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La Batalla de Masoller

Testimonio de uno de los participantes de la batalla, Nepomuceno Saravia, hijo del general Saravia.

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La bala que te pegó...

   "Para mantener en alto el espíritu de su gente, Aparicio comenzó a recorrer de este a oeste la línea de fuego, como varias veces lo había hecho, por detrás de las avanzadas tendidas en guerrilla y por delante del grueso de las divisiones que combatían. "¡Vamos, muchachos, firmes!", decía a los tiradores, y éstos respondían con entusiasmo: "¡Viva el General Saravia! ¡Viva el Cabo Viejo!" (…) Pasaba frente a la división 9, cuyo jefe era Nepomuceno, cuando su pingo escarceó bruscamente: una bala lo había herido en la paleta. A los pocos pasos, recibió un segundo proyectil. No había alcanzado a recorrer cien metros más, cuando su jinete lo sofrenó de pronto. Una tercera bala había alcanzado al General en la cintura, traspasándole el vientre de izquierda a derecha. Urtiaga y Mauro galopan hacia él, que procuraba continuar la marcha pero se inclinaba ya sobre la cruz del caballo.

   -No es nada- les dijo; y después: -Que no se den cuenta los compañeros que estoy herido.

   (…)El médico le practicó la primera cura, todavía de pie. Sobre un par de ponchos extendidos, llevado por cuatro hombres, empezaron a caminar hacia las carretas del parque. A las veinte cuadras, al notar los sufrimientos del herido, improvisaron una camilla con dos lanzas, unos maneadores y un cojinillo. Había caído la noche.".

Enrique Mena Segarra, "Aparicio Saravia, las últimas patriadas", Ediciones de la Banda Orientall

El General (Aparicio Saravia) conociendo la situación de Galarza en Palomas y de Vázquez en Mataojo Grande se mueve hacia Masoller y con el objeto de evitar la fusión de esas fuerzas envía cuatro Divisiones en dirección al Paso de la Laguna del Arapey Grande: la 5ª, 6ª.,8ª y 12ª. Para distraer y atraer a Galarza.

   ...el plan de separar en la acción los Ejércitos de Galarza y Vázquez tuvo el desenlace previsto por el General. Cuando nos acercamos a Masoller la distancia de Galarza ante Vázquez era tal, que no lo podía socorrer.

   El jefe de vanguardia era el Cnel. Basilio Muñoz hijo y en su compañía iban las divisiones 1ª. de Yarza, 16ª. de Zipitría y fuerzas del Cnel. Saavedra de Rivera muy conocedor de la zona.

   El Cnel. B. Muñoz recibió la orden de avanzar para pasar primero que el enemigo por Masoller rumbo a Rivera; se preveía que el enemigo trataría de tomar las fuertes posiciones de los cercos dobles de piedra que salen de Masoller por la Cuchilla de Haedo y así lo hicieron.

   La vanguardia roja se parapetó en los cercos tomando la delantera a la nuestra. ¿La causa? La respuesta es una sola: nuestra vanguardia no cumplió lo ordenado. Se sabe que la vanguardia debe marchar con una buena distancia sobre el grueso del Ejército, desprenderse del mismo y más en este caso cuando lleva por cometido tomar posiciones que se sabía el enemigo las ansiaba.

   En la noche del 31 de agosto (de 1904) el General durmió en mi carpa y me participó su plan: el no deseaba dar combate, aspiraba llegar a Rivera para realizar la paz que en la noche anterior le habían ofrecido.

   De ahí nuestra afirmación de que no quería dar combate y de ahí nuestra afirmación de que se produjo el mismo a raíz de no haber cumplido su misión nuestra vanguardia; tan es así que, tan lentamente marchó que en la mañana de 1º. de Setiembre el grueso del Ejército amaneció junto con la vanguardia; y, tan es así, que el General antes de pernoctar en mi carpa recorrió las avanzadas y supo que su vanguardia no se había desprendido.

