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Imaginación

 

C

uando las grandes mangas de langostas azotaban a Caraguatá, bastaba una noche, para que le cambiaran el color verde de una quinta, por un ocre blanquecino. Testificando lo que decimos, en la centenaria casa Romero, don Juan Vázquez, decía: "minimus, eu veiño da casa du Indio (su hijo) y us cafañotos (langostas) cumeron todos sus pessegos (duraznos) y pur u caminho iaun perdendo us carozos, cristan de Deus!"
   Y el tío Lulca que estaba presente y además tenía por casualidad, unos carozos en sus bolsillos, los saca, diciendo: "Es verdade porque eu vinha detrás juntando..." A don Juan , que lo causó ninguna gracia la contramentira del tío Lulca; agarró el sombrero y se perdió de vista; dejando su copa a medio tomar.

D

on Carlos Ripio, tal vez buscando cambiar la historia de los caballos tordillos nadadores; armó su relato: "yo tenía un tostado, que era como pez p´al agua y en una ocasión de grandes crecidas, salía en él pa´sacar ganado, algunas veces nadando y otras, las menos, haciendo pie. Así anduve casi todo el día y a eso de la entrada del sol salí atrás de la estancia y el tordillo viejo; venía como si ni tal cosa"
   Un tipo que le seguía el relato, notó el cambio: "Cómo don Carlos, si usted entró en un tostado y va a salir en un tordillo?
   Y otro que mejor sabía del asunto, le dice: "qué querés, que no cambiara de pelo con tanto nadar...!

De "Caraguatá en Recuerdos" Leopoldo Romero

¿Un tesoro en la pared?

T

oribio Vidal fue Jefe Político de Tacuarembó y más conocido por su sobrenombre de Paja Brava. Este personaje integra nuestra galería de recuerdos y vivencias, pues, queremos revitalizar una pintoresca iniciativa de Ramón P. González, quien quiso que la tradición no se perdiera y fuera cumplida la voluntad de don Toribio Vidal con el secreto deseo de poder conocer algún día a su afortunado descubridor:

   "En el año 1887, don Toribio Vidal, (...) mandó construir el edificio que hoy, reformado, ocupa la Comisaría de la 1ª Urbana. En ese edificio estuvo la Jefatura hasta el año 1895, en que se mudó al lugar que hoy ocupa y que posteriormente fue reformado, dándosele el aspecto que actualmente tiene.

   Al construirse el edificio de la calle 18 de Julio, el Jefe Político de Tacuarembó que como hemos dicho lo era el nunca bien ponderado Paja Brava, mandó construir expresamente una caja adecuada al objeto que se proponía, y llenándola de monedas de aquel tiempo (bolivianas, peruanas, españolas, uruguayas, brasileñas, colombianas, etc.) la colocó en medio de una de las paredes del frente del edificio, diciendo: "Esta será para el obrero que, al demoler esta pared, le dé con el pico". Y ahí está, a la espera del salvador. ¿Cuántos años más tendrá que estar todavía ahí? ¿Qué valor tendrán esas monedas el día que se saquen? ¿Quién será el obrero que la suerte designe como dueño? ¿Quién lo puede saber? Estas son preguntas difíciles de contestar y un problema que sólo podrán resolverlo las generaciones venideras, porque aún hay edificio para rato".

Del libro Tacuarembó, historia de su gente
Sylvia Puentes de Oyenard

 


LAS FOTOS DEL BAR


El Cacho Ríos, el Moro Mello, y atrás, el Toto Latorre.