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De las recetas de Doña Petrona a las de Pepe
n 1960 el precio de la carne había subido mucho, el triunfo del Partido Nacional y de su sector herrero-ruralista había entusiasmado a muchos capitales monte-videanos a invertir en el campo, la mayor demanda de ganados y puja por poblar establecimientos elevó el precio. Las inundaciones de 1959 afectaron la producción pecuaria lo cual también influyó en los precios, y por otro lado se liberó el abasto de Montevideo hasta entonces monopolizado por el Frigorífico Nacional, la carne llegó por fin a los mostradores, pero el minorista seguía con los precios de escasez. Se tardó poco más de un año para que se estabilizaran los precios en baja. Ante tal suba transitoria, el consejero nacional de Gobierno, don Benito Nardone, en sus audiciones radiales, comenzó a enseñar que no había que comer que debíamos alimentarnos. Nardone hablaba al mediodía y por la noche, pero como le resultó imposible atender su doble audición radial, por las noches, a veces lo sustituía el Dr. Payssé Reyes. Éste fue más allá de Nardone, pasó a enseñar como preparar platos de alto poder nutritivo y bajo costo, tal el caso del alimento de los ciclistas, fideos con tuco de carne. Como había un libro muy editado y popular de recetas culinarias de "Doña Petrona C. de Gandulfo", el pueblo bautizó con humor al Dr. Paysé Reyes como "Doña Petrona". Posiblemente el Sr. Ministro José Mujica en su juventud se haya reído de "Doña Petrona", ahora le tocó a él, el festejo popular con sus dichos, en parte posiblemente buscados, al hablar de las lentejas y de establecer en el Uruguay "la cultura del poroto". Lo cierto es que en Uruguay se debe tener una Política de Estado en materia de alimentación, pero ella por los Ministerios respectivos, y no como consecuencia de las alzas del precio de uno de nuestros principales productos de exportación, como lo es la carne vacuna y ovina. Hernandarias nos hizo el regalo de la abundancia de carnes rojas, con ellas en parte pudo la Compañía de Jesús hacer su gran obra civilizadora, llevar a pueblos cazadores del salvajismo a la civilización de la época moderna. Los jesuitas seleccionaban muy bien al indio misionero a quien encargaban de la carnicería, tenía que ser de absoluta seguridad, tenía que entregar la porción indicada a cada familia, la que debía hacer olla con los productos agrícolas americanos y europeos. La cultura de los predadores lleva a hartarse de carne cuando hay una presa abatida, pasando luego unos días sin cazar y por tanto sin comer. Los mamíferos carniceros llegan a comer el equivalente de un 20% de su propio peso de carne, y aunque no se crea hasta principios del siglo XX, había en Uruguay gente capaz de ingerir carne en esa proporción; dos tíos de quien esto escribe, por 1910 apostaron con un esquilador que no comía un capón en el día, el hombre aceptó la apuesta y la ganó, engulló un 20% de su peso en carne. De 1960 al presente el consumo anual per cápita de carne bajó casi a la mitad en Uruguay, estimo que complementados con aves y pescado, no debemos bajar más, pero tampoco podemos, a la primera dificultad salir con el llamado al gobernante de turno de que "queremos comer carne". Uno de nuestros principales pensadores sociales del siglo XIX, Ángel Floro Costa, decía con orgullo que nuestra población era mejor que la brasileña, entre otras cosas por su alimentación en base a proteínas, sin ingesta excesiva de "carbohidratos", hoy iríamos hacia la cultura del carbohidrato de la mano del actual Ministro de Ganadería Agricultura y Pesca. En nuestro país, al igual que en Argentina, no existen políticas de estado, nos hemos hartado de politiquería y partidización, y así no se avanza. Brasil tiene una continuidad en sus políticas, no sólo en su política exterior que es la que más se le reconoce, avanzando siempre. Brasil en los años sesenta estaba cerca de ser la economía treinta del mundo, hoy está entre las diez primeras. Argentina bajó decena de escalones, y nosotros con un país culto y rico, por partidización no nos hemos puesto de acuerdo ni siquiera en una política alimenticia para nuestra población, mucho menos en otras áreas como la educación, la energía, la defensa nacional... No es hora de festejar, es hora de lograr consensos en políticas de estado, para bien de todos. |
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