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Haciendo teatro en
Estados Unidos
l tacuaremboense Natalio Mass integra la
Academia Latina de Arte Dramático de California, agrupación
que se presentó en el Festival Internacional de Teatro Latino
de Los Angeles (FITLA), con la obra "Guaría del
Desamor", un trabajo basado en escenas antológicas del
teatro clásico.
Mass, además de ser
diseñador del poster y programa junto a Gabriela Sánchez
participó como primer actor en "Yerma" del español
García Lorca y "Tartufo" del francés Molière.
Además de su presentación en el festival, la compañía
exhibió "Guaría del Desamor" en el Frida Kahlo
Theatre y en el Angelical Lutheran Church Theatre, ambas salas
de la citada metrópolis.
La Academia Latina de Arte
Dramático de California fue creada por el Folgueira’s
Itinerant Theatre, institución que "con sede en la
ciudad de Los Angeles, es un grupo independiente constituido
por actores profesionales procedentes de diferentes
nacionalidades, en su mayoría latinos, residentes en
California".
En el folleto con la
programación, el grupo agradece la colaboración de nuestra
también coterránea Nadia de Mattos. Esta estudiando cine y
Natalio Mass, también vinculado al séptimo arte residen en
Los Angeles desde hace un unos años. |
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Sobre el Grupo
Tacuarembó
Cómo se formó "El
Grupo de Tacuarembó?
-Fue en
los años 60 que se reunieron todos esos muchachos que tenían
una serie de condiciones formidables y muy distintas: lo que
Carlos Martins, un notable productor de espectáculos
musicales y disc jockey montevideano hoy radicado en España,
llamó "el Grupo de Tacuarembó": Numa
Moraes, Carlitos Benavides, Eduardo Darnauchans, Eduardo
Larbanois, Carlos da Sil-veira, Eduardo Lago, Julio Mora,
Enrique Rodríguez Viera... una cantidad de gente valiosa. Y
poetas y escritores como Víctor Cunha, Eduardo Milán, Tomás
de Mattos, Nelson Ferreira; o fotógrafos como Eduardo Librán
o el hoy director del Hospital de Tacuarembó, Ciro Ferreira,
que era un notable fotógrafo.
¿Y usted que
papel jugó?
-Lo
que hice fue tratar de incentivar la creatividad musical,
porque había estudiado canto y solfeo. Torres García dejó
la marca en los alumnos de su taller, todos tienen su sello.
Pero en el grupo de Tacuarembó unos hacían rock and roll,
otros folclores, otros baladas, cada cual tomó por el camino
que quiso. Tuvimos el viento a favor por ejemplo de tener a
Chico Rodríguez, que era hijo de un coronel
constitucionalista brasileño, que se tuvo que asilar en
nuestro país. Y él era amigo de Milton Nascimento y toda la
gente de la Tropicalia que recién estaba surgiendo: Caetano
Veloso, Gilberto Gil... Mientras en Montevideo estaban con la
bossa nova nosotros estábamos con la Tropicalia. Y tuvimos
contacto con baladistas italianos formidables como Frabrizio
Dandré y Angelo Granduardi, que aportaban algo completamente
distinto.
¿También hubo
teatro por esa época?
-Sí,
claro, se arrimaron profesores y otra gente y se creó el
teatro El Sótano con Gustavo Alamón, con Graciela Estévez y
otros. Hicimos un teatro en el liceo, a tal punto que fue la
Comedia con Taco Larreta; fue Viglietti a dar recitales...
Había poetas, pintores, fotógrafos, tratando de que el liceo
fuera el centro de irradiación cultural y atrajese no
solamente a estudiantes. Fue un movimiento muy lindo, hubo
mucho trabajo y se lograron cosas muy importantes.
Entrevista a Washington
Benavidez
(revista Guambia,14/8/04) |
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Nuevos escritores uruguayos en
tiempos difíciles
| Alexander Prieto
Osorno (*) |
a última generación de
escritores uruguayos ha surgido en tiempos difíciles, en los cuales
la industria editorial padece una de sus más agudas crisis y
continúan publicando figuras tan importantes como Mario
Benedetti, Eduardo Galeano o Cristina Peri Rosi. Sin embargo, se
han ganado su espacio con estilos y temas novedosos. Los nuevos
autores se inscriben en la ola impulsada por los movimientos del Crack
y McOndo, aunque algunos de ellos mantienen un interés en
los asuntos sociales y políticos. Sus temas y estilos son
variopintos, pues abarcan desde los mundos marginales en la gran
ciudad hasta los conflictos interiores de la mujer uruguaya de ayer
y de hoy. Uno de los aspectos más valiosos por señalar de esta
generación es el surgimiento de numerosas escritoras que vienen
marcando pautas en la narrativa de su país.
De hecho, los libros más leídos
de los últimos años en Uruguay los escribe una mujer. Mercedes
Vigil (Montevideo, 1965) ha seducido a los lectores con su prosa
fluida y sus temas con trasfondo histórico como Matilde, la
mujer de Batlle, sobre la esposa del político que gobernó el
país a principios del siglo XX, y Una mujer inconveniente,
que narra la historia de la cortesana y usurera Irma Avegno, quien
manejó el dinero de personajes famosos en el Uruguay del
novecientos.
Junto a Vigil, se destacan otras
escritoras como Andrea Blanqué (Montevideo, 1959) con Querida
muerte y La sudestada, novela galardonada con el Premio
Revelación 2001; Lalo Barrubia (Montevideo, 1967) con sus obras
poéticas y su novela Arena; Ana Solari (Montevideo, 1957)
con Scottia; y la muy joven poeta Eliana Nasser (Montevideo,
1983), quien publicó su primer libro, Palabra por decir, a
los quince años de edad.
El más reconocido y premiado de
los nuevos autores uruguayos es Rafael Courtoisie (Montevideo,
1958), cuyas novelas Vida de perro, Tajos y Caras
extrañas presentan una rara combinación de violencia, lirismo
y humor negro. Renzo Rosello (Montevideo, 1960) cultiva el género
policial con Varones y dublés y Trampa para ángeles de
barro, y Carlos Rehermann (Montevideo, 1961) explora personajes
marginales en sus novelas El robo del cero Wharton y El
canto del pato.
Estilos y técnicas distintas se
perciben en otros autores de esta generación, como Jorge Majfud
(Tacuarembó, 1969) quien exhibe un fuerte tinte político en
sus novelas Hacia qué patrias del silencio (memorias de un
desaparecido) y La reina de América. Los demás
narradores, en cambio, desdeñan la política y persisten en sus
mundos personales, algunos de ellos bastante marginales, como
Gustavo Escanlar (Montevideo, 1960) con Estocolmo y Crónica
Roja, y Gabriel Peveroni (Montevideo, 1969) con La
cura.
Entre los más jóvenes se
distingue Daniel Mella (Montevideo, 1976) por la calidad de su prosa
y sus historias de personajes indolentes y violencia descarnada. Las
novelas Derretimiento (escrita a los 21 años de edad) y Noviembre
ya fueron publicadas en España, y los críticos le señalan como la
gran revelación de la nueva narrativa uruguaya.
(*) Escritor y periodista colombiano.
Centro
Cervantes: http://cvc.cervantes.es
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