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Tacuaremboenses en el gobierno
asta el momento se conocen algunos nombres de coterráneos que estarán ocupando cargos en distintas áreas del gobierno de Tabaré Vázquez.
En el Legislativo Mientras que en el Parlamento Nacional desempeñan sus cargos legislativos, el Dr. Eber da Rosa Vázquez, senador; el Dr. Julio Cardozo, diputado y Edgardo Rodríguez, diputado. Como diputada suplente por Montevideo está Heloísa Moreira Fontes (AU – FA) y como senador suplente está Felipe Yamandú Goiriena (VA – FA). Aún falta completar los órganos de contralor, por lo que no se descarta nuevos nombramientos de coterráneos. ESPERANZA EN LA CULTURA (*) Un escritor en la Biblioteca Nacional
l nombramiento de Tomás De Mattos (1947) como director de la Biblioteca Nacional es otro buen telegrama –véanse las autoridades correspondientes al SODRE– que el gobierno envía a los trabajadores de la cultura. Abogado, escritor, habitante de Tacuarembó y huésped distinguido y frecuente de Montevideo, De Mattos es alguien medularmente involucrado en las relaciones, no siempre sencillas, entre cultura y política. El autor de Trampas de barro, Bernabé Bernabé, La fragata de las máscaras y La puerta de la misericordia, entre otros libros, tiene un perfil especial para ponerse al frente de lo que debería ser en el país la guardiana principal de la cultura literaria y de todo lo que se expresa por la letra escrita – no sólo literatura –, y que quizá deba ya ampliar su competencia a otros terrenos.
De Mattos es un notable escritor y, como no podía ser de otra manera, un fino lector, desde su adolescencia en su Tacuarembó natal, cuando – como describe Washington Benavides en su prólogo a La gran sequía (Lectores de Banda Oriental, octubre de 1984) – transitaba por "las lecturas bíblicas (El libro de Job), la poesía de Juan de Yepes, la narrativa de Dostoievski, las paradojas de Chesterton, la prosa impecable de Jorge Luis Borges". Pasión que se delata en su misma literatura, como lo prueba la sentida interpelación a Melville en La fragata de las máscaras, o esa otra –monumental, incansable, indagadora– a Mateo, Juan, Marcos y Lucas que es La puerta de la misericordia. Quien así los libros ama tendrá mucho que hacer y aportar en la principal casa de los libros, de la memoria literaria de este país. Mucho, porque nuestra vieja biblioteca adolece de males largos y ya añosos, y mucho necesitará del temple, la capacidad organizativa y la pasión de quien esté a su cabeza. Que este cargo se asigne a alguien formado en la misma esencia de lo que va a cuidar y potenciar es, como se decía al principio, un estimulante telegrama. Recibido. Aunque haya que aceptar que este escritor perfeccionista y espartano cuyos libros se reciben con avidez deba sacrificar en parte su tarea creativa para ponerse a preservar la herencia de todos. R . O. |
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