   ...nuestra vanguardia cuyo efectivo alcanzaba a 3.500 hombres marchó tan lentamente que el día 30 de agosto fue alcanzada por la cabeza del grueso. Fue esta sin duda una de las mayores y más fatales peripecias del plan estratégico del general, cuya finalidad era tomar la delantera a Vázquez arrollando su vanguardia al mando de Escobar para alcanzar la Cuchilla de Haedo en la tarde del 31 de Agosto o la mañana del 1º. De Setiembre, evitando el encuentro con el grueso.

   En la tarde del día 31, el General en persona se vio en la necesidad de combatir a tiros de revólver con un destacamento de línea con el cual se supo más tarde iba el propio Coronel Rupretch., a la altura donde el día 1º se comenzó la batalla.

La revolución de 1904

   El 1º de enero de 1904, Aparicio Saravia se levantó otra vez contra el gobierno de Batlle. Ya habia estado enfrentado con el gobierno varias veces en los años anteriores; con sólo 14 años participó en la Revolución de las Lanzas (1870-1872), conducida por Timoteo Aparicio, y donde se ganó el apodo de "Cabo Viejo"; en 1875, con dos de sus hermanos se integraron a la Revolución Tricolor, siguiendo a Ángel Muniz; en 1886, con 30 años de edad, participa en la Revolución del Quebracho que duró una semana (26 al 31 de marzo). En los años 1893 y 1894 interviene en la guerra civil brasileña, donde es muerto su hermano Gumersindo. Después, en 1897 encabeza junto con Diego Lamas otra revolución contra las fuerzas gubernistas que luego de siete batallas (en una de ellas –Arbolito– murió su hermano Antonio, apodado "Chiquito") culmina con el Pacto de la Cruz, mediante el cual se renunciaba a la lucha armada, y se consagraba la representación de las minorías.

   El 1º de marzo de 1903 inició su primer período presidencial José Batlle y Ordóñez; y como había cierta disconformidad por la concesión de las Jefaturas Políticas que les correspondían a los blancos, se suscribió el Pacto de Nico Pérez (22 de marzo de 1903), pero lo que no se solucionó por escrito fue el pedido nacionalista de que las fuerzas de línea no entraran en los seis departamentos administrados por los Blancos.

   Y en enero de 1904, otra vez Saravia tomó las armas. La chispa que encendió la hoguera fue el envío de fuerzas militares del gobierno al departamento de Rivera, debido a la detención y posterior fuga hacia el Brasil, del hermano del Prefecto de Livramento. Aparicio Saravia consideró que ese envío de tropas violaba el pacto de Nico Pérez (que había otorgado seis Jefaturas Políticas a los blancos, entre ellas Rivera), e inició la guerra civil que durante ocho meses aquejó al país. Gubernistas y saravistas, se enfrentaron en combates con variada suerte. Se sucedieron los enfrentamientos de Mansavillagra, Illescas, Fray Marcos, Paso del Parque del Daymán, Tupambaé. La batalla decisiva fue la de Masoller, en la confluencia de los límites de los departamentos de Salto, Artigas y Rivera, junto a la frontera del Brasil. La misma se concretó el 1º de setiembre de 1904.

   Ya terminada la batalla, una bala hirió gravemente a Aparicio Saravia, quien falleció el 10 de setiembre, en una estancia en territorio brasileño. Este suceso, dio el triunfo a los gubernistas, que celebraron el 24 de setiembre de 1904 la Paz de Aceguá con los revolucionarios.

   Con Aparicio Saravia desaparecía el último caudillo, que había paseado su estampa por los campos de la patria, vistiendo su clásico poncho blanco.

