zelanda, por ejemplo, que tiene una orientación productiva similar cuadriplica nuestro PBI. Si en cambio los frenos al desarrollo son internos ¿de quién es la culpa? ¿Del gobierno, que no toma medidas adecuadas y oportunas y se deja erosionar en la credibilidad pública por la corrupción? ¿De los empresarios, por su ausencia de creatividad, de empuje y audacia, de su falta de solidaridad y su incapacidad para conseguir nuevos mercados? ¿De los trabajadores por su falta de preparación al enfrentarse a una tecnología que crece rápidamente, o por su bajo rendimiento en comparación con otras regiones? ¿De los servicios caros y obsoletos que limitan la competencia cuando se actúa en el plano internacional y hay que conseguir nuevos mercados? Según el sector que mire hacia el Uruguay productivo, va a encontrar que el estancamiento es responsabilidad de los otros sectores, nunca de sí mismo. Mientras dejamos que se dilucide el problema de quien es responsable de la falta de crecimiento, y cada sector asuma y resuelva la parte de la culpa que le corresponde, vayamos a ciertas consideraciones generales acerca de la producción y de su crecimiento. Si bien las cosas son un poco más complejas, las simplificaremos y distinguiremos en la producción los siguientes agentes: A) Los dueños de los medios de producción, que puedan ser empresarios o no. B) Los trabajadores. C) El capital de giro. Luego de la producción viene todo el problema del mercadeo o colocación, que dejaremos a un lado para referirnos únicamente a los agentes anteriores. Agente A – Hay más dueños de medios de producción que empresarios. Ello es desafortunado para el país, porque lo deseable sería que cada propietario, o sea aquel al que la sociedad le reconoce el derechos de disponer de un bien, lo haga para beneficio no solamente suyo sino también de la sociedad. O sea que lo deseable sería que todo propietario de un bien de producción fuera un empresario. Agente B – Los trabajadores. La oferta de mano de obra excede a la demanda. Por eso es importante que los propietarios de los bienes de producción sean empresarios, porque los empresarios dan trabajo pero los propietarios de los bienes no. La oferta excesiva de mano de obra deprime el salario y las condiciones laborales y favorece la emigración. Por otra parte la empresa cumple con el trabajador funciones didácticas adiestrándolo en disciplinas diversas. El trabajador desocupado va perdiendo destrezas y se va convirtiendo en un operario desvalorizado. Agente C – El capital. Es necesario para la elaboración en sí y para lo que se aplica en el desarrollo y crecimiento de la empresa en cuyo caso se llama inversión. El capital de giro y el de inversión son imprescindibles para la producción y puede ser propio o prestado. Para el capital de giro puede ser un préstamo a corto plazo, porque lo prestado se recupera fácilmente y puede ser renovado sin problemas de devolución. Si está destinado a la inversión, el plazo debe acompasarse al tiempo que tardará en implantarse la inversión y cuando ésta comenzará a rendir los beneficios que parcialmente se dedicarán a devolver el capital prestado y los intereses que dicho capital devengó. Un empresario cuida su crédito porque sabe que en cuanto demuestre dificultades para devolver lo prestado las condiciones en que obtendrá nuevos créditos serán más severas. Ello significa limitaciones en el monto y en el tiempo del préstamo y mayores intereses porque la suya se convertirá en una colocación riesgosa. Por ello si hablamos del Uruguay productivo o de aumentar la producción el endeudado moroso e insolvente no sirve. No conseguirá de las fuentes normales la obtención de nuevos préstamos porque lógicamente las entidades responsables no prestan a quienes no les pagan. Sin capital de giro tendrá que recurrir a financiaciones usurarias que empeorarán su situación. De hecho en las sociedades desarrolladas el empresario sin crédito deja de funcionar, con la aplicación de un criterio similar al que se utiliza al despedir a un obrero por falta de competencia. La economía no es solidaria, más bien es despiadada y como la justicia, ciega. Pero hay una cosa que es innegable, la producción se aumenta en primer lugar ocupando al máximo los factores productivos, ya sea tierra, equipamiento, máquinas, operarios, etc. Cuando todos los factores disponibles los tiene ocupado al máximo, el empresario a través de la inversión crea nuevas necesidades de factores productivos. Sin financiamiento todo esto no es posible a no ser que se tenga capital propio. Con deudores insolventes no es posible aumentar ni la producción, ni las fuentes de trabajo, ni habrá fuentes de inversión posible. El tema del endeudamiento no nació ayer, los bancos del Estado fueron desvalijados y en definitiva fuimos todos los que pagamos los platos rotos. Hay otra vez una brisa que augura que las deudas personales se diluirán en una obligación distribuida entre todos, a fin de que nadie se sienta desposeído. Eso es solidaridad, una solidaridad que pagarán nuestros hijos y nuestros nietos. Preparen los pasaportes. |
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