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EL DÍA NACIONAL DEL LIBRO... |
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...por
dónde anduvo? |
lo largo de los
siglos, los libros han estado ligados a la necesidad de
transformaciones sociales profundas, constituyendo motores
de cambios culturales e intelectuales de la humanidad;
herramienta de expresión y libre pensamiento, sobre los que
se ha ejercido represiones y censura, desde la incineración
de libros en tiempos de “herejía” de la Edad Media y en
la época de la Revolución Francesa hasta los años de
dictadura latinoamericana. Seguramente es este aspecto
renovador y de cierta forma solidario que por sobre todas
las cosas lo hace merecedor de algún tipo de homenaje.
El Día
Nacional del Libro se conmemora recordando el 26 de mayo de
1816, día en que a instancias de Dámaso Antonio Larrañaga
se inauguró la primera biblioteca pública. Con tal motivo,
en esa fecha distintas instituciones organizan actos
festivos. Pero a nivel mundial y desde el año 1996, el Día
del Libro y del Derecho de Autor se celebró en el mes de
abril, el día 23, impulsado por la Conferencia General de
la UNESCO que pretende así fomentar la lectura, la
industria editorial y la protección de la propiedad
intelectual por medio del derecho de autor en el mundo
entero. ¿Por qué esa fecha? El 23 de abril de 1616
fallecían Cervantes, Shakespeare y el “Inca” Gracilaso
de la Vega. También en un 23 de abril nacieron -o murieron-
otros renombrados escritores como Maurice Druon, Vladimir
Nabokov, Joseph Pla o Manuel Mejía Vallejo, originándose
así, de manera natural un símbolo para la literatura
universal.
Sin dudas la
idea es alentar a todos, en particular a los más jóvenes a
descubrir el placer de la lectura y respetar la
contribución de escritores y creadores al progreso social y
cultural. Bien sabemos que tener el hábito de leer no sólo
profundiza nuestro intelecto, sino que además corrige
errores de ortografía a la hora de escribir y mejora
nuestra dicción enriqueciendo el lenguaje, convirtiéndolo
entonces en un instrumento de expresión, educación y
comunicación, que muchos vieron amenazado por el avance de
la tecnología informática y la universalización del
acceso a internet, como antes en la expansión de los medios
de comunicación masivos como lo son la televisión y radio,
poniendo de manifiesto la necesidad de preservarlos y
promoverlos... pero ¿qué sucede cuándo el libro deja de
ser una obra intelectual para convertirse en una mera
mercancía, en productos editoriales o en artículos
industriales desempeñando un papel económico en nuestras
sociedades, que muchas veces benefician más a editores y
libreros que a los propios autores?
La función
comunicadora del libro se ve opacada cuando no puede llegar
a todos los estratos sociales, razón por la que muchos
escritores se preguntan en definitiva para quien escriben,
consientes de que quienes tienen el poder adquisitivo para
acceder a los libros es una especie de “élite”...
¿Cuánto tiempo pasará para que los libros de Jeremy
Rifkin, Sartori, Savater o La verdadera historia del Club
Bilderberg lleguen a las bibliotecas públicas? ¿ Y cuánto
más para que todo el público pueda procesar esa
información?
¿Cuántos
escritores y artistas no logran desarrollar sus obras porque
no cuentan con los medios económicos suficientes para
publicarlas? ¿Cuántos talentos anónimos
desconoceremos?... aunque al fin y al cabo como dice Galeano
“¿la poesía sólo vale la pena cuando se edita?”.
Más allá de
éstas consideraciones es innegable la estimación de un
libro... porque los hay de cabecera, a los cuales tenemos de
referencia y consultamos continuamente. Hay otros hacia los
que sentimos un singular aprecio, nos cuesta prestarlos y
nos aferramos a ellos. Existen libros “compañeros” a
los que no nos aburrimos de releer y descansan junto nuestro
sobre la mesa de luz o debajo de la almohada y también hay
excelentes libros que con el paso de los años se convierten
en verdaderas reliquias... más en éstos días en los que
se complica cada vez más la producción de hojas de papel
en las que podamos plasmar y difundir ideas.
bettina@tacuarembo2000.com
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