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Niños de la Escuela Rural Nº 48 de Sauce Solo

Una mirada hacia la Escuela Rural

Por conocer profundamente el medio rural, en principio por mi propio origen familiar, y después de muchos años de Inspector en el medio con el más absoluto espíritu constructivo y la intención de sumar esfuerzos, es que me permito hacer las reflexiones que siguen, a sabiendas de que son también el sentir de muchos docentes del departamento.

José Ramón Castrillón*

 

E

s quizás, y sin quizás, la escuela rural, la que hoy se encuentra en un contexto sociocultural más desfavorecido, crítico, más que crítico. Muestra una población disminuida, envejecida, con apremios económicos, deficiencias nutritivas, de salud, y de acceso a la comunicación y a los avances tecnológico–científicos.

   Elevado número de escuelas unidocentes (62% de las escuelas rurales del departamento), 21% de escuelas con menos de 10 niños, locales con problemas de infraestructura e implementación, servicio eléctricos y de agua potable inadecuados, lo que –sumado a maestros deseosos de trabajo pero con poca experiencia, reducido equipamiento didáctico para enfrentar la pluriclase, las necesidades educativas especiales del niño rural– hace afirmar que la labor se desarrolla en una situación de alto riesgo – con alto costos.

   Es por eso que, a pesar de los esfuerzos, pienso que la escuela rural tiene serias dificultades para dar respuesta a las demandas educativas del niño y las familias, que se evidencian en:

  • niños con restringida apropiación y uso del conocimiento;
  • dificultoso acceso a las nuevas tecnologías;
  • inapropiada formación ciudadana en lo que tiene que ver con las construcción de valores y la participación responsable;
  • familias que envían a sus hijos a la escuela pero saben de la posterior falta de oportunidades, lo que genera bajas expectativas en los aprendizajes; aspectos que resienten la competencia técnica, y el valor instrumental y formativo de la educación.

   Las preguntas son las de siempre. ¿A qué se debe esta situación? ¿Cómo podemos modificarla? ¿Qué estrategias utilizar?... Sostenemos que ningún cambio es posible si no está comprendido en un enfoque de Políticas Sociales, acorde al Programa Nacional, promoviendo redes consistentes y diferenciadas, concretando esa tan mencionada atención a la diversidad. En la construcción de estructuras institucionales con capacidad de cambio de sus integrantes, con pautas de trabajo inspirada en criterios actualizados, unificadores, con colectivos escolares profesionalmente formados, críticos – afectivos – creativos, con visión clara de la especificad de la escuela, concientes de que se deben centrar las acciones en los aprendizajes de los niños, en el avance y uso del conocimiento, en la formación ciudadana, en la construcción de sólidos valores acordes al sistema político actual y sensibles a la naturaleza humana. Alfabetizar y no es una mera transmisión de conocimientos. Requiere, pues, la atención integrada de los valores instrumentales, sociales y formativos, como un todo. Los docentes, inagotable capital humano que posee el CEP, además de nobles intenciones, de permanentes esfuerzos y de la abnegada vocación de servicio, necesitan apoyos para una labor eficiente y eficaz.

  • Capacitación y actualización específica, contextualizada y focalizada.
  • Apoyo tecnológico–científico.
  • Trabajo colaborativo entre docentes y con técnicos.
  • Orientación técnica para el trabajo con la familia rural.
  • Creatividad para flexibilizar las estructuras escolares y el currículo.
  • Percepción de que las estrategias válidas se producen desde y con el colectivo escolar, en una comprensión de la misión de la escuela, y con una urgente redefinición de roles y funciones.

   Agustín Ferreiro sostenía que los verdaderos cambios educativos requieren la atención a las necesidades sociales, la organización escolar debe ser adecuada y equilibrar lo institucional, lo curricular, lo profesional, lo social. Así, entiendo que solo nos aproximaremos a lo deseado, efectivizando análisis compartidos, reflexiones conjuntas, revisión de prácticas de enseñanza, discusión de la visión y misión de la Escuela Rural. En el compromiso compartido, en la búsqueda de propuestas ajustadas, ofreciendo respuestas diferentes a contextos diferentes para brindar igualdad de oportunidades. Para nada esto significa que condicionemos el servicio educativo al medio, entendemos que se debe educar en un contexto global – planetario, pero los puntos de partida deben ser identificados, y de ahí comenzar la intervención.

   Si, está claro: la escuela rural ha sido la gran olvidada; debe ser atendida en sus necesidades básicas, siempre con el convencimiento de que las acciones efectivas son las que se ofrecen desde los colectivos escolares, asumiendo los compromisos, reflexionando permanentemente, actuando con optimismo y con la seguridad de que en el trabajo conjunto escuela – comunidad es donde se deben dar los cambios necesarios, renovadores y esperados por y para una población descreída de las posibilidades de crecimiento. El desafío queda planteado, es impostergable encontrar los mecanismos, instrumentar los procedimientos y delinearlos, ¿cómo?...

(*) Maestro. Inspector de Zona de Tacuarembó
Publicado en QUEHACER EDUCATIVO – Nº 70