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Silbatos molestos

C

orría el año 1916 y los partidos políticos, blanco y colorado, se encontraban en una ardorosa y violenta campaña electoral.

   Los candidatos desplegaban gran actividad, movilizándose continuamente en todas direcciones. Era una campaña intensa, cargada de violencia. Cada uno de los voceros de los partidos, echaba mano a los más gruesos epítetos y calificativos para endilgárselo al adversario. En el bando colorado, que era el del gobierno, actuaba un grupo de dirigentes que no se daban descanso en su accionar. Entre estos se contaba un vibrante periodista y tribuno, de nombre Virgilio...

   Como era habitual, se realizaban periódicamente asambleas en las distintas zonas del departamento. En esa oportunidad se realizaba una y muy numerosa, en el paraje denominado "Paso del Manco". El programa de la Asamblea establecía que al caer la tarde se organizara una gran columna para entrar a la ciudad y que se hiciera uso de la palabra cuando se llegara al Paso del Bote, utilizando uno de los pilares del puente como tribuna. Se había designado orador al nombrado Virgilio. Llegada la manifestación al puente se trató de organizar a los asistentes, que en su gran mayoría lo hacía a caballo, para escuchar la oratoria.

   Aquí cabe señalar que, como ha sido norma, en el puente siempre ha existido un servicio policial a cargo de un Guardia Civil, para vigilar esa entrada a la ciudad. En esa época se cumplía por parte de los funcionarios policiales, de parada en las calles, la orden de emitir a cada dos horas dos pitadas con su pito de reglamento, que eran a su vez repetidas por los demás agentes de servicio.

   Y ahora volvamos a la conferencia del Paso del Bote. Arreglado el contingente, Virgilio trepado a uno de los pilares del puente había empezado la oratoria. Virgilio era un hombre nervioso y exaltado, y sus palabras estaban cargadas de violencia para con el partido adversario, a quien fustigaba con términos mordaces y agresivos. El orador estaba en lo mejor de su disertación cuando al policía le llegó el momento de efectuar el toque de ronda y ejecutó las dos pitadas de reglamento. Al oír esto Virgilio interrumpió su discurso y mirando hacia el lugar de donde habían partido los silbatos, con expresión sañuda y ademán amenazador, exclamó:

   -Silbad, viles, silbad nomás, porque os he puesto el dedo en la llaga. –Y prosiguió su oratoria en el mismo tono que lo había hecho hasta ese momento.

   Cuando, terminado el acto, se le hizo saber que esos silbatos habían sido efectuados por el agente policial con su toque de ronda, Virgilio no lo quiso admitir y seguía sosteniendo que era silbidos de algún mal pelo, que se encontraba entre la concurrencia.

De "VOCES DE MI TERRUÑO" - José A. López Cabas
A propósito del homenaje realizado en la Sala Maggiolo de la Universidad de la República al Ingeniero y matemático José Luis Massera.

Dos anécdotas sobre Massera

Sonia Ninoska Hornos (*)

I

 

C

uando yo tenía 15 años me afilié a la Juventud Comunista. Esto fue en 1966, en Tacuarembó.

   Una de las principales tareas que hacíamos en esa época, era la barriada: visitar casa por casa, apechugar con lo que viniera (¡hasta con cuchillos nos echaban! Hay un compañero muerto...), y charlar con los vecinos. Uno de estos días, llegó Massera a Tacuarembó, y también él salió de barriada, como estilaba hacer.

   Era en ese momento, diputado. Andaba de alpargatas pateando soles por los andurriales del barrio Ferrocarril. Allá encontramos a un conocido, vecino de mi casa, y orgullosamente le presentamos al Diputado José Luis Massera, venido de Montevideo.

   "Acá tenés un diputado, el Doctor Massera, podés hablar con él lo que quieras", le decíamos al vecino, que ya peinaba algunas canas. Pero Don Juan ya había visto a demasiados diputados, y con cara de ‘A mí no me joroban éstos’, dice: "¡¡Qué va a ser diputado y doctor este hombre, que anda de alpargatas y sin traje!!!"

   Por ahí se terminó nuestra fuerte argumentación política. Vencidos.

II

   Hace unos años se hizo un gran Congreso de Sistemas Dinámicos en Uruguay. Es el área de investigación en que trabajó Massera en Matemática, y en la que también trabaja mi marido. El congreso atrajo personalidades de todo el planeta.

   Allí estaba don José Luis.

   Se hizo un lunch para todos los participantes, en el patio del Cabildo de Montevideo. En el patio estaba uno de los más prestigiosos matemáticos, el japonés Shiraiwa, con su esposa. Estaban solos, aislados del resto del grupo.

   Al verlos de ese modo, me acerqué a conversar. ¿De qué hablar con un japonés que apenas balbucea el inglés, si no eres matemático? Estaba difícil. Pero en mi afán de comunicación, apelé a mi querido Akira Kurosawa, director maravilloso de cine y de vida. Efectivamente, luego de algunos momentos dificultosos por problemas de pronunciación del idioma japonés, Shiraiwa me entendió, y logramos hilvanar alguna charla.

   A cada momento yo le pedía que tradujera algo a su esposa, que no habla ningún otro idioma más que el japonés. Shiraiwa tomó unas fotos conmigo y con José. Al rato, Massera, que estaba observando mis movimientos, se me acerca y me dice: "Debés dominar mucho el inglés para poder hablar con Shiraiwa tan fluidamente". "De ninguna manera", le contesté. "Sólo es afán de conversar lo que nos tiene charlando!". Y en ese momento comienza a sonar un tango, y yo hago ademán de que estaría bueno bailarlo. Massera, que estaba junto al Maestro Hugo Rodríguez, dice: "¡Quién te hubiera conocido de joven a vos!".

   Yo no daba crédito a mis oídos. ¡Habían pasado tantos años, habíamos pasado la cárcel, la clandestinidad, el exilio, me había casado con un matemático, estaba allí con Massera por enésima vez, y él no se acordaba de mí a los 15 años! ¡En Tacuarembó!!

   Lo más increíble fue el coro de Hugo: —"Sí, ¡quién te hubiera conocido...!"

   Hugo fue mi profesor predilecto cuando hice Magisterio en Montevideo, en 1972. Sí, la vida te da sorpresas, ¡y olvidos!

(*) Sonia Ninoska Hornos Pírez (54), Nació en Tacuarembó, vivió su infancia en Barrio Ferrocarril y en 1971 se trasladó a Montevideo. Es maestra de Enseñanza Primaria y egresada de la licenciatura en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias de Uruguay.


LAS FOTOS DEL BAR


El Toto Latorre y Daniel Viglietti, en el bar.

El boliche desalambra historias

Hombres que por la senda
desalambrada dejan brotar su canto
como poesía indeleble
van cautivando en su encanto.

El boliche es callado testigo
de la trova libre, universal
capaz de tejer historias
que perduran en su andar.

Surgen versos genuinos
desde un interior ignoto
van libres y claros a posarse
en el "boliche del Toto".

También hay chuecas canciones
que lucen su verso sincero
cantan variados estilos
y deleitan al aparcero.

Llegan poetas y cantores
seducidos el uno y el otro
buscando genuina bohemia
como solo la brinda Don Toto.

N. B.