(extraido de una nota del profesor José L. Guarino, publicada por EL PUEBLO, de Salto)

   Pudo la vanguardia después de este choque avanzar hacia el Cerro Lunarejo, para tomar dicha posición, despejando la ruta que debíamos seguir el día 1º, desfilando bajo la protección de las Divisiones que venían a quedar en cabeza a saber: La 1ª, 2ª, y 13ª, pero no lo hizo, contentándose con vivaquear a unos tres kilómetros de la encrucijada de Masoller.

   Durante esa noche del 31 de Agosto al 1º de setiembre la vanguardia del Ejército gubernista, fuerte como ya se había dicho, de dos regimientos de línea y 4 o 5 unidades de tropas de la Guardia Nacional, ocuparon bajo una noche clara como el día toda las posiciones en que necesariamente debió encontrase nuestra vanguardia.»

   La batalla se dio por culpa de la vanguardia y de los Jefes que resolvieron pelear, como lo veremos enseguida.

   Más o menos a las diez de la mañana se me llamó para reunión de Jefes. El General hizo conocer su pensamiento:

   Tenemos una paz muy buena; con ella, partimos la naranja en dos y si peleamos y ganamos la guerra nuestra posición será idéntica porque no somos absolutistas; creo que podemos conseguir aún mejores condiciones de paz, más adelante. Expuso a continuación sus puntos de vista para el desarme, ya relatados. Incluso, afirmó, tenemos la pasada por Brasil para salir a Rivera, sin combatir, y le retrucaron:

   -Ahora que estamos bien armados y mejor municionados que nunca, no debemos dejar libre al enemigo.

   La verdad es que la fortaleza del Ejército se limitaba, en la ocasión, por las características del terreno que impediría el uso de todas las Divisiones.

   Nosotros veníamos hacia el este por la Cuchilla de Belén para tomar la Cuchilla Negra en el marco Divisorio de Masoller; de allí arranca la Cuchilla de Haedo hacia el Sur, encallada por un doble cerco de piedra y de un ancho aproximado de unos 40 metros, calle que va rumbo al Cerro del Lunarejo; a pocas cuadras al Sur de Masoller y desde los cercos de piedra, nace otro que se dirige al Oeste, deja un espacio abierto de unas cuadras, tres o cuatro, y sigue el cerco hacia el Sur , y luego al Oeste de nuevo en suave zigzag, dejando al sur el camino de la Horqueta y enseguida se eleva el Cerro de los Cachorros; allí el terreno es pedregoso, abrupto, con caídas en aguas profundas, serranas, hacia el Arapey que bordea por el Norte al último segmento del cerco de piedra que estamos describiendo y ubicando en la zona. El Arapey es una simple aguada en su nacimiento.

   El enemigo tomó posiciones muy buenas, con amplio espacio de maniobras a su retaguardia; la Vanguardia se parapetó en los dobles cercos de piedra de la Cuchilla de Haedo; desde Masoller al Cerro de los Cachorros debe haber unas treinta y pocas cuadras; el centro y la izquierda enemigos tomaron posiciones al norte del Cerro de los Cachorros y sus reservas al Sur; si prolongáramos la línea del Centro hacia la Cuchilla de Haedo forma con esta un ángulo recto; desde nuestras posiciones se veía el claro de muchas cuadras de ancho que queda entre la Vanguardia y el Centro, claro que para llegar a él, era necesario entrar por el boquete ya descripto.

   Nosotros, apoyados desde la Cuchilla de Belén, y mirando hacia el Sur y hacia el Este deberíamos combatir de frente a los cercos e piedra, de frente al Cerro de los Cachorros y tratar de introducir una cuña por el boquete a fin de separar la vanguardia enemiga de su centro, única maniobra lógica que presentaba el terreno.

   No olvidemos que a nuestras espaldas apuntaba el Rincón de la Invernada, del Brasil. Las fuerzas que iban a entrar en cuña, necesariamente sufrirían fuego, por lo menos desde dos ángulos. Todas estas razones influenciaban en el ánimo del General para no presentar batalla. La gran mayoría de los jefes resolvieron que se debía combatir.

