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EL YUYERO
(Vals criollo)

Yuyero de mi tierra, errante peregrino
que vas por el camino, con tu andrajoso andar.
Amigo de los yuyos, compartes su destino,
conoces el secreto que habita en cada flor.

Pregona por las calles olor a yerba buena
mezclado con carquejas y flores de arrayán.
Místico personaje, sombra arisca que pasa,
tú sabes el remedio que alivia todo mal.

El día que te quedes dormido entre los yuyos.
que cubrirán tu cuerpo con infinito amor.
Tú que aliviaste pena y distes esperanzas.
no encontraste remedio para tu soledad.

Las grutas y los montes se abren a su paso.
los pájaros le cantan cuando lo ven pasar.
Y la naturaleza se abre entre sus manos
que elige con ternura cual sabia ancianidad.

Raíces milenarias, leyendas de charrúas
les dieron a sus manos perfume del yuyal.
Y vagas por el monte, con una sabia humana.
recorriendo las plantas y flores del lugar.

El día en que te quedes dormido entre los yuyos
que cubrirán tu cuerpo con infinito amor.
Tu que aliviaste pena y distes esperanzas
no encontraste remedio para tu soledad.

Letra y música: Eulalio Sánchez
(grabado por "Los Polqueros del Norte")


Retrato del yuyero que se exhibe en el Museo del Indio y el Gaucho.

El Yuyero

A

ntonio Luna era oriundo de La Matutina, 6ª sección del departamento de Tacuarembó. "Experto" en yuyos de curas milagrosas transcurrió su vida recorriendo campos y serranías, entreverado con gavilanes y cruceras, en busca de los verdes elementos que luego comercializaba para subsistir.

   El Museo del Indio exhibe un interesante óleo en tela, del pintor coterráneo Pedro Alonso, que evoca su peculiar figura. Y fue precisamente el fundador de este Museo, el amigo Washington Escobar, quien me contaba: "A este típico representante de los ‘Juan sin Tierra’ los graciosos del pueblo le gastaron muchas bromas. Cierta vez le escondieron las alpargatas, viejas y barbudas, como las usaba siempre. Pasada la euforia de la broma el yuyero, manso y jovial, como de costumbre, dijo:

   -Bueno, muchachos, ahora me devuelven las ‘alpargatas’, porque sino tendré que ‘golver’ a pie’.

   "¡Las alpargatas del yuyero! ¿La alfombra mágica? ¿Las botas de siete leguas? ¡Qué ejemplo! No son muchos los que se conforman con tan poco".

   ¿Adónde andará el Yuyero? Su imagen se ha perdido en el correr de los años envuelta en la sombra de los que ya no están, pero... quizás todavía ande en alguna de sus "zapargatas", prendido en las estrellas de la escarcha que tantas veces quebró o, tal vez, se ha vuelto el eco que en las cuchillas pregona sus yerbas para brebajes curalotodo. A mi me lo acercan el olor a manzanilla, los mediodías de enero, las calles polvorientas por donde me parece que ya va a pasar su figura con la bolsa sobre los hombros...

De "TACUAREMBÓ. Historia de su gente", Sylvia Puentes de Oyenard

PEDRO ALONSO ("Perico") – Nació en Tacuarembó el 18 de junio de 1921. Hijo de Manuel Rodríguez Alonso y Amenaida Rehermann, este compueblano realizó estudios con Héctor Basaldúa y cursos especializados en escenografía, pintura al fresco y técnica de retrato.


LAS FOTOS DEL BAR


El "Teti" Albernaz y su bandoneón en noche gardeliana, con amigos habitués del bar.

La geografía

Y

o conocí la geografía de mi terruño por aquel yuyero viejo. En su canasta estaban todos los pagos, con su perfume agraz y dulce. Con cada yuyo venía un pedazo de geografía viva, pues el yuyero al exaltar las virtudes de la planta evocaba el paisaje, los animales y los hombres...

   Algunos yuyos desaparecían por algún tiempo como seres vivos. Solamente las lluvias pertinaces, esas que levantaban de las cuevas los hongos dorados, conseguían que esta o aquella planta surgiera de la tierra. El yuyero las acechaba con la misma avidez que un pajarero acechaba a un pájaro raro. Otras aparecían, tras un golpe de lluvia de gotas como copas de freno, en las sequías largas que calcinaban los pastos. Nacían y morían con el chaparrón.

   La sierra venía con sus mil plantas llenas de espinas. El valle dormía en la canasta con sus gramillas duras. La cañada infantil, puro salto y espuma, con su menta espesa. Los ceros grises y transparentes de mi pago estaban mostrando allí el cabello gris y azufrado de la marcela y la planta de la yerba blanca.

   A mí me enseñó geografía el Negro Félix, el yuyero...

De "PERICO"
Juan José Morosoli