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El ruido y el silencio en la comunicación social
l ruido en la comunicación social se define como toda interferencia o sobrecarga de información en el proceso comunicativo. Un ruido en la comunicación puede presentarse además por la circulación de rumores, estos entendidos por un conjunto de prejuicios sociales encerrados en estereotipos. Para evitarlos se hace necesario el diálogo social y verificar las fuentes de la información. En esta línea y por el uso de lo público y lo privado, los rumores son más frecuentes en los pueblos. Pero el silencio de los temas importantes perjudica por mayor tiempo a los involucrados y a la sociedad. El silencio, no hablar en un debate social, (de temas como las drogas, el alcohol, el suicidio, la delincuencia), más allá del rumor, no enfrenta los problemas y no es un vía de transformación. Pero hablar, también es hablar para una prevención.
Un estudio del Dr. Federico Dajas¹ indica que las altas tasas de suicidio predominan en el interior de Uruguay (Figura Nº 1) y sobre todo en el caso del suicidio masculino. En el análisis por edades se detecta un cambio en relación a estudios anteriores a 1998 con un aumento de la tasa sobre todo en hombres jóvenes de 20 a 24 años y en adultos entre 40 y 50 años) y un aumento concomitante en la mujer adolescente y madura. Prevalece la desesperanza en la población juvenil y su relación con la situación familiar y socioeconómica, así como con el uso de drogas y alcohol. La relación entre las tasas de suicidio y las de desempleo no fueron estadísticamente significativas. Sin embargo, el Dr. Federico Dajas afirma que ese factor no concluye que no exista, puede explicar una de las causas del incremento en los hombres maduros pero no tanto en los jóvenes. El suicidio constituye un problema de salud pública relevante en Uruguay. Aunque la tendencia de la tasa anual de suicidios se mantuvo bastante estable a lo largo de casi todo el siglo XX alrededor de los 10/100.000 habitantes, en la década de los 90 se verificó un aumento, que llegó casi a triplicar los valores en Montevideo. En el año 2000, se suicidaron un promedio de casi dos personas por día.
En el año 2001 se presentaron 924 intentos de suicidio y terminaron en muerte 505 con un tasa anual de 15,1/100.000 habitantes ubicándose en el noveno lugar de las principales causas de muerte. (ver Figura 2). El Ministerio de Salud Pública indica que en el año 2002 se verificaron 20 casos por cada 100.000 habitantes, ubicando a Uruguay en el primer lugar de Sudamérica y el tercero en las tres Américas. En Uruguay es discutible la exposición de los casos de suicidio en los medios de comunicación² porque éstos generalmente tratan el tema de forma sensacionalista y los jóvenes parecen especialmente susceptibles al contagio y la imitación. Al respecto, consideramos necesario cambiar estas prácticas y notamos la necesidad de capacitación de los periodistas. Por otra parte los medios de comunicación no son responsables de educar sino de informar y esa información debe estar respaldada por un conocimiento científico y por políticas de prevención para grupos de riesgo como los adolescentes en su ámbito académico y/o recreativo. Las medidas de prevención se encuentran principalmente en manos del médico. En más del 60% de los casos de suicidio en Uruguay, los suicidas han consultado al médico, posiblemente sin explicitar su caso, es por ello que el médico general y el especialista (Psiquiatra y/o Psicólogo) deben estar atentos al riesgo suicida y a su manejo en la entrevista clínica. Finalmente, la vulnerabilidad del individuo a conductas suicidas se agrava con la falta de perspectivas y el tedio. El mundo actual se delinea en base a políticas económicas de consumo capitalistas y se tiende a promover el éxito individual, lo que muchas veces termina en desesperanza, desamparo y actitudes violentas según el manejo de frustración que tenga cada persona. En resumen, el suicidio se presenta como suma de alteraciones psicopatológicas sobre una base de vulnerabilidad biológica, aumentada por crisis económicas y declaración de una epidemia fuera de contexto en los medios de comunicación. Para evitarlo hay que prevenirlo y en éste aspecto el silencio es adverso. La Sociedad Argentina de Pediatría³ aconseja a los pediatras y educadores prevenir estos episodios con una respuesta preventiva transmitiendo a los jóvenes que serán escuchados y ayudados a resolver sus conflictos. A pesar de la importante relación de confidencialidad entre un joven y sus educadores o médicos, ésta debe quebrantarse si el paciente está en riesgo de vida o implica un riesgo para otros y se debe comunicar a un adulto responsable, a quien se le acompañará y guiará para resolver la situación. Los médicos, los especialistas y la sociedad en general, tenemos el compromiso de detectar la depresión y elaborar vías de contención y acciones con alternativas de educación, empleo, tratamiento psicológico, áreas de recreación, entorno familiar según la causa de la depresión y el desamparo sufrido por el individuo.
1 Dr. Federico Dajas –Alta tasa de suicidio en Uruguay
–Revista Médica de Uruguay, 2001 |
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