   La batalla comenzó a las tres de la tarde. A mí se me ordenó que entrara en protección de Guillermo García; éste se deslizaría por el boquete rumbo al claro enemigo para separar bien a Vázquez de Escobar...a Escobar dejarlo quieto en lo posible porque tenía que irse en la noche de sus posiciones, ya que a su espalda el terreno es muy abrupto y dueño de los dobles cercos de piedra era poderoso, pero sin ellos no representaba casi nada.

   El Cnel. García cumplió su cometido a pesar de lo apretado del terreno y tuvo numerosas bajas; entró con pocas guerillas desplegadas, soportando el fuego desde dos ángulos y no pudo avanzar a fondo; lo hizo parte de su gente, la comandada por Gabino Valiente, quien hacía honor a su apellido y allí murió; gente con Cabrera y con José Francisco Saravia lucharon denodadamente y un grupo se retiró ante el fuego infernal de la fusilería y de la artillería cuando cayó herido su valiente Jefe el Cnel. Guillermo García.

   Yo que iba en protección de García me corrí sobre su derecha y quedé enfrente mismo del Parque enemigo, situado sobre unas taperas con manguera de piedra, soportando a mi vez el fuego desde dos direcciones y, recuerdo bien, en un momento de la tarde, cuando un regimiento enemigo intentó flanquear por la izquierda a Yarza, éste lo desalojó de través y allí también el fuego de Yarza llegaba hasta mi División.

Aparicio


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   El 16 de agosto de 1856, en el departamento de Cerro Largo, vino al mundo el cuarto hijo de Francisco Saravia y Propicia Da Rosa. Su padre era brasileño, y el apellido era Saraiva, aunque en el Uruguay se transformó en Saravia.
   Aparicio Saravia murió el 10 de setiembre de 1904, en territorio brasileño, a consecuencias del balazo que recibió en la batalla de Masoller el primer día de ese mes.

"Una batalla perdida la ganó una sola bala

Una batalla ganada la perdimos por un tiro

Dios maldiga la memoria del que apretó ese gatillo

Malaya del mal nacido que nos dejó sin Caudillo

Pa' donde vamo' a rumbear si no tenemos baquiano

Pa' donde vamos a dir si no tenemos destino

Va a ser mejor desbandarse que ya no hay nada que hacer

Porque el alma del gauchaje se ha quedao en Masoller"

   Guillermo García no pudo llegar a envolver el Cerro de los Cachorros, hacia donde se replegaron los colorados... El fuego era denso y mortífero. Fue herido de muerte el bravo Antonio Mena, valiente entre los valientes, y también el denodado y valiente Cnel. Yarza. Yo quedé con Yarza a la derecha; toda la gente de Yarza y la mía lucharon con ardor y valentía sin límites; por nuestra derecha combatía Tío Pancho que fue herido en una pierna y quien por la posición de la línea del combate quedaba hacia arriba de nosotros, por tanto, al caer la tarde cuando fue replegado un tanto por la izquierda enemiga, las balas de ésta también nos castigaban; para alivio de mi División el avance que llevé hasta colocarme cerca del Parque enemigo hacía que las balas de Escobar no nos llegaran. A última hora, Marín protegió a Tío Pancho.

   Allí, en mi avance tomamos muchos cientos de caballos ensillados del enemigo.

   Recuerdo que era tal el infierno de bala que, cuando llegó un ayudante del Capitán Ferreira con la noticia de que lo habían muerto, en el momento en que me hacía la venia lo mataron con un balazo en el pecho, y él estaba de espaldas al enemigo!

   Si el General ordena la carga de varias Divisiones para flanquear por el oeste el Cerro de los Cachorros hubiera sido una victoria fulminante, o si se hubieran enviado detrás de la de García.»

(de la web de la Dirección Nacional de Medio Ambiente)