Página 7

Páginas - 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 

LA VIDA EN LOS HOGARES ESTUDIANTILES
Hacinados pero felices

El centralismo sigue obligando a emigrar del Interior a la capital a todos aquellos que quieren realizar estudios terciarios. Dónde vivir y cómo conseguir becas de algún tipo, son parte de los problemas centrales que deben resolver los estudiantes al instalarse en Montevideo.

Álvaro Pérez García (*)

 

P

ablo Villaluenga será contador. Hace tres años que vino de Tacuarembó a Montevideo y desde entonces no ha parado, de vivir, de sentir, de pensar. Tiene 21 años de edad y otros tantos de experiencias. Primero compartió casa con una tía, el clásico pariente montevideano que hospeda al del Interior. Después, por arte de magia, con un amigo se mudó a un apartamento de lujo en Pocitos. Una española era la dueña de esa casa donde abrir la heladera era un placer, desbordaba de bebidas y comida. Pero lo bueno dura poco, la española cruzó el océano y este tacuaremboense tuvo que salir a buscarse la vida. ¡Joder! Hoy un palacio, mañana una pensión de mala muerte.

   Hace tres año la mamá vestía como un repollo blanco a la hijita que cumplía 15, pura y virginal, hoy, obligada, la envía a los brazos de una ciudad enorme y "peligrosa", la hijita, los primeros meses, irá de la residencia para señoritas a la Facultad de Medicina rapidito, con la cabeza gacha, en un suspiro, con miedo a ser robada. Hasta que conozca el paño y exorcice los cucos y salga con soltura por los bares y las calles de una ciudad que irá haciendo suya.

LOS PENSIONADOS

   En una residencia que queda en la calle Lauro Müller, a una cuadra de la rambla, viven 21 estudiantes de diferentes departamentos del país. Al principio era una pensión como cualquier otra (una sociedad en miniatura que incluye matrimonios con críos chillones, jubilado y trabajadores adultos), pero los dueños prefirieron convertirla por razones económicas en una residencia para estudiantes, donde la habitación compartida entre tres se cobra 1.300 pesos mensuales. Bienestar Estudiantil y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), a efectos de definir una política común sobre los hogares estudiantiles, todos los años realizan un llamado público para seleccionar y clasificar residencias o pensiones a las que los estudiantes pueden acceder por beca o pagando (públicos, pensiones, sindicales y religiosos). La mayoría de los estudiantes están partidos, tienen el pasado en una ciudad o pueblo, el presente, y seguramente el futuro, en otra. Quedarse en el Interior significa asumir una ida previsible: "Si te quedas en Young lo más probable es que consigas un laburito, después una novia y te cases, y no mucho más, porque la ciudad en sí no ofrece mucha más que eso", dice Sebastián de 23 años. Cada cual extraña lo que en Montevideo no encuentra, con ciertas imágenes que se repiten: el cielo abierto con sus estrellas titilando, el andar tranquilo, el silencio, estar hasta cualquier hora de la noche con los amigos tomando mate una plaza cualquiera, lo verde, la familia, perder el tiempo.

   Montevideo es la ciudad de las posibilidades y de un nuevo sentimiento, el estrés cotidiano de sus ruidos y distancias, de su alboroto tan lejano al de cualquier ciudad del Interior, sin contar la lucha por el peso.

   La mayoría de los que llegan a la Universidad son hijos de la nueva clase media uruguaya, esa que cada vez es más obrera. "Mamá es maestra y papá desempleado", "papá es profesor y mamá ama de casa", son respuestas que se repiten. "La mayoría de nosotros tiene un padre desocupado, cuando no los dos", dice Verónica, de 19 años, de la ciudad de Mercedes. Aquí entra en juego el sistema de becas otorgadas a escala municipal y estatal.

UNA BECA, MEDIA BECA, NINGUNA BECA

   Recibo de luz, alquiler, 60% de escolaridad, monto de jubilación de la abuela, escolaridad un año, y el otro, apurate, aprobá, llegá, perdés la beca, da ese examen, ¿no sabés lo suficiente?, no importa, sumá, restá, rendí, se murió la madre, el perro, estalló la guerra, no importa, dale que los $ 2.200 mensuales te tienen que dar para estar tranquilo; los 1.600 de una pensión, la comida, los libros, los boletos, ir a Artigas a visitar a tus padres, tener una vida, dedicación completa, cariño, que si te exigimos es porque hemos valorado toda la situación. Serás el profesional productivo del futuro Uruguay.

