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Ofrecieron su corazón y mucho más
uve la suerte de compartir una experiencia por demás enriquecedora. Aunque para algunos esta afirmación pueda ser una sorpresa, "¿Cómo, no ganaron ni un partido y estás feliz de la vivencia?". El haber compartido una instancia de competencia deportiva con un grupo de "niños grandes" (véase edición anterior de Tacuarembó 2000), nos ha permitido una especie de crecimiento humano digno, sano, honesto y hasta me animo a decir ejemplar. He tenido excepcionales oportunidades de vivencia grupal, el fútbol me ha brindado de esa maravillosa magia de aprendizaje, de connotaciones sociológicas inigualable, si bien no únicas, si difícil de adquirir en otras circunstancias.
Viajes, entrenamientos, vestuarios, alegrías y muchas derrotas (amargas y fructíferas) pero el aprendizaje que estos jóvenes nos ofrecieron ha sido uno de los puntos más altos en mi vinculación con el fútbol. Tras la participación de Tacuarembó en el Campeonato Nacional de OFI categoría 15 años que tuvo lugar en Paysandú, quedó un caudal de riquezas que deseo destacar. En tiempos de cuestionamientos casi permanentes a la conducta de los jóvenes, perdiendo la perspectiva que los mayores somos los únicos y grandes responsables de esas adversidades que envuelven a estos hombrecitos (genéricamente escrito). Creadores de sus propios códigos, siempre con más aciertos que errores, todo concebido desde una idea inocente, ellos comparten todo, alegrías y derrotas (éstas últimas muy dolorosas para ellos). Es allí dónde nos emiten el mensaje del gran ejemplo, la honestidad de sus verdaderas respuestas, con la picardía entendida y necesaria, característica de su edad. Nos aturdieron a alegatos en la derrota deportiva. Contagiaron. Bronca y lágrimas, rebeldía y esperanza ante la adversidad deportiva, solidaridad auténtica por una convicción que entendieron como muy importante. Anteponiendo todo, a ese sentimiento de pertenencia por una causa, concepto tan vapuleado por nosotros los "mayores". Este grupo brindó una enormidad de señales. Fue capaz de disimular esa indignante y perversa diferenciación dada por la estratificación social, para ser más preciso, esa diferencia de clases, tristemente dominante. Nos obligaron a sufrir y a disfrutar con ellos, nos demostraron por dónde va un mejor camino de entendimiento y convivencia. Qué lindo es aprender con los niños, nutrirse de una legítima y sana sabiduría, solamente hay que entender y asimilar, parece muy sencillo. Este grupo no "cosechó triunfos en la cancha de fútbol", como afirman los comentaristas, sembró actitudes de vida pocas veces observado en otras franjas etáreas, "fuera de los límites del campo de juego". El material utilizado para esta construcción no abunda hoy, busca sí no desaparecer, la solidaridad, la necesidad de fortalecimiento colectivo, la honestidad en sus respuestas, la sinceridad de sus inquietudes, las ganas de aprender y la responsabilidad intrínseca que implica su participación en estos proyectos. Muchos, tal vez podrán aventurar una calificación a estas reflexiones que emito, de exageradas, no me preocupa demasiado, sí me preocupa no poder tener toda la capacidad para entender esas manifestaciones de vida que ejemplarmente brindaron estos gurises. Tras la derrota ante Paysandú, no imaginé el impacto del torrente de revelaciones que nos brindaron estos sanos deportistas. Lágrimas, bronca (de la auténtica, "la caliente" en serio), insultos y todo lo que Ud. quiera y pueda imaginar, todo verdadero sin tapujos espurios. Sentirse envuelto en un clima así es gratificante, saber que "no todo está perdido" como dice el poeta, ellos "vienen a ofrecer su corazón". Y… cuánto de esto necesitamos todos. Si logramos entender esto estaremos generando horizontes tangibles que derroten la hipocresía de muchos opinantes de turno, que culminan salpicados por el lodo de la mediocridad. En definitiva, en estos y otros muchos "niños grandes", más que el futuro está un presente lleno de vida y esperanza genuina. El fútbol, deportivamente tendrá que hacer su autocrítica para encontrar mejores caminos que acompañen a estas otras verdaderas virtudes que el hombre trae en sí mismo. Estos niños son un ejemplo. Son los que entienden que la única competencia puede estar en un terreno de juego, sin guerras sucias, sin la inanición mediocre cercenante del crecimiento humano. Esta experiencia terminó siendo una catarsis excepcional para muchos de nosotros. |
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