|
Los nombres
más raros del Uruguay
La diversidad
y peculiaridad de los nombres con que muchos uruguayos
deciden anotar a sus hijos son un caso que no sólo cruza el
charco sino que desde hace tiempo captura la atención
internacional. Radar se sumergió en la guía telefónica
oriental y encontró mucho más que Washingtons y Franklins:
Flash, Pejerto, Dulce, Teléfono, Filete, Arbol, Nestos Odio
Papito, Esmédico, Democrático Palmera, Leo Dan, Potranca
Ruana, Amada Inglaterra, Tocayo, Circuncisión, Feo Lindo,
Roy Rogers, Walt Disney, Daniel Pistola y Libre Albedrío,
entre otros. No contento con el resultado, molestó a un
puñado de vecinos rioplatenses para que explicaran las
vicisitudes de llamarse Marca Registrada, Sarli, Arbol,
Hitler y Desdichado. Y contestaron.
Los argentinos suelen
asombrarse de los nombres de los uruguayos, y motivos no les
faltan. El acervo patronímico oriental ha despertado la
curiosidad a lo largo de los años, en el propio Uruguay y
en el extranjero. El primer gran investigador de esta
materia fue el médico Roberto Jorge Bouton, que recorrió
Uruguay ejerciendo su profesión entre 1913 y 1930. La
Revista Histórica, que editaba del Museo Histórico
Nacional, publicó en 1958 un trabajo de Bouton que, entre
relatos de costumbres y tradiciones camperas, recoge una
increíble relación de nombres de personas que él mismo
trató. La nómina incluye a los uruguayos Tránsito
Caballero, Tresfilos Tabáres, Vinobien Valdenegro,
Preciosísima Del Campo, Ermitaña Del Valle, Amigo Blanco,
Firmo Aldecoa, Capataz Sotelo, Canuto Arredondo y
Subterránea Gadea. Bouton nombra también a un joven
llamado Lazo de Amor Pintos y al señor Felino Valiente.
También da cuenta de un hombre bautizado Ciérrense las
Velaciones y del tierno caso del señor Caricias de la
Quintana, que luego llamó a sus hijos Arador, Enamorado y
Mensajero, y a sus hijas Bella y Pasión. Pero quien piense
que estos nombres son cosa del pasado se equivoca. En la
última edición de la guía telefónica nacional figuran
uruguayos con varios de los nombres que un siglo atrás
sorprendieron a Bouton. Allí están Francisco Felino
López, Canuto Abreo, Aguinaldo Dupetit, Tranquilo Parolín,
Esclavitud Sánchez, América Heroica Llano, Gloria del
Tránsito Ortiz y Dólar Anito Marr, por citar sólo
algunos.
Lo cierto es que los nombres raros están en cada
esquina de este país y siempre parece haber lugar para una
nueva sorpresa. En septiembre, a raíz de una huelga, el
Ministerio de Salud Publica publicó una lista de
funcionarios intimados a reintegrarse al trabajo. Allí
figuraban, entre otros, Elpidio Fernández, Oheflec Duarte y
Marcos Simbad Delfino. Pitaluga, un conocido dirigente
político y ex diputado, lleva el curioso nombre de Lucas
Delirio. En realidad, la variedad es infinita. Un integrante
de la Corte Electoral proporcionó una lista de increíbles
nombres de ciudadanos registrados en esa oficina, con la
condición de no citar sus apellidos. Allí figuran
uruguayos llamados Flash, Pejerto, Dulce, No Me Olvides,
Teléfono, Filete, Flor de té, Arbol, Oxígeno, Horina,
Flor de un día, Dos a uno, Nestos Odio Papito, Esmédico,
Democrático Palmera, Potranca Ruana, Chupita, Amada
Inglaterra, Julio Treintayuno, Tocayo, Banda Oriental,
Circuncisión, Feo Lindo, Sol y Luz, Daniel Pistola y Libre
Albedrío. Y estos nombres tampoco son un asunto de tiempos
idos. Y si no, que lo diga Arbol Santos, un montevideano que
debe su nombre a la pasión de sus padres por las maravillas
naturales. "Mis padres sentían una gran admiración
por la naturaleza y un asombro por todo lo que un árbol
puede dar a cambio de un lugar y un poco de agua", dice
Arbol. "Y además tuvieron la decisión y el coraje
de ponerle a un hijo este nombre". Arbol tiene dos
hermanas, cuyos nombres también homenajean lo natural:
Rocío y Luz Honor. Y según la guía telefónica, Arbol
Santos no está solo en Uruguay: tiene un casi tocayo en
Salto: Arbol Marques.
Novelas e historietas ¿Cuál es el origen de
estos nombres? Al parecer no hay una única explicación.