   En el año 1994 se creó, a través de una ley, el Fondo de Solidaridad que extrae sus recursos de un impuesto cobrado a los profesionales universitarios con más de 10 años de ejercicio. Pablo Villaluenga fue delegado estudiantil en la comisión del fondo, hasta que claudicó: recibía tantas llamadas diarias de gente llorando, apelando a la negativa, y ejerciendo presiones, que no lo resistió. Aproximadamente el 30% de los estudiantes universitarios (60 mil personas) provienen del interior y el fondo en 2003 sólo logró otorgar 3.895 becas, que rondan los $ 2.200 mensuales. Las alternativas tampoco son muy auspiciosas: semibecas que no superan los $ 1.600, o becas que otorga la Comisión de la Juventud de Montevideo a 22 estudiantes de primer y segundo año de facultad y que tienen como contrapartida 15 horas semanales de trabajo en actividades municipales. El sistema de selección del fondo ha sido muchas veces cuestionado por aspirantes y familiares. José Cardozo, presidente de esta institución, recalcó que se investiga cada solicitud, pero reconoce que existe una margen de error de un 10%: la hija de un legislador nacional que gozaba del beneficio; chicos que falsean las declaraciones juradas, estudiantes que usan la beca para cuestiones que no hacen a su fin.

   Para los universitarios (estudiantes y egresados) el fondo levanta un manto de sospechas. Piensan que el presidente de un organismo de estas características no debería ser designado por el Poder Ejecutivo (en la directiva del fondo de la Universidad tiene un representante entre ocho, lo que vuelve difícil ejercer cualquier tipo de contralor).

FORMAS DE ORGANIZACIÓN

   Todas las intendencias del país, excepto Salto, tienen hogares estudiantiles en Montevideo. En el Hogar de Durazno se pagan $ 350 al mes, y en el de Tacuarembó un poco menos. Villaluenga vive en este último desde hace dos años junto a otros 41 estudiantes, distribuidos de a dos o tres por habitación. Además de no contar con un encargado (excepto los fines de semana) los gurises limpian, tienen asambleas resolutivas y una delegada (Lorena) que defiende sus intereses ante la comisión administradora. Esta casa que antes fue burdel, un tanto oscura, precaria en sus instalaciones, pero funcional, hoy se administra de la forma más democrática posible, Lorena considera que el hogar necesita un espacio donde recibir amigos y aclara que el Cordón es habitado por medio Tacuarembó.

   En el otro extremo estaría el Hogar Estudiantil de San José. Se rige por un reglamento que está fuera de discusión por parte e los estudiantes: el hogar está abierto de 6 de la mañana a 11 de la noche y cierra sus puertas los fines de semana y en el mes de enero. La vida social se realiza, por reglamento, en la ciudad natal. Para Pedro las reglas "están bien, se aceptan o no, y más allá de cinco o seis cohabitantes inconformes, la mayoría las comparte, o las respeta". Este hogar cuesta $ 300 al mes, una ganga, y sus becarios tienen lavarropa, canasta básica cubierta, seguro de emergencia móvil, sala de estudio. 12 varones se distribuyen en dos dormitorios. No cuentan con delegado estudiantil y no existe comisión e padres que participe en la organización y funcionamiento. Esta mayor rigidez para Pedro no resulta problemática: "Nosotros estamos para estudiar y con todo lo que recibimos es más que suficiente, yo estoy muy conforme, la encargada es como una madre...".

   También es posible habitar en las casas de monjas o residencias religiosas (que rondan los $ 2.500 mensuales), con normas propias del claustro; en pensiones malolientes que reflejan un mundo complejo, donde generalmente no condicen el precio y los servicios y donde cuidar la leche y los objetos personales es parte de lo cotidiano.

   La gran ciudad uruguaya es cómplice, amiga y enemiga, despierta amores y odios, es el camino necesario por ser el único para todos aquellos que no se olvidan del pago cuando se van a la ciudad, aunque esos pagos ya no vuelvan a habitarse.

(*) Brecha 7.4.2004