Miles de uruguayos deben sus insólitas gracias a la
costumbre –muy en desuso hoy– de bautizar al recién
llegado con el nombre del santo de la fecha. Tal es el caso
de Areopajita Beltrán, citado por Bouton, o de Arehopajita
Carballo, nacido en Aceguá, en 1923. Este extraño nombre
se debe a San Dionisio Areopagita, un integrante del
Areópago, un tribunal de la antigua Grecia, que fue
convertido al cristianismo por San Pablo y luego canonizado.
En la guía de teléfonos de Uruguay todavía hoy figura una
señora Dionicia Areopagita Fernández.
Las novelas que
apasionaron a algunos padres son responsables de otra buena
parte de nombres insólitos. Bouton cita el caso de una
mujer que le puso a su hija Misterfanoche y cuando le
preguntó por el origen del extravagante nombre, le
respondió: "Es una novela que leí hace mucho
tiempo". Hoy en la guía telefónica abundan las
Blancanieves y figura D’Artagnan Carballo. También consta
en una partida de nacimiento que en Río Branco fue
inscripto el niño Aladino Pereira.
Desdichado Cortés es un montevideano de 72 años que debe
su nombre a que sus padres adoraron la novela Genoveva de
Bravante, de C. Schmidt. Le pusieron a sus hijos los nombres
de tres de los protagonistas: Salvador, Sigifredo y
Desdichado, el hijo de Genoveva que nace en un calabozo. "Es
una novela muy linda", dice hoy Desdichado. "Yo
la tuve, la perdí y ahora siempre la estoy buscando, pero
ya no se consigue", lamenta. Claro que los padres
uruguayos no han leído sólo novelas... también están los
fanáticos de las historietas. Así, el 24 de enero de 1956
fue inscripto en Paso de los Toros el niño Roy Rogers
Pereira. Y en 1996, la revista Tres entrevistó a un
empleado de la telefónica Antel llamado Walt Disney De los
Santos. Walt Disney explicó entonces que su padre era un
policía que leía muchas revistas del ratón Mickey. Y
relató que tuvo que sacar su nombre de la guía de
teléfonos: "Me llamaban mucho, principalmente
chiquilines".
Homenaje a la Coca.
También el cine ha sido fuente de inspiración para muchos
padres uruguayos. El trisemanario Atlas de la ciudad de Melo
publicó en 1996 el edicto de casamiento de un panadero
llamado Glen Ford Silva. Y en Montevideo vive una mujer de
apellido Obelar, bautizada con el nombre Isabel Sarli hace
33 años. "Mi papá estaba enamorado de la artista,
por eso me puso Isabel Sarli", explica la señora
Obelar. Tan enamorado estaba su padre que, para que no
quedaran dudas de la intención de su homenaje, nunca llamó
a su hija por su primer nombre, Isabel, sino por el segundo,
Sarli. "Mi papá siempre me llamó Sarli y así me
llaman todos hoy. La gente siempre se admira de mi nombre",
agrega Obelar. Ella, a su vez, llamó a su hija Lorena
Paola, salvando las distancias. Es que el cine, la
televisión y la música argentina han dejado una profunda
huella en la nomenclatura uruguaya. Hoy existen unos cuantos
orientales llamados Leo Dan o Leodán, nacidos en pleno auge
del Club del Clan. Otros nombres tienen un origen más
asombroso, como el de muchos uruguayos llamados Trademar o
Trademark. Trademar Silvera relató su caso en la ya citada
nota de la revista Tres. "Soy criado en las costas
del río Yaguarón. Mi padre tenía un almacén y
contrabandeaba de Brasil. Un día trajo latas de guayabada
–un dulce brasileño– que decían "trade
mark", que en inglés quiere decir marca
registrada. Mi madre la vio, estaba esperando y dijo: "Si
es varón le voy a poner Trademark. Y bueno, cuando me
fueron a inscribir, el juez les dijo que era mejor sacar la
"k". Vamos a dejarlo Trademar, les dijo y ellos
aceptaron". Silvera se llevó la mayor sorpresa de
s u vida el día que en una oficina pública se encontró
con un tocayo. Pero se puede decir que no fue un hecho tan
excepcional, si tomamos en cuenta que hoy en la guía de
teléfonos hay cinco Trademar y un Trademark.
Otros nombres son
inexplicables, salvo desde un extraño sentido del humor. Es
el caso del niño de apellido Leche, anotado con el nombre
de Tomás en el Registro Civil el 15 de mayo de 1951. O el
del difunto cuyo aviso fúnebre atesora el periodista Homero
Alsina Thevenet en una colección de desopilantes recortes:
el señor Perfecto Gil.
Hitler de izquierda. La
geografía ha sido otra fuente de inspiración para los
papás de los recién nacidos de este país. Muchos
uruguayos llevan nombre de ríos, países y ciudades. Consta
en textos de estudio de Derecho el trámite de
rectificación de su partida de nacimiento que hizo una
señora bautizada Barcelona. Más raro es el caso de una
jueza que se llama Addis Abeba Martínez y que ha declarado
desconocer por qué su padre la llamó como la capital de
Etiopía.
Otra conocida afición oriental ha sido el homenajear en el
nombre de sus hijos a próceres y prohombres varios. Miles
de orientales se llaman Washington, Franklin, Lincoln,
Schubert, Darwin, Artigas o Napoleón. Beethoven Javier y
Voltaire García fueron futbolistas de renombre que hoy son
directores técnicos. En la guía de teléfonos no faltan
los Kennedy y los Eisenhower; los Spencer, los Hohberg y los
Luis Artime. Y en Pando, el 22 de enero de 1952, fue anotado
el niño Carlitos Gardel Hernández.
Claro que hay homenajes de gusto mucho más dudoso. Tal es
el caso del señor Hitler Aguirre, un comerciante de
Tacuarembó. "Yo nací en el 40, cuando la guerra.
Mi padre y mi tío se pasaban discutiendo: mi padre decía
que Hitler era mejor que Mussolini, mi tío decía que
Mussolini era mejor que Hitler. Al final mi padre me puso
Hitler a mí y mi tío le puso Mussolini a mi primo",
cuenta Aguirre. Puede decirse que el Hitler uruguayo es el
primer Hitler de izquierda en el mundo. En 1971 votó al
Frente Amplio y dos años después, cuando sobrevino la
dictadura militar, pagó ese pecado con 50 días de cárcel
y una inspección impositiva que arruinó el comercio que
tenía en aquellos años. Se refugió 27 años en el campo y
hoy, de vuelta en la actividad comercial, ya tiene decidido
volver a votar al Frente Amplio: "Ya hemos pasado
cien años con gobiernos blancos y colorados, ahora hay que
probar otra cosa ¿no?", explica. Pero tales
"ideas extrañas" no impidieron que cuando, hace
35 años nació su primer hijo, también le pusiera de
nombre Hitler. ¿Y qué dice su hijo del nombre que le puso? No dice nada. "Nunca
me dijo nada, ni sé si le gusta o si no le gusta". De
todos modos, en la batalla de los nombres, queda claro
dónde estaban las mayores simpatías de los uruguayos
durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras en la guía
telefónica de todo el país figuran apenas un Hitler y un
Mussolini, al mismo tiempo hay dos José Stalin, ocho Stalin
a secas, un Stalingrado y nueve Churchill o Winston
Churchill.
Balance complicado. Muchos
de estos nombres se conocen gracias a que algunos
funcionarios del Registro Civil llevan años fotocopiando y
atesorando para sí mismos algunas de las partidas de
nacimientos, casamientos y fallecimientos más increíbles.
Así se han inmortalizado los nombres de Nicanor Clandestino
Costa, Gaucho Puntiador Techera, Gaucho Carolino Acevedo,
Caerte Freire, Pepa Colorada Casas, Selamira Godoy, Termo
Piccinini o Johnny Dolars Aguilera. También se sabe que el
13 de julio de 1936 fue inscripto en Tacuarembó el niño
Juan Antonio Nicasio Francisco Manuel Antonio Bernardo Mario
Héctor César Higinio Molotov Gorki Iglesias Largo Abayubá
Yamandú Zapicán Cajals Engels, de apellido Seoane.
Es que la ley uruguaya no pone límites a la cantidad de
nombres que puede recibir un niño, ni tampoco coarta la
libertad de los padres. Sin embargo, el Registro Civil, en
los últimos años, ha comenzado a rechazarlos nombres que
pueden ser considerados denigrantes para la persona que los
recibe. Claro que nunca se sabe cómo alguien tomará el
nombre que le regalan sus padres. A Hitler Aguirre, por
ejemplo, cuando comenzó a ir al liceo todos los profesores
querían cambiarle el nombre a toda costa. "¡Qué
esperanza!", les dije. "Si mi padre quiso
para mí ese nombre, yo no me lo voy a cambiar". Algo
parecido le pasó a Desdichado Cortés. Un primo de su padre
era juez de paz y le ofreció hacerle sencillo y económico
el largo trámite necesario para cambiarse el nombre.
"Yo tenía 20 años y le dije que me dejara pensarlo
unos días. Lo pensé mucho y llegué a la conclusión que
yo iba a ser el mismo, con este nombre o con cualquier otro.
Y me lo dejé. Ahora me gusta, creo que debo ser el único".
Arbol Santos ha reflexionado mucho en su nombre y se nota. "Tener
un nombre así te fortalece, pero también te genera una
sensación de sentirte siempre distinto. Es difícil evaluar
el efecto total de llevar un nombre tan raro. Yo creo que el
balance tira a positivo, pero no dejo de reconocer que tiene
un lado muy complicado".
Por las dudas, cuando nacieron sus hijos, Arbol les puso
nombres bien sencillos.
Publicado en
la página digital del diario argentino PAGINA 12, el
15 de febrero de 2004.
(Material enviado a TACUAREMBO 2000 por Jorge Majfud)
|